lunes, 25 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Cuando los slogans se caen: consumo, política y la verdad detrás de las promesas

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

 

Sears no te entiende.
Liverpool nunca fue parte de tu vida.
Salvo no te salva.
Coca Cola jamás fue la chispa de la vida.
Ser totalmente Palacio termina en deuda.
Telcel está lejos de ser tu amigo.
Y Morena no es la esperanza de México.

Estas frases, tomadas de los slogans que la publicidad instaló en nuestra memoria colectiva, muestran la distancia entre la promesa y la realidad. Durante años crecimos escuchando que una tienda departamental podía entendernos, que un refresco tenía el poder de encender la vida o que una compañía telefónica se presentaba como un “amigo”. Nada más lejos de la experiencia cotidiana: créditos impagables, tarifas elevadas, bebidas que dañan la salud y servicios que fallan justo cuando más se necesitan.

La política entendió pronto la lección. Adoptó las mismas técnicas de la mercadotecnia: simplificar el mensaje en una frase corta, repetible y emocional. Morena lo hizo con una contundencia publicitaria: “La esperanza de México”. Y funcionó. El slogan se convirtió en bandera de campaña, en mantra de plaza pública, en pegote emocional para millones. Pero igual que con la publicidad, cuando el producto no cumple, la decepción es mayor.

Los slogans son cómodos porque apelan a la emoción inmediata. Repetir “Primero los pobres” no resuelve la pobreza; invocar “abrazos, no balazos” no detiene la violencia; hablar de “austeridad republicana” no borra la corrupción. En el terreno político, las palabras sin hechos se convierten en espejismos que terminan desgastando la confianza social.

Lo que se demuestra con claridad es que ni las tiendas son familia, ni las telefónicas son amigos, ni los refrescos son chispa, ni un partido político puede monopolizar la esperanza de una nación. La publicidad engaña cuando se presenta como verdad, pero la política miente cuando se convierte en publicidad. Y esa diferencia es peligrosa.

En tiempos donde el marketing domina la vida pública, conviene recordar que la esperanza de México no puede reducirse a un slogan. La verdadera esperanza solo se construye con justicia, resultados y verdad

 

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