OTRA PERSPECTIVA
Matar sin Tocarlos II: El Exterminio que Marcha
en Silencio
Opinión de José Rafael Moya Saavedra
En México, matar no siempre
implica disparos ni fosas clandestinas. A veces basta una receta vacía, un
almacén con estantes desnudos o un sello de “agotado” en la ventanilla de un
hospital público. Y, cuando la víctima es un niño con cáncer, la omisión duele
dos veces: por la vida que se apaga y por el país que lo permitió.
Hoy, la crónica de este
exterminio silencioso tiene un rostro concreto: el desabasto persistente de
medicamentos oncológicos desde 2018 y una nueva marcha nacional encabezada
por la organización Nariz Roja los pasados 10 y 11 de agosto. Familias,
pacientes y activistas salieron a las calles en al menos 12 estados, exigiendo
lo que debería ser incuestionable: el derecho a recibir tratamientos que pueden
salvar la vida. Lo hicieron con peluches en las manos y con la voz firme para
decir: “Nos están matando”.
Cifras que acusan
Desde que la compra de
medicamentos se centralizó en 2019, el abasto de fármacos oncológicos
—Metrotexato, Ciclofosfamida, Trastuzumab y más de treinta claves esenciales—
ha sufrido interrupciones crónicas. Entre 2018 y 2025, entre 1,600 y hasta
3,000 niños habrían muerto por no recibir sus tratamientos a tiempo, según
estimaciones de colectivos y legisladores. No son cifras frías: son camas
vacías en oncología pediátrica, son sillas de quimioterapia sin ocupante.
La tasa de sobrevida infantil
que rondaba el 80% cayó a cerca del 52%. Y aunque el gobierno prometió que en
julio o agosto de 2025 el abasto estaría resuelto, hospitales en varios estados
siguen reportando faltantes. En el mercado negro, mientras tanto, una ampolleta
puede costar el doble o triple del salario mensual de una familia trabajadora.
La omisión como política de Estado
En junio de 2021 ya se hablaba
de 1,600 menores fallecidos por esta causa. Cuatro años después, el patrón no
ha cambiado. El desabasto no es accidente: es la consecuencia de decisiones
administrativas fallidas, licitaciones opacas y promesas incumplidas. Si el Estatuto
de Roma reconoce como crimen de lesa humanidad la “privación del acceso a
medicinas con el fin de destruir parte de la población”, entonces México está
frente a un espejo incómodo.
Aquí no hay encapuchados ni
camionetas sin placas. Hay despachos oficiales que firman oficios, hay
almacenes cerrados, hay conferencias de prensa donde se minimiza la protesta
ciudadana. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum acusó a la marcha de
Nariz Roja de tener “fines políticos”, no hizo sino confirmar la
distancia entre el poder y el dolor real de las familias.
La memoria que no se rinde
La movilización de Nariz
Roja no es un acto aislado: es la resistencia frente a un Estado que parece
resignado a que la muerte por omisión sea parte del paisaje. Como las Madres
Buscadoras que cavan en la tierra, estos padres cavan en farmacias,
bodegas y redes sociales buscando la medicina que puede dar a sus hijos unas
semanas, meses o años más de vida.
El exterminio silencioso no
necesita verdugos armados: le basta con burócratas indiferentes y sistemas
logísticos que nunca llegan a tiempo. Y por eso, hoy más que nunca, hay que
decirlo sin rodeos: matar sin tocarlos también es matar.
Matar sin Tocarlos I
Matar sin Tocarlos: Crónica de un Exterminio
Silencioso
https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/04/otra-perspectiva-matar-sin-tocarlos.html
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