domingo, 27 de julio de 2025


 

OTRA PERSPECTIVA

Ficción Distópica y Realidad Programada II: Resistencias Digitales y Horizontes Éticos

Por: José Rafael Moya Saavedra

"La distopía no es un destino. Es una elección colectiva no cuestionada."

Si en la primera parte advertimos que el futuro ya llegó disfrazado de eficiencia, vigilancia y algoritmos que deciden por nosotros, en esta segunda entrega damos un paso más: ¿qué podemos hacer frente a ese futuro? ¿Estamos condenados a la sumisión digital… o existen caminos de resistencia, alternativas tecnológicas y grietas por donde aún respira la libertad?

No basta con denunciar la distopía. Hay que imaginar el contra-mundo.

 1. Resistencia y contracultura en la era del control digital

En tiempos donde cada clic es un dato, cada huella es una pista y cada conversación puede ser procesada por inteligencia artificial, la resistencia no solo es ética: es supervivencia cultural.

Movimientos como Anonymous, colectivos de arte digital, defensores de la soberanía tecnológica o redes de cifrado ciudadano están demostrando que no todo está perdido.

Hoy, cifrar un mensaje, usar un navegador anónimo o apoyar plataformas descentralizadas no es paranoia: es higiene política.

El hacktivismo no destruye: revela. Y el arte digital no adorna: denuncia.

2. Posibilidades utópicas frente a distopías

No toda tecnología oprime. También puede emancipar.

Proyectos como DemocracyOS en Argentina, o los sistemas de presupuesto participativo digital en Brasil, muestran que la democracia digital puede existir… si se construye desde abajo, con transparencia y vocación ética.

Del mismo modo, cooperativas digitales, plataformas de economía solidaria o redes de telemedicina comunitaria están demostrando que otro modelo es posible: uno donde el dato no sea mercancía, sino herramienta de bien común.

La tecnología no es el problema.
El problema es para quién trabaja.

3. Desinformación, manipulación algorítmica y control narrativo

La censura moderna no siempre bloquea. A veces oculta lo importante bajo una avalancha de irrelevancia. O simplemente no lo muestra. El algoritmo decide lo que vemos… y lo que no sabremos nunca que existió.

“Las ideas son a prueba de balas”, decía V.
Pero no si no llegan a tu pantalla.

Ante esto, la alfabetización digital no es opcional. Necesitamos ciudadanos que entiendan cómo funcionan los filtros, qué es un sesgo de confirmación, cómo se fabrica una "realidad" a partir de lo que no se dice.

No podemos defender la libertad si no entendemos cómo se manipula la percepción.

4. Estrategias personales para sobrevivir en la prisión digital

La lucha también es íntima. También es de a uno. Y empieza con prácticas cotidianas:

  • Usar contraseñas robustas.
  • Revisar las configuraciones de privacidad.
  • Pagar en efectivo cuando sea posible.
  • Salirse —aunque sea un día a la semana— del ecosistema dominante.
  • Pensar antes de publicar.
  • No aceptar todo por comodidad.

Cada gesto importa. Cada grieta abre paso a otra forma de habitar lo digital.

5. El futuro de la imaginación colectiva

La distopía más peligrosa no es la que controla… sino la que nos hace creer que no hay alternativa.

Por eso, el arte, la literatura, el cine y la filosofía siguen siendo espacios de resistencia activa. En tiempos donde todo tiende a la programación, imaginar lo no previsto es el acto más revolucionario.

Mientras haya quien sueñe, quien cree, quien pregunte… la distopía no podrá cantar victoria.

 Epílogo: Un click más allá del miedo

Este no es el final de la historia. Es apenas el momento en que comenzamos a recuperar el timón.
Porque el futuro digital será ético, humano y plural…
solo si lo construimos así.

 

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