sábado, 26 de julio de 2025


 

OTRA PERSPECTIVA

Ficción Distópica y Realidad Programada: El Futuro ya Llegó y no Tocó la Puerta

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

"La distopía no es lo que viene... es lo que hemos dejado pasar sin darnos cuenta."

La distopía ya no habita solo en las páginas de Orwell ni en los guiones de Hollywood. Camina entre nosotros con rostro de algoritmo, con voz de inteligencia artificial, con lenguaje de decreto presidencial. Se oculta en la eficiencia que todo lo rastrea, en la comodidad de los pagos sin efectivo, en la seguridad prometida por la vigilancia total.

Hoy, lo que ayer fue advertencia, se normaliza en nombre del orden, del progreso, de la protección. Las ficciones apocalípticas ya no son ventanas al futuro: son espejos del presente.

“Civil War” (2024): el colapso como advertencia

En la brutal Civil War de Alex Garland, no hay bombas nucleares ni alienígenas: solo un país que se rompió por dentro. Una democracia devorada por la polarización, por el odio ideológico, por líderes que confundieron poder con verdad.

La película retrata a un Estados Unidos gobernado por un presidente autoritario —una figura que evoca, sin eufemismos, a Donald Trump— mientras periodistas se juegan la vida cruzando zonas de guerra… en su propio país.

La línea entre la verdad y la propaganda ya no existe”, dice uno de los personajes.
Y nosotros, espectadores, entendemos que esa línea ya se borró también en nuestras pantallas.

De Orwell al algoritmo: vigilancia 5G, represión 2.0

1984 ya no es solo una novela. Es una metáfora convertida en política pública. El Gran Hermano no necesita cámaras físicas: ahora tiene nuestros celulares, nuestras búsquedas, nuestras compras, nuestros gestos frente a una pantalla.

“La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza.”

Lo que Orwell imaginó con miedo, hoy se implementa con marketing. La vigilancia masiva ya no genera rechazo: genera descuentos. A cambio de privacidad, recibimos conveniencia. Nos estamos vendiendo… por un clic.

 V de Vendetta: del miedo al control simbólico

El régimen de V de Vendetta controlaba a su pueblo mediante miedo, virus, pantallas y silencio. ¿Te suena familiar?

Hoy, los gobiernos no necesitan quemar libros ni clausurar emisoras: basta con manipular algoritmos y decir que es por tu seguridad. Basta con etiquetar como “falso” lo que incomoda, con volver extremista lo que es crítico, con eliminar del feed todo lo que nos haga pensar distinto.

“Las ideas son a prueba de balas”, decía V.
Pero las plataformas pueden dejar de mostrarlas.

Gattaca: la genética como sentencia

En Gattaca, la ingeniería genética define tu lugar en la sociedad: naces con una secuencia de ADN y ya está decidido si serás piloto o portero, astronauta o empleado de limpieza.

Hoy, esta distopía toma forma en laboratorios reales. Bancos de ADN, seguros médicos selectivos, niños a la carta. El sueño de la perfección genética está cada vez más cerca… y con él, el abismo de una nueva eugenesia social.

Inteligencia Artificial: El nuevo Dios sin alma

La IA ya no es una novedad. Es juez, filtro, maestro, repartidor, niñera, espía. Decide a quién se le da un crédito, a quién se le ofrece un trabajo, a quién se le censura la voz.

No duerme. No duda. No olvida.
Y si un algoritmo te encasilla… no hay apelación.

Mientras tanto, las plataformas nos “recomiendan” lo que queremos ver, pensar, comprar, decir… sin que lo notemos. El control ya no es por la fuerza: es por diseño.

La prisión digital: barrotes sin hierro

No necesitamos muros para estar presos. Nos vigilan los dispositivos, nos siguen los anuncios, nos observan los sensores. Cada paso deja una huella. Cada huella es analizada. Cada análisis define si mereces confianza… o no.

"¿Dónde estabas anoche? ¿Qué compraste? ¿Qué tecleaste? ¿Qué pensaste?"

La autocensura crece. La espontaneidad muere. La libertad se vuelve condicional y cuantificable.

Sin efectivo, sin refugio

La desaparición del dinero físico se presenta como modernidad… pero es también el fin del anonimato económico. Cada transacción digital deja un rastro. Y ese rastro es usado para predecirte, clasificarte, controlarte.

Cuando no puedes pagar sin ser observado, tu libertad se convierte en un privilegio... y no en un derecho.

¿Quién gana con una sociedad 100% digitalizada?
Quien controla la plataforma. Quien decide las reglas.
Quien puede apagarte… con un clic.

Cultura cercada: la última trinchera

La censura no siempre se impone con decretos. A veces basta con imponer aranceles del 100% al cine extranjero, como propone Trump, o limitar los contenidos “seguros” para las plataformas.

Cuando el Estado quiere “proteger” la industria cultural, muchas veces lo que quiere es dirigir la imaginación colectiva. Y cuando ya no puedes imaginar un futuro distinto… la distopía ha ganado.

¿Y ahora? El cine aún es resistencia

La cultura es la última línea de defensa. Porque ver, imaginar, pensar y soñar sigue siendo el acto más subversivo en tiempos de control.

No es que la distopía venga en camino.
Es que ya llegó.
Solo que lo hizo en forma de recomendación, descuento, comodidad y orden.

Y mientras nos distraíamos… nos reorganizó el mundo.

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