martes, 8 de julio de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Fronteras sin Alerta: Vulnerabilidad en la periferia del sistema

(Parte III de la serie "Cuando la Alerta Colapsa")

Por José Rafael Moya Saavedra

I.- Cuando el silencio no es casual

En los márgenes del mundo —ya sean geográficos, tecnológicos o políticos— el silencio ante el riesgo no es ausencia, sino evidencia. La falta de sistemas de alerta no responde a una omisión inocente, sino a una exclusión estructural que deja a millones de personas fuera del radar institucional. Donde no hay satélites ni apps, emergen otras formas de alerta: la memoria del río, el canto de los pájaros, el aviso del vecino. Esta parte de la serie revela esas geografías de la resistencia que se anticipan al desastre sin tecnología, pero con sabiduría acumulada.

II. Territorios olvidados: casos de exclusión sistémica

1. Oaxaca y Chiapas (México)

En la Sierra Mixe o los Altos de Chiapas, las comunidades leen el entorno: el sonido del monte, el vuelo de las garzas, la ausencia de insectos. No hay cobertura celular, pero hay vigilancia natural. Don Patricio, un sabio local, resume: "Aquí el cielo no nos avisa con alarmas, sino con el vuelo de las garzas."

2. Guatemala y Honduras

En el Corredor Seco y las zonas rurales, la falta de alertas formales convierte tormentas como Eta e Iota en causas de migración forzada. El clima no solo desplaza: la ausencia de Estado empuja. En palabras de un campesino hondureño: "No nos fuimos por la lluvia, sino porque nadie avisó que venía."

3. Sahel africano

En Burkina Faso y Níger, la desertificación avanza sin resistencia institucional. Los radares no alcanzan. Radios comunitarias y cooperación local intentan suplir el abandono. A menudo, los datos llegan tarde o nunca: "Si el satélite falla, nadie sabe que el polvo se convierte en muerte."

4. Sudeste Asiático: Filipinas y Myanmar

En zonas rurales azotadas por tifones, el aviso no llega por celular sino por altavoces, tambores o redes vecinales. La app no reemplaza al vecino que grita. En Filipinas, durante el tifón Haiyan, muchas vidas se salvaron por los gritos de un pescador que vio subir el mar antes que las autoridades emitieran una alerta.

III. La trampa de la tecnología centralizada

Las tecnologías globales nos prometen cobertura universal, pero en realidad refuerzan las desigualdades. Muchos países dependen de sistemas que no controlan y cuyos datos no pueden adaptar a sus realidades.

·       La dependencia de satélites y redes globales genera una falsa sensación de cobertura. Si falla el sistema, la periferia cae primero.

·       Las alertas digitales requieren electricidad, conectividad y dispositivos: lujo en muchas comunidades.

·       Los datos los produce el Norte, el Sur solo los recibe. Sin posibilidad de adaptar o verificar.

Como recuerda un informe del IPCC (2023): "Las comunidades con menos infraestructura propia son las primeras afectadas cuando falla un sistema global."

IV. Donde florece la resiliencia

Alto Beni, Bolivia: Radios comunitarias y banderas de colores marcan la alerta. Una estrategia simple, incluyente y culturalmente pertinente. Niños y ancianos pueden ver la bandera roja antes de que llegue la lluvia. Una mujer líder explica: "No tenemos radares, pero sabemos leer el río y decirnos entre todos: hay que subir."

Amazonía: Mujeres indígenas combinan observación del cielo, rituales y herramientas modernas. Su liderazgo ha creado redes efectivas de protección. Miran el color del cielo y organizan ceremonias cuando cambia el viento. En sus palabras: "El bosque avisa, si tienes corazón para oírlo."

Sri Lanka y Filipinas: Con sensores de bajo costo y redes comunitarias, se ha logrado integrar tecnología apropiada y saber local. Las universidades locales participan en la creación de sensores accesibles. Un joven ingeniero afirma: "La mejor tecnología no es la más cara, sino la que la comunidad puede usar."

Respuestas comunitarias y ciencia ciudadana

Frente a esta exclusión, las comunidades no esperan: actúan…

 En Zimbabwe, el 82% de la población rural aún confía en "servicios climáticos indígenas", interpretando el comportamiento de árboles, insectos y patrones de viento para anticipar lluvias o sequías. Este conocimiento se transmite oralmente y, pese a ser subestimado, sigue siendo crucial para su supervivencia.

