jueves, 14 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Matar sin Tocarlos II: El Exterminio que Marcha en Silencio

Opinión de José Rafael Moya Saavedra

En México, matar no siempre implica disparos ni fosas clandestinas. A veces basta una receta vacía, un almacén con estantes desnudos o un sello de “agotado” en la ventanilla de un hospital público. Y, cuando la víctima es un niño con cáncer, la omisión duele dos veces: por la vida que se apaga y por el país que lo permitió.

Hoy, la crónica de este exterminio silencioso tiene un rostro concreto: el desabasto persistente de medicamentos oncológicos desde 2018 y una nueva marcha nacional encabezada por la organización Nariz Roja los pasados 10 y 11 de agosto. Familias, pacientes y activistas salieron a las calles en al menos 12 estados, exigiendo lo que debería ser incuestionable: el derecho a recibir tratamientos que pueden salvar la vida. Lo hicieron con peluches en las manos y con la voz firme para decir: “Nos están matando”.

Cifras que acusan

Desde que la compra de medicamentos se centralizó en 2019, el abasto de fármacos oncológicos —Metrotexato, Ciclofosfamida, Trastuzumab y más de treinta claves esenciales— ha sufrido interrupciones crónicas. Entre 2018 y 2025, entre 1,600 y hasta 3,000 niños habrían muerto por no recibir sus tratamientos a tiempo, según estimaciones de colectivos y legisladores. No son cifras frías: son camas vacías en oncología pediátrica, son sillas de quimioterapia sin ocupante.

La tasa de sobrevida infantil que rondaba el 80% cayó a cerca del 52%. Y aunque el gobierno prometió que en julio o agosto de 2025 el abasto estaría resuelto, hospitales en varios estados siguen reportando faltantes. En el mercado negro, mientras tanto, una ampolleta puede costar el doble o triple del salario mensual de una familia trabajadora.

 

 La omisión como política de Estado

En junio de 2021 ya se hablaba de 1,600 menores fallecidos por esta causa. Cuatro años después, el patrón no ha cambiado. El desabasto no es accidente: es la consecuencia de decisiones administrativas fallidas, licitaciones opacas y promesas incumplidas. Si el Estatuto de Roma reconoce como crimen de lesa humanidad la “privación del acceso a medicinas con el fin de destruir parte de la población”, entonces México está frente a un espejo incómodo.

Aquí no hay encapuchados ni camionetas sin placas. Hay despachos oficiales que firman oficios, hay almacenes cerrados, hay conferencias de prensa donde se minimiza la protesta ciudadana. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum acusó a la marcha de Nariz Roja de tener “fines políticos”, no hizo sino confirmar la distancia entre el poder y el dolor real de las familias.

La memoria que no se rinde

La movilización de Nariz Roja no es un acto aislado: es la resistencia frente a un Estado que parece resignado a que la muerte por omisión sea parte del paisaje. Como las Madres Buscadoras que cavan en la tierra, estos padres cavan en farmacias, bodegas y redes sociales buscando la medicina que puede dar a sus hijos unas semanas, meses o años más de vida.

El exterminio silencioso no necesita verdugos armados: le basta con burócratas indiferentes y sistemas logísticos que nunca llegan a tiempo. Y por eso, hoy más que nunca, hay que decirlo sin rodeos: matar sin tocarlos también es matar.

 

Matar sin Tocarlos I

Matar sin Tocarlos: Crónica de un Exterminio Silencioso

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/04/otra-perspectiva-matar-sin-tocarlos.html

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