sábado, 30 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Si no hay justicia para el pueblo…

Por José Rafael Moya Saavedra

 

Algunos le atribuyen la frase a Zapata, otros a Flores Magón. Da igual. Lo cierto es que “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno” se ha convertido en la consigna más peligrosa que un régimen puede escuchar. No es un lema decorativo: es advertencia y sentencia.

El mensaje es directo: ningún gobierno puede aspirar a estabilidad mientras el pueblo viva en injusticia. No hay gobernabilidad posible con hambre, corrupción, impunidad y desigualdad. La paz social no se decreta desde un escritorio; se construye en la calle, en el campo, en la vida diaria de millones de mexicanos que hoy se sienten traicionados y desprotegidos.

La historia mexicana está llena de episodios que confirman esta máxima. Díaz creyó tener todo bajo control hasta que los magonistas, los obreros y los campesinos le recordaron que sin justicia no hay paz. Huerta pensó que los cañones bastaban, pero fue arrasado por la furia popular. Y cada gobierno que ha menospreciado la consigna ha terminado enfrentando la consecuencia: un pueblo bronco, decidido a hacerse escuchar con o sin cauces institucionales.

Hoy, en pleno 2025, la frase vuelve a resonar con fuerza. Los linchamientos en Puebla y Oaxaca, las protestas violentas en la Ciudad de México, los bloqueos comunitarios en Guerrero o Michoacán no son hechos aislados. Son expresiones del mismo principio: cuando la justicia no llega, la paz del gobierno se rompe. Y si además el Senado se convierte en ring de golpes celebrado en redes, la metáfora se vuelve todavía más clara: lo bronco no es pasado, es presente.

El EZLN supo recoger ese legado en 1994 y darle nuevas palabras. “Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece.” O su versión más corta: “El pueblo manda y el gobierno obedece.” La consigna zapatista radicalizó la idea: el poder no es dueño del pueblo, debe obedecerlo. Otro principio clave fue “Mandar obedeciendo”, que sintetiza la democracia participativa más radical: quien gobierna no impone, ejecuta la voluntad colectiva. Y el grito de guerra “¡Ya basta!” condensó lo mismo que Zapata había dicho ochenta años antes: sin justicia, no habrá paz ni sumisión.

Estas frases no son reliquias, son recordatorios vivos de que la paciencia popular tiene límites. Son parte del mismo hilo histórico que une a Magón, Zapata, el EZLN y las luchas sociales actuales. Todas expresan la misma advertencia: la estabilidad política es humo si no descansa sobre justicia real.

El problema es que quienes gobiernan parecen no entender el peso de esa advertencia. Confunden paz con control, y justicia con discurso. Hablan de cifras mientras la gente habla de miedo. Prometen estabilidad mientras las comunidades organizan linchamientos. Y así, el vacío se ensancha: las instituciones se hunden, y lo que sube es la convicción de que al gobierno no le toca tranquilidad si al pueblo no le toca justicia.

La consigna zapatista no envejeció: se multiplicó. Hoy circula en pancartas, en memes, en marchas, en declaraciones radicales. Y mantiene su filo porque toca el nervio central de cualquier democracia: la legitimidad. Sin justicia, la autoridad pierde rostro y el gobierno pierde piso.

La frase es clara y cortante. No hay matices ni adornos. Es el eco de una verdad incómoda: un país no se gobierna con paz artificial, sino con justicia real.

Y la advertencia final está escrita en la memoria colectiva: cuando el pueblo grita Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno”, acompañado de “¡Ya basta!” o “Mandar obedeciendo, lo que sigue no es negociación… es historia.

 

viernes, 29 de agosto de 2025

 



OTRA PERSPECTIVA

El México bronco despierta

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

 

Jesús Reyes Heroles lo advirtió hace décadas: “Hay un México bronco que debemos evitar que despierte”. Hoy esa metáfora suena más vigente que nunca.

México está al borde de un desbordamiento. La violencia no es ya un dato estadístico, sino una experiencia cotidiana. En el primer semestre de 2025 se registraron 112 asesinatos políticos: amenazas, secuestros, atentados. El crimen organizado sigue disputando territorios en Sinaloa, Baja California, Guerrero y Veracruz, y millones de mexicanos viven con el miedo instalado en sus calles. No importa que las cifras oficiales hablen de una supuesta baja en homicidios: seis de cada diez ciudadanos sienten que su ciudad es insegura. Y la percepción pesa más que cualquier informe.

El México bronco no se alimenta únicamente de la violencia criminal, sino de la rabia social acumulada. Son comunidades que, cansadas de esperar soluciones, reaccionan con linchamientos, bloqueos, protestas radicales o justicia comunitaria. En pueblos, colonias populares y barrios urbanos se gesta un enojo que no responde a cárteles, sino a la frustración colectiva ante instituciones que no protegen ni cumplen. Esa dimensión social es la que convierte lo bronco en un fenómeno cíclico: un pueblo que se organiza y responde con rudeza cuando siente que lo han dejado solo.

A esto se suma una polarización política creciente. El país vive en una confrontación permanente, donde oficialismo y oposición se insultan más de lo que dialogan. La crispación no solo se da en mítines o en redes sociales: ya llegó al Senado, donde el pleito entre Alito Moreno y Gerardo Fernández Noroña se convirtió en espectáculo viral, con memes, corridos y aplausos digitales que celebraron la bronca física como si fuera una gesta. Cuando una nación comienza a aplaudir la confrontación como virtud, estamos frente a un síntoma preocupante.

Pero el verdadero peligro está en la desconfianza institucional. Casi el 70% de los mexicanos cree que la inseguridad seguirá igual o empeorará. El crimen organizado se infiltra en gobiernos municipales, la justicia no responde y la impunidad se normaliza. Ante ese vacío, resurgen las viejas prácticas: linchamientos en Puebla y Oaxaca, autodefensas en Michoacán, bloqueos que incendian oficinas municipales o saqueos en protestas urbanas. Eso es, justamente, el México bronco: el pueblo tomando la justicia en sus manos porque el Estado no lo hace.