En Indonesia, un proyecto pionero llamado Yayasan Peta Bencana ha revolucionado el uso de las redes sociales como herramienta de gestión del riesgo. Mediante un chatbot automatizado, se rastrean términos clave como "inundación" o "fuego" en plataformas como WhatsApp, Twitter y Facebook. El sistema invita a los usuarios a confirmar si realmente enfrentan una emergencia y, en segundos, se genera un reporte geolocalizado, verificado y disponible públicamente. En 2024, más de 200 millones de personas y 900 agencias humanitarias utilizaron esta red en tiempo real para tomar decisiones. Durante las inundaciones de febrero en Yakarta, taxistas organizados a través de esta plataforma evacuaron a más de 300 personas hacia refugios seguros. La alcaldía reconoció formalmente el sistema como su fuente principal de información.

En Uganda y Malí, la Cruz Roja Holandesa ha implementado un modelo de alerta anticipada participativa. A través de encuestas digitales con Kobo Toolbox y grupos de WhatsApp, los propios habitantes mapean los niveles del río, detectan señales ambientales críticas y activan protocolos comunitarios. Estos sistemas no son impuestos desde fuera, sino co-creados: los líderes locales coproducen los criterios de alerta y definen cómo se responde, en su propio idioma y según su experiencia.

En Brasil, el programa Dados à Prova d’Água capacitó a jóvenes de barrios vulnerables para construir pluviómetros con botellas recicladas. Los estudiantes midieron la lluvia, compartieron los datos en una app comunitaria y lograron, en Pernambuco, activar una alerta temprana no oficial que salvó vidas. A diferencia de otras zonas donde hubo decenas de muertos, allí se evacuó a tiempo. El modelo fue adoptado por el CEMADEN y ahora se extiende a otros municipios del noreste.

Un estudio del Overseas Development Institute (2022) concluyó que las comunidades con sistemas locales de alerta reducen en un 30 a 40% los tiempos de evacuación comparado con zonas dependientes exclusivamente de sistemas centralizados. En Mozambique, un programa piloto de alertas por radios comunitarias redujo la mortalidad por inundación en un 45% entre 2018 y 2022, según el Programa Mundial de Alimentos. Datos del CEMADEN en Brasil indican que los barrios con ciencia ciudadana activa presentaron menor número de víctimas en eventos extremos recientes. La OMM estima que cada dólar invertido en sistemas de alerta comunitarios genera entre $4 y $10 en ahorro por daños evitados, si se integran adecuadamente con redes nacionales.

Estas prácticas no sólo funcionan: ya están salvando vidas. Su éxito reside en algo que a menudo falta en los sistemas oficiales: confianza, apropiación y adaptabilidad local. Son ejemplos de una ciencia ciudadana viva, donde el conocimiento no se imparte verticalmente, sino que emerge desde la comunidad, con creatividad, bajo costo y pertinencia cultural.

Hacia una política pública de alerta comunitaria

Para que los sistemas comunitarios no sigan operando al margen, es urgente su inclusión en marcos legales y presupuestales. Esto implica:

·       Reformas legislativas que reconozcan legalmente los sistemas de alerta indígenas y rurales como parte del Sistema Nacional de Protección Civil.

·       Presupuestos etiquetados a radios comunitarias, tecnologías apropiadas y capacitación local dentro de fondos de adaptación climática.

·       Consejos consultivos comunitarios que participen en la planificación de alertas y protocolos oficiales, garantizando pertinencia cultural.

·       Co-producción de tecnología entre instituciones técnicas y comunidades, adaptando sensores, aplicaciones y protocolos a los contextos locales.

Casos como el de Brasil (CEMADEN) muestran que es posible institucionalizar la ciencia ciudadana sin ahogar su autonomía.

Conclusión

Cerrar la brecha de alerta no se trata sólo de satélites y presupuesto: se trata de cambiar el paradigma. De reconocer que el saber local, cuando es apoyado, puede ser tan valioso como un radar doppler. Y de que la alerta más eficaz no siempre viene de un algoritmo, sino del canto distinto de un pájaro o el grito de un vecino atento.

Fuentes clave:

FAO (2024). "Traditional knowledge systems in climate adaptation."

IPCC (2023). Sixth Assessment Report.

UNDRR (2022). Global Status Report on Early Warning Systems.

Radio Comunitaria Alto Beni (2024). Documentación local.

Red de Mujeres Indígenas Amazónicas (2023). Testimonios y reportes internos.

Climate Centre (2024). Community Early Warning Systems Review.

PreventionWeb.net (2024). Casos en Tanzania, Uganda y Brasil.

NYT y WMO (2024-25). Reportes sobre brechas en sistemas de alerta.

ODI (2022), PMA (2022), CEMADEN Brasil (2023), OMM (2024).


