OTRA PERSPECTIVA
Ficción Distópica y Realidad Programada:
El Futuro ya Llegó y no Tocó la Puerta
Opinion de José Rafael Moya Saavedra
"La
distopía no es lo que viene... es lo que hemos dejado pasar sin darnos
cuenta."
La distopía ya no habita solo en las
páginas de Orwell ni en los guiones de Hollywood. Camina entre nosotros
con rostro de algoritmo, con voz de inteligencia artificial, con lenguaje de
decreto presidencial. Se oculta en la eficiencia que todo lo rastrea, en la
comodidad de los pagos sin efectivo, en la seguridad prometida por la
vigilancia total.
Hoy, lo que ayer fue advertencia, se
normaliza en nombre del orden, del progreso, de la protección. Las ficciones
apocalípticas ya no son ventanas al futuro: son espejos del presente.
“Civil War” (2024): el colapso
como advertencia
En la brutal Civil War de
Alex Garland, no hay bombas nucleares ni alienígenas: solo un país que se
rompió por dentro. Una democracia devorada por la polarización, por el odio
ideológico, por líderes que confundieron poder con verdad.
La película retrata a un Estados Unidos
gobernado por un presidente autoritario —una figura que evoca, sin eufemismos,
a Donald Trump— mientras periodistas se juegan la vida cruzando zonas de
guerra… en su propio país.
“La línea entre la verdad y la
propaganda ya no existe”, dice uno de
los personajes.
Y nosotros, espectadores, entendemos que esa línea ya se borró también en
nuestras pantallas.
De Orwell al algoritmo: vigilancia 5G,
represión 2.0
1984
ya no es solo una novela. Es una metáfora convertida en
política pública. El Gran Hermano no necesita cámaras físicas: ahora tiene
nuestros celulares, nuestras búsquedas, nuestras compras, nuestros gestos
frente a una pantalla.
“La libertad es esclavitud. La
ignorancia es fuerza.”
Lo que Orwell imaginó con miedo, hoy se
implementa con marketing. La vigilancia masiva ya no genera rechazo: genera
descuentos. A cambio de privacidad, recibimos conveniencia. Nos estamos
vendiendo… por un clic.
V
de Vendetta: del miedo al control simbólico
El régimen de V de Vendetta controlaba
a su pueblo mediante miedo, virus, pantallas y silencio. ¿Te suena familiar?
Hoy, los gobiernos no necesitan quemar
libros ni clausurar emisoras: basta con manipular algoritmos y decir que es
por tu seguridad. Basta con etiquetar como “falso” lo que incomoda, con
volver extremista lo que es crítico, con eliminar del feed todo lo que nos haga
pensar distinto.
“Las ideas son a prueba de balas”,
decía V.
Pero las plataformas pueden dejar de mostrarlas.
Gattaca: la genética como sentencia
En Gattaca, la ingeniería
genética define tu lugar en la sociedad: naces con una secuencia de ADN y ya
está decidido si serás piloto o portero, astronauta o empleado de limpieza.
Hoy, esta distopía toma forma en
laboratorios reales. Bancos de ADN, seguros médicos selectivos, niños a la
carta. El sueño de la perfección genética está cada vez más cerca… y con él,
el abismo de una nueva eugenesia social.
Inteligencia Artificial: El nuevo Dios
sin alma
La IA ya no es una novedad. Es juez,
filtro, maestro, repartidor, niñera, espía. Decide a quién se le da un crédito,
a quién se le ofrece un trabajo, a quién se le censura la voz.
No
duerme. No duda. No olvida.
Y si un algoritmo te encasilla… no hay apelación.
Mientras tanto, las plataformas nos
“recomiendan” lo que queremos ver, pensar, comprar, decir… sin que lo notemos.
El control ya no es por la fuerza: es por diseño.
La prisión digital: barrotes sin hierro
No necesitamos muros para estar presos.
Nos vigilan los dispositivos, nos siguen los anuncios, nos observan los
sensores. Cada paso deja una huella. Cada huella es analizada. Cada análisis
define si mereces confianza… o no.
"¿Dónde
estabas anoche? ¿Qué compraste? ¿Qué tecleaste? ¿Qué pensaste?"
La autocensura crece. La espontaneidad
muere. La libertad se vuelve condicional y cuantificable.
Sin efectivo, sin refugio
La desaparición del dinero físico se
presenta como modernidad… pero es también el fin del anonimato económico.
Cada transacción digital deja un rastro. Y ese rastro es usado para predecirte,
clasificarte, controlarte.
Cuando no puedes pagar sin ser
observado, tu libertad se convierte en un privilegio... y no en un derecho.
¿Quién
gana con una sociedad 100% digitalizada?
Quien controla la plataforma. Quien decide las reglas.
Quien puede apagarte… con un clic.
Cultura cercada: la última trinchera
La censura no siempre se impone con
decretos. A veces basta con imponer aranceles del 100% al cine extranjero,
como propone Trump, o limitar los contenidos “seguros” para las plataformas.
Cuando el Estado quiere “proteger” la
industria cultural, muchas veces lo que quiere es dirigir la imaginación
colectiva. Y cuando ya no puedes imaginar un futuro distinto… la distopía
ha ganado.
¿Y ahora? El cine aún es resistencia
La cultura es la última línea de
defensa. Porque ver, imaginar, pensar y soñar sigue siendo el
acto más subversivo en tiempos de control.
No es que la distopía venga en camino.
Es que ya llegó.
Solo que lo hizo en forma de recomendación, descuento, comodidad y orden.
Y mientras nos distraíamos… nos
reorganizó el mundo.

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