La historia nos recuerda que cada vez que ese México bronco despierta, lo hace con fuerza devastadora: en la Independencia arrasó ciudades enteras; en la Revolución puso de rodillas al viejo régimen. Hoy no se trata de machetes y caballos, sino de linchamientos, protestas radicales y viralizaciones en redes. Pero la lógica es la misma: cuando las instituciones no cumplen, el pueblo se vuelve juez, jurado y verdugo.

El riesgo es claro. Lo bronco no se controla una vez desatado. Se alimenta de la rabia acumulada, de la impunidad, de la desigualdad. Y cuando despierta, arrastra todo a su paso: gobiernos, partidos, leyes, autoridades.

La advertencia está ahí. México no necesita más discursos triunfalistas ni pleitos en el Congreso convertidos en circo digital. Lo que urge es devolver la confianza en la justicia, reconstruir instituciones y ofrecer un horizonte de legalidad real. Porque si no lo hacemos, será el México bronco —ese México indómito que duerme en las entrañas del pueblo— el que decida el rumbo, y cuando eso pasa, la historia nos dice que las consecuencias suelen ser irreversibles.

 

miércoles, 27 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Los detectives perdidos: eco y herida del infrarrealismo

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

 

Cómo suena un poema infra

Antes de hablar del infrarrealismo como generación, conviene escuchar sus voces:

Mario Santiago Papasquiaro (Callejón sin salida):

Callejón sin salida / ayúdanos
a ensanchar nuestros destinos
tú tan ninguneado
cueva / desierto / metrópoli filosa...

 Fragmentario, torrencial, mezcla de lo urbano y lo surreal.

Roberto Bolaño (Mi vida en los tubos de supervivencia):

Escribo: meo: cojo: resumo: bailo con ratas
no hay muerte
no hay calma...

Brutal, corporal, nihilista. La vida hecha verso.

Rubén Medina (Versos dispersos):

I am in all the places
I want to be
mi cuerpo es un país sin fronteras
aquí y aquí...

Bilingüe, nómada, vital. La poesía como movimiento.

De ahí la consigna

Hace casi cincuenta años, un grupo de jóvenes poetas mexicanos —la generación infrarrealista, conocidos como los infras— se atrevió a romper la solemnidad del canon literario. No pedían becas, no esperaban jurados, no buscaban reconocimiento oficial.

Lanzaron un grito que todavía suena provocador: Nuestro deber es volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial”.

Casa del Lago UNAM

Jueves 28 de agosto 18:00 | Sala Rosario Castellanos

Poetas infras, no detectives salvajes.

Un encuentro para explorar la poesía infrarrealista desde su palabra viva hasta su huella impresa.

Participan: Ximena Cobos, Zindy Rodríguez, Jorge Aguilera, Raúl Silva, Virgilio Torres y Pita Ochoa H (MX)

 

lunes, 25 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Cuando los slogans se caen: consumo, política y la verdad detrás de las promesas

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

 

Sears no te entiende.
Liverpool nunca fue parte de tu vida.
Salvo no te salva.
Coca Cola jamás fue la chispa de la vida.
Ser totalmente Palacio termina en deuda.
Telcel está lejos de ser tu amigo.
Y Morena no es la esperanza de México.

Estas frases, tomadas de los slogans que la publicidad instaló en nuestra memoria colectiva, muestran la distancia entre la promesa y la realidad. Durante años crecimos escuchando que una tienda departamental podía entendernos, que un refresco tenía el poder de encender la vida o que una compañía telefónica se presentaba como un “amigo”. Nada más lejos de la experiencia cotidiana: créditos impagables, tarifas elevadas, bebidas que dañan la salud y servicios que fallan justo cuando más se necesitan.

La política entendió pronto la lección. Adoptó las mismas técnicas de la mercadotecnia: simplificar el mensaje en una frase corta, repetible y emocional. Morena lo hizo con una contundencia publicitaria: “La esperanza de México”. Y funcionó. El slogan se convirtió en bandera de campaña, en mantra de plaza pública, en pegote emocional para millones. Pero igual que con la publicidad, cuando el producto no cumple, la decepción es mayor.

Los slogans son cómodos porque apelan a la emoción inmediata. Repetir “Primero los pobres” no resuelve la pobreza; invocar “abrazos, no balazos” no detiene la violencia; hablar de “austeridad republicana” no borra la corrupción. En el terreno político, las palabras sin hechos se convierten en espejismos que terminan desgastando la confianza social.

Lo que se demuestra con claridad es que ni las tiendas son familia, ni las telefónicas son amigos, ni los refrescos son chispa, ni un partido político puede monopolizar la esperanza de una nación. La publicidad engaña cuando se presenta como verdad, pero la política miente cuando se convierte en publicidad. Y esa diferencia es peligrosa.

En tiempos donde el marketing domina la vida pública, conviene recordar que la esperanza de México no puede reducirse a un slogan. La verdadera esperanza solo se construye con justicia, resultados y verdad

 

domingo, 24 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA: PORQUE LA LITERATURA TAMBIÉN ES RESISTENCIA

Distopías en clave infra: la ciudad como herida apocalíptica

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

1. La chica desaparecida

Una chica desaparece en circunstancias misteriosas:
otra
chica desaparece y luego
otra
y otra y otra y otra y otra: no
hay motivos de alarma, explica
el jefe de la policía: según estadísticas,
es normal que en México algunas chicas
desaparezcan.

Los versos de Luis Felipe Fabre golpean con brutalidad. La desaparición, asumida como rutina estadística, se vuelve paisaje normalizado. La ciudad aparece como un territorio apocalíptico, donde lo excepcional ya no alarma, sino que se administra como parte de la burocracia del horror.

