miércoles, 13 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

El último periodista humano en México: IA, ética y la batalla por la calle

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

El concepto de “el último periodista humano” se ha convertido en un símbolo global del reto existencial que vive el periodismo frente a la irrupción masiva de la inteligencia artificial. Lo han explorado académicos, foros internacionales e incluso autores como Antoni Vidal Carretero en su obra El último periodista. La inteligencia artificial toma el relevo, que describe un réquiem por el periodismo tal como lo conocimos, pero sin renunciar a la tecnología.

En México, este debate no es teórico: la IA ya está presente en medios nacionales, generando notas financieras, resúmenes deportivos, e incluso adaptaciones automatizadas para redes sociales. El problema no es solo que la máquina escriba, sino que lo haga sin la calle, sin la mirada y sin el olfato del reportero.

Entre la amenaza y la oportunidad

Como advierte el Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo, la IA no solo distribuye o amplifica contenido, sino que ahora produce la noticia. En las redacciones internacionales ya hay algoritmos que redactan el 11% de las notas de un medio, con incrementos significativos en clics, sin que el lector distinga —o le importe— si detrás hay un humano o una máquina.

En México, la tentación es clara: abaratar costos, aumentar la productividad y cubrir “todo” sin necesidad de enviar a un reportero. Esto puede ser útil para notas rutinarias, pero si se extiende a la política, la cobertura social o el periodismo de riesgo, el resultado será un menú de boletines automatizados, narrativas homogéneas y un silencio peligroso sobre lo que incomoda al poder.

La amenaza no es solo laboral: es ética. Si no hay trazabilidad ni transparencia sobre qué parte del contenido proviene de IA, la confianza pública se erosiona. Y sin control editorial humano, la IA puede reforzar sesgos y adaptarse dócilmente a la narrativa dominante.

El valor insustituible de la voz humana

Lejos de proponer una resistencia a ultranza, tanto Hidalgo como Vidal Carretero coinciden en que el periodismo debe adaptarse. La IA puede liberar al reportero de tareas repetitivas, ayudar en la recopilación y análisis de datos, e incluso detectar patrones ocultos. Pero el sentido editorial, la contextualización, la ética y la empatía siguen siendo tarea humana.

El “último periodista”, más que un superviviente, será quien aprenda a trabajar en alianza creativa con la IA, capitalizando lo que la tecnología no puede suplir: la conciencia, el criterio y la responsabilidad social. Esto implica reforzar el pensamiento crítico, la creatividad narrativa y la transparencia ética frente a la estandarización que puede generar el algoritmo.

La pregunta pendiente para México

Aquí surge el gran interrogante: ¿quién va a liderar la gobernanza y trazabilidad que este nuevo periodismo exige?

  • ¿Serán las propias redacciones, con códigos internos claros?
  • ¿Organismos de autorregulación como el Consejo de la Comunicación?
  • ¿O se abrirá la puerta a que el Estado, con todos los riesgos que implica para la libertad de prensa, se convierta en árbitro del uso de IA en los medios?

En un país donde el ejercicio periodístico ya enfrenta amenazas físicas, censura indirecta y precarización, no es menor quién defina las reglas del juego tecnológico.

Colofón: la batalla por la calle

El periodismo mexicano no puede permitirse un futuro donde la noticia se construya únicamente desde un servidor. La IA puede ser aliada, pero nunca reemplazo. Si lo olvidamos, perderemos algo más que empleos: perderemos la capacidad de contar el país desde la calle, con la voz irrepetible de quien lo ha vivido.

El último periodista humano en México no será el que le gane la guerra a la IA, sino el que siga saliendo a la calle armado con su libreta, su grabadora… y su conciencia.


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