 Serie:

0.- Fallas estructurales en sistemas de alerta temprana en contextos federales

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/07/otra-perspectiva-fallas-estructurales.html

1.- Radar apagado: el desmantelamiento silencioso de la protección climática en el siglo XXI

(Parte I de la serie “Cuando la Alerta Colapsa”)

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/07/otra-perspectiva-radar-apagado-el.html

2.- Radar apagado: El desmantelamiento silencioso de la protección climática en el siglo XXI

(Parte II de la serie “Cuando la Alerta Colapsa”)

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/07/otra-perspectiva-radar-apagado-el_7.html

 


 

OTRA PERSPECTIVA

 Narrativas bajo ataque: Amenazas híbridas, desinformación y manipulación del malestar social en México

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

La guerra invisible del siglo XXI

"Cuando todos mienten al mismo tiempo, la mentira se convierte en una forma de gobierno." — Hannah Arendt, Verdad y política (1967)

En la era de la hiperconectividad y la sobreexposición mediática, las guerras ya no se libran únicamente en los campos de batalla, sino también en el terreno de las emociones, los algoritmos y la percepción pública. Las amenazas híbridas, combinadas con sofisticadas tácticas de desinformación, representan hoy un desafío silencioso pero profundo a la estabilidad democrática y la cohesión social.

En México, fenómenos aparentemente espontáneos como las protestas antigentrificación, episodios de xenofobia urbana o la viralización de conflictos individuales —como el caso de "Lady Racista"— podrían no ser solo reflejos del malestar social, sino expresiones estratégicamente amplificadas o incluso orquestadas por actores con intereses particulares.

¿Estamos ante manifestaciones legítimas del descontento, o frente a la instrumentalización deliberada de la indignación para polarizar, distraer y manipular?

Amenazas híbridas y desinformación

"La característica distintiva de las amenazas híbridas es su ambigüedad, su capacidad para operar bajo el umbral del conflicto abierto, aprovechando vulnerabilidades internas de los Estados." — Hybrid CoE, 2021

Las amenazas híbridas son operaciones complejas, multidimensionales y difíciles de atribuir, que combinan medios convencionales (económicos, políticos, tecnológicos) con medios no convencionales (ciberataques, desinformación, presión emocional), con un objetivo común: erosionar la confianza, sembrar división y desestabilizar estructuras institucionales.

La desinformación no solo distorsiona hechos: reconfigura percepciones, crea enemigos, borra matices y alimenta emociones extremas. Se disfraza de indignación genuina, pero actúa como veneno social. Es tan efectiva que muchas veces logra su cometido sin necesidad de demostrar su origen.

Como advirtió el INAI en su informe de 2021, “la desinformación en procesos electorales en México ha sido empleada con fines de movilización, polarización o inhibición del voto, tanto desde actores institucionales como externos.”

ANÁLISIS DE CASOS EN MÉXICO

"Hoy, el poder no solo se ejerce con tanques o dinero, sino con la capacidad de moldear las preferencias de los demás." — Joseph Nye, The Future of Power (2011)

Protestas antigentrificación y brotes de xenofobia

La gentrificación es un fenómeno urbano real. Pero, cuando se convierte en narrativa nacionalista (“fuera gringos”) o étnica, comienza a dejar de ser protesta y se convierte en manipulación. Actores políticos pueden usar el descontento como combustible para campañas nacionalistas, desviando el debate de la falta de regulación urbana hacia el extranjero como “culpable”.

Como señala Carla Escoffié (Nexos, 2022): “No es la presencia de extranjeros el problema, sino el modelo de ciudad que expulsa a sus propios habitantes por falta de regulación.”

El caso Ximena Pichel ("Lady Racista")

Episodio viral con ingredientes perfectos: clasismo, racismo, autoridad humillada, personaje extranjero. Quién se beneficia: políticos con discursos xenófobos, medios que capitalizan la viralidad, usuarios que refuerzan su polarización. La noticia no fue su insulto. Fue lo que representó: un símbolo catalizador de indignación emocional que nubló el análisis racional.

Campañas de desinformación organizadas

Actores nacionales (partidos, crimen organizado) y extranjeros (potencias con intereses geopolíticos) usan las redes como campo de batalla digital. Se difunden bulos, se descontextualizan hechos, se generan campañas de intoxicación informativa con bots y deepfakes. Según Freedom House (2023), México presenta condiciones de vulnerabilidad digital que facilitan la manipulación política y mediática a través de redes sociales.

¿CORTINA DE HUMO? LEYES, OVIDIO GUZMÁN Y LAS COINCIDENCIAS INCÓMODAS

"El control de la narrativa se ha vuelto un campo de poder estratégico: quien logra marcar la conversación pública, moldea la agenda política." — Ricardo Raphael, 2023

En el contexto mexicano actual, cada escándalo viral, cada episodio de indignación pública y cada tendencia en redes sociales deberían leerse con una pregunta de fondo: ¿qué está dejando de discutirse mientras todos miramos hacia un mismo punto?