2. La ciudad distópica

Los poetas infrarrealistas anticiparon este tono. Desde Mario Santiago Papasquiaro con su Callejón sin salida hasta Bolaño con sus poemas urbanos, la ciudad fue retratada como un espacio descompuesto, marginal, sin lógica aparente. No necesitaban inventar ciencia ficción: bastaba mirar el caos político, social y cultural de los setenta tras Tlatelolco y el desgaste del PRI.

        Su estilo fragmentario y caótico –mezclando lo sublime con lo grotesco, lo sexual con lo sagrado– ya era una forma de distopía poética. No era futuro inventado: era presente roto.

3. La ética de los perros

En Perros habitados por las voces del desierto, Rubén Medina insiste en que los infra no buscaban “parcelas de poder” sino una ética distinta: antagonismo vital, tribu, provocación y el rechazo a la institucionalización de la poesía. Ese gesto de vivir en los márgenes fue también una manera de señalar la ciudad como espacio de colapso.

La distopía infra no es escenario futurista: es el barrio nocturno, el café de madrugada, el parque donde la violencia acecha. Es la convicción de que la academia, las instituciones y la cultura oficial no son refugio, sino otro brazo del apocalipsis.

4. El apocalipsis cotidiano

Roberto Bolaño lo llevó a escala narrativa en 2666: Santa Teresa, reflejo de Ciudad Juárez, convertida en epicentro de feminicidios y tedio existencial. Una ciudad donde la violencia y el fin del mundo conviven como rutina.

Fabre, con su poema de las chicas desaparecidas, no hace sino actualizar esa herida: hoy lo apocalíptico no es el meteorito ni la bomba nuclear, sino la desaparición cotidiana, el cinismo de la estadística, la ciudad convertida en fosa.

5. Distopías sin ficción

        El infrarrealismo nunca escribió distopías clásicas, pero dejó un mapa distópico en fragmentos:

  • Papasquiaro bailando con ratas en Devoción Cherokee.
  • Bolaño conversando con un maniquí en el metro.
  • Poetas que escriben entre cadáveres, autos quemados, jaulas de palabras.

En todos ellos, la ciudad aparece como escenario donde el apocalipsis ya sucedió, solo que disfrazado de normalidad.

 Y aquí la pregunta final, provocadora y urgente:
¿Quién escribe hoy la distopía de la ciudad mexicana?
¿Los poetas infra que aún resisten en los márgenes, o todos nosotros, testigos mudos de la desaparición cotidiana?

sábado, 23 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA: IGUAL EN LA CALLE, PEOR EN LA CULTURA OFICIAL.

Los detectives perdidos: eco y herida del infrarrealismo

Volándole la tapa de los sesos a la cultura oficial

Hace casi cincuenta años, un grupo de jóvenes poetas mexicanos —la generación infrarrealista, conocidos como los infras se atrevió a romper la solemnidad del canon literario. No pedían becas, no esperaban jurados, no buscaban reconocimiento oficial.

Lanzaron un grito que todavía suena provocador: “Nuestro deber es volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial”.

No era un llamado a la violencia, sino una consigna vital: dinamitar la cultura domesticada, escapar del confort académico, vivir la poesía como experiencia radical. Nacía así el infrarrealismo, esa tribu de “poetas-perros” que eligió la intemperie como patria y la marginalidad como bandera.

Contexto histórico

El infrarrealismo surgió en México en 1975, en medio del desencanto político y cultural de una generación herida. La masacre de Tlatelolco en 1968 y el Halconazo de 1971 habían mostrado el rostro autoritario del régimen del PRI. En paralelo, la hegemonía cultural de Octavio Paz y su grupo representaba una institucionalización de la poesía: premios, academias y revistas que definían qué voces merecían ser reconocidas y cuáles serían condenadas al margen.

En ese contexto, los infrarrealistas irrumpieron como una generación de ruptura. Su apuesta no fue solo literaria, sino existencial y política: negar la solemnidad de la cultura oficial, rechazar la domesticación académica y hacer de la poesía un territorio de vida radical.

Perros habitados

Rubén Medina lo plantea en la introducción de Perros habitados por las voces del desierto con palabras muy cercanas a esto:

A los poetas-perros no los mueve la búsqueda de status social, la comodidad sedentaria y consumista, hacer solamente la obra literaria ni la práctica recurrente de crear parcelas de poder en el mundo de la literatura o de otras instituciones de la cultura.”

“De ahí se desprenden cuatro pilares de la ética infrarrealista: 

  • Antagonismo vital: la confrontación permanente con lo establecido.
  • Fraternidad tribal: saberse parte de una jauría, una manada.
  • Placer y provocación: la escritura como juego y desafío.
  • No institucionalizar la poesía: evitar que se convierta en oficio domesticado.

No sorprende que la antología incomode: su lenguaje callejero, sus mexicanismos del lumpen, sus tensiones internas (la exclusión de José Vicente Anaya, la inclusión de Rosas Ribeyro) exhiben que la tribu nunca buscó armonía académica, sino resistencia viva.

Los detectives perdidos

Bolaño: Tu poema abre otra grieta:

Los detectives perdidos en la ciudad oscura.
Oí sus gemidos.
Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud.
Una voz que avanza como una flecha.
Sombra de cafés y parques frecuentados en la adolescencia.
Los detectives que observan sus manos abiertas,
el destino manchado con la propia sangre.
Y tú no puedes ni siquiera recordar
en dónde estuvo la herida,
los rostros que una vez amaste,
la mujer que te salvó la vida.

Si Bolaño habló de detectives salvajes, hoy son detectives perdidos: extraviados en una ciudad que absorbe la rebeldía más rápido que los jurados de los setenta.

