OTRA PERSPECTIVA
El último periodista humano en México: IA,
ética y la batalla por la calle
Opinion de José Rafael Moya Saavedra
El concepto de “el
último periodista humano” se ha convertido en un símbolo global del
reto existencial que vive el periodismo frente a la irrupción masiva de la
inteligencia artificial. Lo han explorado académicos, foros internacionales e
incluso autores como Antoni Vidal Carretero en su obra El último periodista.
La inteligencia artificial toma el relevo, que describe un réquiem por el
periodismo tal como lo conocimos, pero sin renunciar a la tecnología.
En México, este debate no es
teórico: la IA ya está presente en medios nacionales, generando notas
financieras, resúmenes deportivos, e incluso adaptaciones automatizadas para
redes sociales. El problema no es solo que la máquina escriba, sino que lo haga
sin la calle, sin la mirada y sin el olfato del reportero.
Entre la amenaza y la oportunidad
Como advierte el Dr. Jorge
Alberto Hidalgo Toledo, la IA no solo distribuye o amplifica contenido,
sino que ahora produce la noticia. En las redacciones internacionales ya hay
algoritmos que redactan el 11% de las notas de un medio, con incrementos
significativos en clics, sin que el lector distinga —o le importe— si detrás
hay un humano o una máquina.
En México, la tentación es
clara: abaratar costos, aumentar la productividad y cubrir “todo”
sin necesidad de enviar a un reportero. Esto puede ser útil para notas
rutinarias, pero si se extiende a la política, la cobertura social o el
periodismo de riesgo, el resultado será un menú de boletines automatizados,
narrativas homogéneas y un silencio peligroso sobre lo que incomoda al poder.
La amenaza no es solo laboral:
es ética. Si no hay trazabilidad ni transparencia sobre qué parte del contenido
proviene de IA, la confianza pública se erosiona. Y sin control editorial
humano, la IA puede reforzar sesgos y adaptarse dócilmente a la narrativa
dominante.
El valor insustituible de la voz humana
Lejos de proponer una
resistencia a ultranza, tanto Hidalgo como Vidal Carretero coinciden en que el
periodismo debe adaptarse. La IA puede liberar al reportero de tareas
repetitivas, ayudar en la recopilación y análisis de datos, e incluso detectar
patrones ocultos. Pero el sentido editorial, la contextualización, la ética y
la empatía siguen siendo tarea humana.
El “último periodista”,
más que un superviviente, será quien aprenda a trabajar en alianza creativa con
la IA, capitalizando lo que la tecnología no puede suplir: la conciencia, el
criterio y la responsabilidad social. Esto implica reforzar el pensamiento
crítico, la creatividad narrativa y la transparencia ética frente a la
estandarización que puede generar el algoritmo.
La pregunta pendiente para México
Aquí surge el gran
interrogante: ¿quién va a liderar la gobernanza y trazabilidad que este
nuevo periodismo exige?
- ¿Serán
las propias redacciones, con códigos internos claros?
- ¿Organismos
de autorregulación como el Consejo de la Comunicación?
- ¿O
se abrirá la puerta a que el Estado, con todos los riesgos que implica
para la libertad de prensa, se convierta en árbitro del uso de IA en los
medios?
En un país donde el ejercicio
periodístico ya enfrenta amenazas físicas, censura indirecta y precarización,
no es menor quién defina las reglas del juego tecnológico.
Colofón: la batalla por la calle
El periodismo mexicano no
puede permitirse un futuro donde la noticia se construya únicamente desde un
servidor. La IA puede ser aliada, pero nunca reemplazo. Si lo olvidamos,
perderemos algo más que empleos: perderemos la capacidad de contar el país desde
la calle, con la voz irrepetible de quien lo ha vivido.
El último periodista humano en
México no será el que le gane la guerra a la IA, sino el que siga saliendo a la
calle armado con su libreta, su grabadora… y su conciencia.
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