Igual que en los setenta, peor en la trampa digital

·       Igual: porque la marginalidad sigue siendo territorio de resistencia; las calles, los cafés, los parques todavía guardan voces jóvenes que buscan escribir contra la norma.

·       Peor: porque ahora la domesticación es más sutil. La poesía se mide en likes, festivales, visibilidad digital, en becas que institucionalizan la rebeldía. La herida se esconde tan profundo que ya ni recordamos “dónde estuvo”.

La provocación vigente

Hoy, el eco de esa frase sigue vigente. Porque seguimos viendo cómo se administran los premios como cuotas de poder, cómo se imponen narrativas únicas desde instituciones que temen la disidencia y cómo se domestica la crítica con presupuestos y subvenciones.

La provocación infrarrealista nos recuerda algo esencial: el arte que incomoda, que desafía y que rompe protocolos no cabe en las oficinas ni en las estadísticas oficiales. Vive en la calle, en las voces que no piden permiso, en los márgenes donde hierve la verdadera creación.

              Y es que la cultura oficial se defiende; la poesía, en cambio, siempre se fuga.

miércoles, 20 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

 Chip biométrico: cuando la seguridad se vuelve intrusiva

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

El salto de la biometría tradicional al cuerpo humano

El chip biométrico es un dispositivo diseñado para almacenar y procesar datos de identidad: huellas digitales, rostro, iris, voz e incluso información genética. Se encuentra en tarjetas, pasaportes electrónicos y credenciales de identificación.

Pero en su versión más polémica —los implantes bajo la piel— deja de ser solo un medio de verificación para convertirse en un mecanismo de control permanente.

Un pasaporte que se abre solo al ponerlo en la máquina. Una tarjeta que reconoce tu huella en segundos. Una oficina donde el acceso ya no depende de llaves, ni de tarjetas, sino de un chip insertado bajo la piel.

El chip biométrico es, en apariencia, la evolución natural de lo que ya usamos a diario: huellas digitales, Face ID, iris, voz. Una promesa de seguridad y comodidad. Nada de contraseñas que se olvidan, nada de claves que se roban. Solo tú puedes abrir lo que es tuyo.

Hasta aquí, suena bien.

Pero la historia cambia cuando ese chip deja de estar en un pasaporte o en una tarjeta… y pasa a formar parte de tu cuerpo.

En Suecia y Estados Unidos ya hay empleados con chips implantados en la mano para ingresar a oficinas o activar computadoras. En China y Brasil, algunos colegios han probado uniformes con chips biométricos para vigilar asistencia y salidas de los estudiantes. Y en Europa se han documentado casos en que fallas en los pasaportes con chip provocaron detenciones injustas en aeropuertos.

El debate no es si funciona —porque funciona— sino hasta dónde estamos dispuestos a dejar que la tecnología nos acompañe, nos identifique, nos rastree.

La biometría, cuando está en tu teléfono o en tu pasaporte, es una herramienta de control práctico. Pero cuando se implanta bajo la piel se vuelve algo más: un mecanismo intrusivo, que cambia la relación entre la persona y el sistema que lo gestiona.

Las ventajas son innegables: seguridad más sólida, reducción de fraudes, rapidez en fronteras o bancos. Pero los riesgos también son profundos: ¿qué pasa si se hackea esa información? Una contraseña se cambia; una huella digital, no. ¿Qué ocurre cuando el control de tu identidad ya no lo tienes tú, sino el sistema que administra tu chip?

Y hay un punto más delicado: la libertad. ¿Qué tan “voluntario” puede ser un implante cuando una empresa lo ofrece a sus trabajadores o cuando un gobierno lo promueve como requisito para el acceso a servicios?

El chip biométrico, más que un avance técnico, abre un dilema ético. Es la línea difusa entre seguridad y control, entre comodidad y vigilancia.

Al final, la pregunta no es si la tecnología es buena o mala, sino si sabremos poner límites claros antes de que esos chips se normalicen sin que nadie lo cuestione.

Porque quizá el verdadero riesgo no está en el dispositivo… sino en la prisa con que lo aceptemos.

 

 

OTRA PERSPECTIVA

Tu rostro ya no es tuyo: la trampa de Face ID

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

Face ID se nos vendió como el futuro de la seguridad: basta una mirada para acceder al mundo digital. Es práctico, elegante, casi mágico. Pero en esa comodidad puede estar la trampa.

1. Lo que no te dicen

Apple afirma que los datos de tu rostro nunca salen del teléfono, que permanecen en un chip cifrado. Eso suena tranquilizador. Sin embargo, la historia de la tecnología demuestra que lo “seguro hoy” puede ser lo “vulnerado mañana”. ¿Quién garantiza que en una década esos registros no se usen de formas que hoy consideramos inaceptables?

En algunos países, el reconocimiento facial ya se emplea para controlar multitudes, identificar disidentes o rastrear a ciudadanos sin consentimiento. ¿De verdad creemos que esas prácticas nunca llegarán a nuestro entorno?

2. Una seguridad relativa

Face ID es seguro contra la mayoría de fraudes, pero no es infalible. Casos documentados muestran que gemelos idénticos han desbloqueado dispositivos ajenos. En condiciones controladas, se han creado máscaras 3D capaces de engañar al sistema. Y, más preocupante aún: alguien puede obligarte a poner tu cara frente al teléfono. Una clave escrita se resiste; tu rostro dormido no.

3. El consentimiento aparente

Se nos dice que Face ID requiere nuestro permiso. Pero, ¿qué tan “libre” es ese consentimiento cuando dependemos del teléfono para trabajar, pagar, comunicarnos y movernos? Al aceptar sin leer las condiciones, cedemos más de lo que creemos. Y en la práctica, ¿quién tiene el control si basta con acercar el dispositivo a tu cara para desbloquearlo?

4. La normalización silenciosa

Ese es quizá el punto más inquietante: Face ID no es solo una función del iPhone, es un ensayo cultural. Cada vez que usamos el rostro como llave, reforzamos la idea de que entregar datos biométricos es natural, cotidiano, inevitable. Así, cuando el gobierno o una empresa implementen sistemas de reconocimiento facial en el transporte, en estadios, en calles o bancos, ya no habrá resistencia: “si lo uso en mi celular, ¿por qué no aquí también?”.

5. Consecuencias a largo plazo

  • Tus datos son únicos e irreversibles. Una contraseña robada se cambia; un rostro filtrado, no.
  • La frontera entre seguridad y vigilancia se difumina. Lo que hoy es desbloquear un iPhone, mañana puede ser rastrear tu vida en tiempo real.
  • La industria ya mira más allá. Aseguradoras, bancos, aerolíneas y hasta comercios estudian usar tu cara no solo para identificarte, sino para analizar tus emociones o hábitos de consumo.

6. Tips para no caer del todo en la trampa

  1. Activa siempre la opción de requerir atención ocular (Face ID no funciona si no miras la pantalla).
  2. Mantén contraseñas fuertes como respaldo. No dependas solo del rostro.
  3. Usa autenticación de dos factores para servicios sensibles.
  4. Piensa dos veces antes de aceptar reconocimiento facial fuera de tu dispositivo. El paso del celular a lo público es el verdadero salto.
  5. Infórmate y cuestiona. El problema no es la tecnología, sino el poder que damos sin darnos cuenta.

Conclusión

Face ID funciona. Es práctico y hasta fascinante. Pero el riesgo no está en que falle, sino en que nos acostumbre a entregar lo más íntimo de nuestra identidad como si nada. El día que el rostro sea la llave de todo, ya no podremos recuperarlo como propio.

La pregunta no es si desbloquea bien tu teléfono, sino qué mundo estamos construyendo al normalizar que tu cara deje de ser tuya.


Perspectiva dos reflexiones que tocan de manera indirecta este tema:

Distopías Mexicanas III: CURP Biométrica y la Distopía Codificada

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/07/otra-perspectiva-distopias-mexicanas.html

Ficción Distópica y Realidad Programada II: Resistencias Digitales y Horizontes Éticos

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/07/otra-perspectiva-ficcion-distopica-y_27.html

 

OTRA PERSPECTIVA 

INVITADO  

BUENOS DÍAS

Jose Orlando Carrillo Sosa

Dice un dicho popular: "nadie sabe para quién trabaja". Y es verdad.

Diario nos levantamos y hacemos un esfuerzo físico y también intelectual.

Somos productivos y generamos valor económico. Una parte importante se nos quita por los impuestos: IVA al comprar, IETU al cargar gasolina, ISR al trabajar formalmente por nuestra cuenta o en una empresa o gobierno... etc., etc.

Todos le damos al gobierno nuestro dinero para que hagan una acumulación y lo gasten. 💰

        Pero si gastan más de lo que recaudan y gastan mal, la pérdida es para nosotros. Eso es lo que hoy me gustaría compartir:

        Al endeudarse el costo es para todos. Un gobierno entonces se endeuda porque busca compensar sus faltantes.

¿Cuál es el problema? ¡La irresponsabilidad, el abuso y el tomar decisiones injustas

        ¿Qué es injusto? Por ejemplo: saber que los recursos son escasos y hacer recortes en hospitales, medicamentos, tratamientos, aparatos que deben renovarse en todo el sistema de salud, y en su lugar gastar excesivamente en obras que no son urgentes como el famoso Tren Maya, que ha costado miles de millones y sólo servirá para élites. Además, sin que nos INFORMEN🧐 cómo lo están gastando aparte de favorecer a los hijos de López Obrador a través de su esquema de prestanombres.

        Una vez hecho esto, ¿qué sigue? Pues aquí no se acabó la historia porque lo que sigue es que AUMENTÓ la deuda que tenemos que pagar. 💸

        La "partecita" de esa gran deuda que tenemos que pagar cada año, y digo partecita, pero en realidad es un dineral, es el COSTO FINANCIERO DE LA DEUDA que abarca intereses, comisiones y amortizaciones.

        Cada año no se paga la deuda total sino los intereses. Ese es el problema porque cada año crece esa "partecita', y esa cantidad EQUIVALE a la partezota que se nos quita en Seguridad, Salud y servicios urbanos como la infraestructura subterránea que necesitan las ciudades para que no les pase lo que hemos visto en estos días de lluvias e inundaciones.

Arriba, en la imagen, está la cantidad de esa "partecita".

 700,000,000,000 de pesos.

 ¡Es un escándalo!

Es exactamente la misma cantidad que NO SE DESTINA a lo que realmente necesitan las personas. Ese es lo que llaman "espacio fiscal".

El derecho a la información es un derecho humano.

jueves, 14 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Censura cruzada y guerras narrativas: el conflicto Israel–Gaza bajo el prisma informativo

Opinión de José Rafael Moya Saavedra

Introducción: la guerra detrás del relato

En Gaza, la batalla no se libra solo con drones y misiles, sino con titulares, encuadres y hashtags. La capacidad de Israel para imponer su versión en medios internacionales —especialmente occidentales— es una de las armas más eficaces de su estrategia de guerra. Y, como toda narrativa hegemónica, no solo informa: también legitima, normaliza y encubre.

I. El armazón narrativo pro-Israel

  • Autodefensa como dogma: Toda operación militar se enmarca como “respuesta” a una amenaza, sin importar su magnitud o consecuencias sobre la población civil.
  • Victimización histórica: La evocación constante del Holocausto y de la amenaza existencial refuerza la percepción de vulnerabilidad y el derecho a actuar de forma preventiva o punitiva.
  • Eufemismos que suavizan la violencia: Expresiones como “daños colaterales” o “operación quirúrgica” desplazan la responsabilidad de las muertes civiles.
  • Binarios morales: Democracia vs. terrorismo; civilización vs. barbarie.

II. El silenciamiento y la deslegitimación de las voces palestinas

La narrativa dominante no solo amplifica la voz israelí: minimiza y distorsiona la palestina. Víctimas civiles —incluidos niños, periodistas, trabajadores de la ONU y ONG— son presentadas como escudos humanos o cifras dudosas. Así, la empatía y la indignación se diluyen, y con ellas, la presión internacional.

III. La criminalización sistemática de periodistas palestinos

En Gaza, la eliminación física y simbólica de la prensa local es parte central de la estrategia narrativa. Israel justifica públicamente la muerte de periodistas palestinos —como Anas al-Sharif y otros reporteros de Al Jazeera— acusándolos de colaborar con Hamás o de integrar “células terroristas”. Esta acusación se repite tanto en medios oficiales como en redes sociales, acompañada de supuestas “pruebas” cuya autenticidad no ha podido ser verificada por organismos independientes.

El mensaje es claro: una placa de prensa no es un escudo para el terrorismo. Con ello, el periodista deja de ser testigo protegido por el derecho internacional y pasa a ser objetivo militar según la narrativa israelí.

El patrón incluye:

  • Campañas de desprestigio en redes y medios oficiales, acusando a periodistas palestinos de fabricar propaganda o distorsionar la realidad humanitaria en Gaza.
  • Negación de intencionalidad, atribuyendo las muertes a la proximidad con combatientes o a “errores operativos” inevitables, pese a que en varios casos hubo señalamientos públicos días antes de los ataques.
  • Bloqueo informativo, al impedir la entrada de prensa internacional y dejar a reporteros locales como única fuente de información en el terreno. Su eliminación provoca un apagón informativo y consolida la narrativa oficial.

Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, la Federación Internacional de Periodistas y el Comité para la Protección de los Periodistas denuncian que esta táctica vulnera gravemente el derecho a la información y constituye un ataque deliberado contra testigos incómodos de posibles crímenes de guerra. La ONU ha advertido que este patrón es sin precedentes en la historia reciente del conflicto y podría encajar en la definición de persecución sistemática contra un grupo profesional.

IV. La cobertura internacional: un marco desigual

  • En medios como CNN, BBC o The Times, los bombardeos israelíes sobre Gaza suelen presentarse como “operaciones defensivas” mientras las denuncias de la ONU o de organizaciones humanitarias pasan a segundo plano.
  • Los organismos internacionales que denuncian patrones de ataques a civiles enfrentan la contra-narrativa de que se trata de “errores trágicos” en un entorno complejo, lo que perpetúa la impunidad.

V. El efecto de esta narrativa

  1. Legitimación diplomática: Respaldo político y militar de aliados clave.
  2. Impunidad judicial: Obstaculiza investigaciones por crímenes de guerra.
  3. Moldeamiento de la opinión pública global: En el Norte Global, refuerza la simpatía por Israel y desactiva la solidaridad con Palestina.
  4. Desmovilización social: La repetición constante de marcos binarios y eufemismos erosiona la capacidad crítica y la exigencia de rendición de cuentas.

VI. Voces disidentes y grietas en el relato

  • Medios como Al Jazeera, Middle East Eye o Democracy Now!, y plataformas digitales han abierto grietas, visibilizando el costo humano en Gaza.
  • Movimientos juveniles y redes decoloniales han comenzado a cuestionar el relato único, enmarcando el conflicto como una cuestión de derechos humanos y justicia internacional.

VII. Lo que está en juego

La narrativa hegemónica no solo condiciona cómo se entiende el conflicto Israel–Gaza: condiciona las políticas que lo perpetúan.
Nombrar los patrones, identificar los eufemismos y amplificar las voces silenciadas no es un ejercicio académico: es una urgencia ética. Porque sin pluralidad informativa, no hay verdad; y sin verdad, no habrá paz.

 

SERIE DE NARRATIVAS HEGEMÓNICAS

1.- Narrativas hegemónicas y censura informativa: el dilema mediático entre Occidente y los medios no alineados

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/06/otra-perspectiva-narrativas-hegemonicas.html

2.- Censura cruzada y guerras narrativas: el conflicto Irán–Israel bajo el prisma informativo

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/06/otra-perspectiva-censura-cruzada-y.html

3.- Armas nucleares y doble rasero: el blindaje narrativo de Occidente en los medios internacionales

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/06/otra-perspectiva-armas-nucleares-y.html

 4.- “El país de la prensa libre”: narrativas hegemónicas y censura en la democracia estadounidense

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/06/otra-perspectiva-el-pais-de-la-prensa.html

5.- La trastienda del relato: agencias de noticias, poder informativo y construcción de la narrativa hegemónica global

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/06/otra-perspectiva-la-trastienda-del.html

6.- Las narrativas hegemónicas en México: De las mañaneras de AMLO a la hegemonía discursiva de Claudia Sheinbaum

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/06/otra-perspectiva-las-narrativas.html

 

OTRA PERSPECTIVA

Matar sin Tocarlos II: El Exterminio que Marcha en Silencio

Opinión de José Rafael Moya Saavedra

En México, matar no siempre implica disparos ni fosas clandestinas. A veces basta una receta vacía, un almacén con estantes desnudos o un sello de “agotado” en la ventanilla de un hospital público. Y, cuando la víctima es un niño con cáncer, la omisión duele dos veces: por la vida que se apaga y por el país que lo permitió.

Hoy, la crónica de este exterminio silencioso tiene un rostro concreto: el desabasto persistente de medicamentos oncológicos desde 2018 y una nueva marcha nacional encabezada por la organización Nariz Roja los pasados 10 y 11 de agosto. Familias, pacientes y activistas salieron a las calles en al menos 12 estados, exigiendo lo que debería ser incuestionable: el derecho a recibir tratamientos que pueden salvar la vida. Lo hicieron con peluches en las manos y con la voz firme para decir: “Nos están matando”.

Cifras que acusan

Desde que la compra de medicamentos se centralizó en 2019, el abasto de fármacos oncológicos —Metrotexato, Ciclofosfamida, Trastuzumab y más de treinta claves esenciales— ha sufrido interrupciones crónicas. Entre 2018 y 2025, entre 1,600 y hasta 3,000 niños habrían muerto por no recibir sus tratamientos a tiempo, según estimaciones de colectivos y legisladores. No son cifras frías: son camas vacías en oncología pediátrica, son sillas de quimioterapia sin ocupante.

La tasa de sobrevida infantil que rondaba el 80% cayó a cerca del 52%. Y aunque el gobierno prometió que en julio o agosto de 2025 el abasto estaría resuelto, hospitales en varios estados siguen reportando faltantes. En el mercado negro, mientras tanto, una ampolleta puede costar el doble o triple del salario mensual de una familia trabajadora.

 

 La omisión como política de Estado

En junio de 2021 ya se hablaba de 1,600 menores fallecidos por esta causa. Cuatro años después, el patrón no ha cambiado. El desabasto no es accidente: es la consecuencia de decisiones administrativas fallidas, licitaciones opacas y promesas incumplidas. Si el Estatuto de Roma reconoce como crimen de lesa humanidad la “privación del acceso a medicinas con el fin de destruir parte de la población”, entonces México está frente a un espejo incómodo.

Aquí no hay encapuchados ni camionetas sin placas. Hay despachos oficiales que firman oficios, hay almacenes cerrados, hay conferencias de prensa donde se minimiza la protesta ciudadana. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum acusó a la marcha de Nariz Roja de tener “fines políticos”, no hizo sino confirmar la distancia entre el poder y el dolor real de las familias.

La memoria que no se rinde

La movilización de Nariz Roja no es un acto aislado: es la resistencia frente a un Estado que parece resignado a que la muerte por omisión sea parte del paisaje. Como las Madres Buscadoras que cavan en la tierra, estos padres cavan en farmacias, bodegas y redes sociales buscando la medicina que puede dar a sus hijos unas semanas, meses o años más de vida.

El exterminio silencioso no necesita verdugos armados: le basta con burócratas indiferentes y sistemas logísticos que nunca llegan a tiempo. Y por eso, hoy más que nunca, hay que decirlo sin rodeos: matar sin tocarlos también es matar.

 

Matar sin Tocarlos I

Matar sin Tocarlos: Crónica de un Exterminio Silencioso

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miércoles, 13 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Periodismo en la Mira: Gaza y la Crisis Más Letal para la Libertad de Prensa en la Era Moderna

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

Desde octubre de 2023, Palestina —y en particular la Franja de Gaza— se ha convertido en el lugar más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. Entre 242 y casi 270 periodistas palestinos han muerto, la gran mayoría en bombardeos israelíes, muchos de ellos ataques dirigidos contra equipos claramente identificados como prensa. Según la ONU y organizaciones de defensa de la libertad de expresión, más del 60% de los periodistas asesinados en el mundo desde finales de 2023 han muerto en Gaza. Nunca antes, en la historia moderna, un conflicto había registrado tal concentración de muertes de comunicadores en tan corto periodo.

I. Un patrón de ataques y silenciamiento

Diversos organismos internacionales —ONU, UNESCO, Reporteros Sin Fronteras (RSF), Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Federación Internacional de Periodistas (FIP) e IFEX— coinciden en que la violencia contra periodistas en Gaza no es un daño colateral, sino una política deliberada con elementos claros:

  • Ataques dirigidos y premeditados contra periodistas y ubicaciones asociadas a medios, como el ataque con dron del 10 de agosto de 2025 frente al hospital Al-Shifa, que mató a seis reporteros, la mayoría de Al Jazeera.
  • Campañas previas de difamación: Autoridades israelíes acusan públicamente a periodistas de ser “terroristas” o miembros de Hamas sin pruebas creíbles, generando un clima que justifica ataques posteriores.
  • Negación de acceso a prensa internacional, dejando a periodistas palestinos como los únicos narradores de la guerra y exponiéndolos a mayor riesgo.
  • Destrucción de hogares, oficinas y archivos de prensa para borrar evidencia y limitar la cobertura.
  • Impunidad sistemática, sin rendición de cuentas por asesinatos de periodistas en las últimas dos décadas.

II. El discurso oficial vs. la evidencia

Israel sostiene que algunos periodistas asesinados estaban vinculados a Hamas o participaban en actividades militares. Sin embargo:

  • La “evidencia” pública se reduce a capturas de pantalla de hojas de cálculo, supuestas listas de personal y fotos no verificadas.
  • No se han presentado pruebas concluyentes o verificadas de forma independiente que justifiquen ataques letales.
  • Organizaciones como CPJ y RSF señalan un patrón histórico de acusar sin pruebas verificables.
  • En el caso de Anas al-Sharif (Al Jazeera), Israel afirma que era “líder de una célula de Hamas”, pero no ha mostrado evidencias concretas. Incluso existen registros de que criticó públicamente a Hamas.

III. IFEX: denuncia y solidaridad global

Como red global de defensa de la libertad de expresión, IFEX ha sido una de las voces más firmes ante esta crisis:

  • Condena enérgica: Califica la situación como un “asalto sin precedentes” contra la prensa y denuncia un patrón de asesinatos sistemáticos justificados con “acusaciones infundadas”.
  • Exposición del patrón de impunidad: Señala que durante más de dos décadas Israel no ha rendido cuentas por asesinatos de periodistas y que sus investigaciones internas carecen de transparencia.
  • Rechazo a las pruebas israelíes: Subraya que las acusaciones de vinculación con grupos armados no cuentan con verificación independiente y constituyen una amenaza directa al periodismo.
  • Demanda de protección e investigación internacional: Pide intervención de la ONU y la Corte Penal Internacional, y la apertura inmediata de Gaza a prensa internacional.
  • Solidaridad activa: Amplifica testimonios de periodistas palestinos y lidera campañas globales por su protección bajo el derecho internacional humanitario.

 IV. Comparativa internacional

La magnitud de la letalidad en Gaza supera ampliamente la de otros conflictos contemporáneos:

  • Gaza (oct. 2023 – ago. 2025): entre 242 y casi 270 periodistas muertos.
  • Ucrania (2022 – 2024): 19 periodistas muertos.
  • Conflictos prolongados como Siria, Irak o México: cifras acumuladas en años, pero ninguna con tal concentración en tan poco tiempo.
  • Más del 60% de todos los periodistas asesinados en el mundo desde octubre de 2023 murieron en Gaza.

V. Implicaciones legales

El asesinato deliberado de periodistas está prohibido por el Derecho Internacional Humanitario y puede constituir crimen de guerra bajo el Estatuto de Roma. Las acusaciones sin pruebas, la denegación de acceso y la destrucción de material informativo son violaciones adicionales a la libertad de prensa y expresión.

VI. Voces desde el terreno

A pesar del riesgo extremo, periodistas palestinos continúan informando:

“Cada vez que salimos a cubrir, nos despedimos como si fuera la última vez. Pero sabemos que si nosotros no contamos lo que pasa, nadie más lo hará.”
— Periodista palestino, testimonio recogido por IFEX.

Conclusión

La guerra en Gaza no solo ha cobrado un número sin precedentes de vidas entre periodistas, sino que amenaza la noción misma de libertad de prensa en zonas de conflicto. Las evidencias presentadas por Israel para justificar estos ataques carecen de credibilidad según la comunidad internacional, mientras la impunidad se consolida.

La voz de redes como IFEX y de organismos internacionales es clara:

  • Periodismo no es terrorismo.
  • El derecho a informar y a ser informado es irrenunciable.
  • La protección de los periodistas es una obligación legal y moral.

 

 

OTRA PERSPECTIVA

El último periodista humano en México: IA, ética y la batalla por la calle

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

El concepto de “el último periodista humano” se ha convertido en un símbolo global del reto existencial que vive el periodismo frente a la irrupción masiva de la inteligencia artificial. Lo han explorado académicos, foros internacionales e incluso autores como Antoni Vidal Carretero en su obra El último periodista. La inteligencia artificial toma el relevo, que describe un réquiem por el periodismo tal como lo conocimos, pero sin renunciar a la tecnología.

En México, este debate no es teórico: la IA ya está presente en medios nacionales, generando notas financieras, resúmenes deportivos, e incluso adaptaciones automatizadas para redes sociales. El problema no es solo que la máquina escriba, sino que lo haga sin la calle, sin la mirada y sin el olfato del reportero.

Entre la amenaza y la oportunidad

Como advierte el Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo, la IA no solo distribuye o amplifica contenido, sino que ahora produce la noticia. En las redacciones internacionales ya hay algoritmos que redactan el 11% de las notas de un medio, con incrementos significativos en clics, sin que el lector distinga —o le importe— si detrás hay un humano o una máquina.

En México, la tentación es clara: abaratar costos, aumentar la productividad y cubrir “todo” sin necesidad de enviar a un reportero. Esto puede ser útil para notas rutinarias, pero si se extiende a la política, la cobertura social o el periodismo de riesgo, el resultado será un menú de boletines automatizados, narrativas homogéneas y un silencio peligroso sobre lo que incomoda al poder.

La amenaza no es solo laboral: es ética. Si no hay trazabilidad ni transparencia sobre qué parte del contenido proviene de IA, la confianza pública se erosiona. Y sin control editorial humano, la IA puede reforzar sesgos y adaptarse dócilmente a la narrativa dominante.

El valor insustituible de la voz humana

Lejos de proponer una resistencia a ultranza, tanto Hidalgo como Vidal Carretero coinciden en que el periodismo debe adaptarse. La IA puede liberar al reportero de tareas repetitivas, ayudar en la recopilación y análisis de datos, e incluso detectar patrones ocultos. Pero el sentido editorial, la contextualización, la ética y la empatía siguen siendo tarea humana.

El “último periodista”, más que un superviviente, será quien aprenda a trabajar en alianza creativa con la IA, capitalizando lo que la tecnología no puede suplir: la conciencia, el criterio y la responsabilidad social. Esto implica reforzar el pensamiento crítico, la creatividad narrativa y la transparencia ética frente a la estandarización que puede generar el algoritmo.

La pregunta pendiente para México

Aquí surge el gran interrogante: ¿quién va a liderar la gobernanza y trazabilidad que este nuevo periodismo exige?

  • ¿Serán las propias redacciones, con códigos internos claros?
  • ¿Organismos de autorregulación como el Consejo de la Comunicación?
  • ¿O se abrirá la puerta a que el Estado, con todos los riesgos que implica para la libertad de prensa, se convierta en árbitro del uso de IA en los medios?

En un país donde el ejercicio periodístico ya enfrenta amenazas físicas, censura indirecta y precarización, no es menor quién defina las reglas del juego tecnológico.

Colofón: la batalla por la calle

El periodismo mexicano no puede permitirse un futuro donde la noticia se construya únicamente desde un servidor. La IA puede ser aliada, pero nunca reemplazo. Si lo olvidamos, perderemos algo más que empleos: perderemos la capacidad de contar el país desde la calle, con la voz irrepetible de quien lo ha vivido.

El último periodista humano en México no será el que le gane la guerra a la IA, sino el que siga saliendo a la calle armado con su libreta, su grabadora… y su conciencia.


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