La lógica de las amenazas híbridas y la desinformación incluye una táctica tan antigua como efectiva: la distracción. Cuando los ciudadanos y los medios concentran su atención emocional en un conflicto anecdótico, simbólico o polarizante, los actores de poder pueden aprovechar el momento para avanzar agendas sin escrutinio, aprobar reformas controvertidas o diluir responsabilidades en temas sensibles.

Dos casos recientes lo ejemplifican con claridad:

  1. Leyes aprobadas en el Congreso

En semanas recientes, el Congreso mexicano ha discutido y aprobado reformas relevantes en materia de seguridad, justicia, transparencia o estructura electoral. Algunas de ellas con impactos profundos en los equilibrios institucionales y los derechos ciudadanos.

Sin embargo, mientras estas leyes avanzaban, la conversación pública estuvo dominada por fenómenos como el caso de "Lady Racista", las protestas antigentrificación o los debates sobre extranjeros en zonas urbanas. No es necesario negar la importancia de estos eventos para reconocer lo obvio: opacaron el debate legislativo nacional.

  1. El caso Ovidio Guzmán

El manejo del caso Ovidio Guzmán —su captura, liberación, reaprehensión y posterior extradición— ha sido uno de los capítulos más opacos y politizados del sexenio. Involucra al crimen organizado, a la cooperación con Estados Unidos y a decisiones de seguridad con profundas implicaciones para la soberanía nacional. Sin embargo, muchos de los momentos clave del proceso han coincidido con intensas polémicas mediáticas que absorbieron la atención colectiva.

MECANISMOS DE DISTRACCIÓN Y MANIPULACIÓN

Las amenazas híbridas operan en esta línea: no necesitan mentir descaradamente, basta con reorganizar las prioridades del debate público. La viralización de episodios emocionales permite saturar la conversación, diluir la capacidad de indignarse por lo estructural y crear una atmósfera de tensión permanente, donde lo urgente siempre desplaza lo importante.

Tabla comparativa: lo que importa vs. lo que se discute

Tema estructural

Fenómeno viral dominante

Posible beneficio para el poder

Leyes clave en el Congreso

Casos de xenofobia o clasismo virales

Menor escrutinio público y mediático

Caso Ovidio Guzmán (narco y extradición)

Polémicas sobre parquímetros y gentrificación

Disminuye presión política y mediática

REFLEXIÓN CRÍTICA

No se trata de afirmar que cada episodio viral esté fabricado o controlado por un actor oculto. Pero cuando las coincidencias se repiten, y cuando los beneficiarios de la distracción son siempre los mismos, la sospecha no es paranoia: es lucidez política.

La pregunta no es si existe una cortina de humo, sino quién enciende el ventilador cuando el humo aparece. Y sobre todo: ¿a quién le conviene que estemos distraídos?

CONCLUSIÓN PARCIAL

Las amenazas híbridas no requieren tanques ni soldados. Les basta una tendencia viral, una indignación dirigida, y una ciudadanía con fatiga informativa. En ese terreno, los grandes temas de la agenda nacional pueden ser enterrados bajo montañas de ruido emocional.

Por eso, el deber de toda sociedad democrática no es solo protestar o reaccionar, sino también preguntar por lo que no se dice, por lo que se aprueba en silencio, por lo que se oculta detrás de cada trending topic.

lunes, 7 de julio de 2025

 



OTRA PERSPECTIVA

Radar apagado: El desmantelamiento silencioso de la protección climática en el siglo XXI

(Parte II de la serie “Cuando la Alerta Colapsa”)

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

Introducción

El primer ensayo nos permitió identificar una paradoja dolorosa: en un mundo cada vez más vulnerable a los desastres climáticos, los sistemas públicos diseñados para alertar y proteger a la población están siendo debilitados. Este nuevo texto se inserta como continuación crítica: ¿qué sucede cuando esos sistemas de alerta colapsan o son deliberadamente desmantelados? ¿Quién pierde, quién gana, y cómo se manifiesta el riesgo cuando ya no hay radar, voz ni prevención?

La ausencia de mantenimiento, la falta de coordinación institucional, el desmantelamiento técnico y los recortes presupuestarios dejan a millones de personas expuestas. Desde Texas hasta Tabasco, desde Bangladesh hasta Sonora, los testimonios humanos revelan una constante: cuando el Estado apaga sus sensores, la sociedad queda sola.

Este ensayo busca trazar paralelismos, exponer consecuencias y proponer rutas de solución frente a un fenómeno global que se disfraza de austeridad, pero desemboca en tragedia.

2. Casos de estudio internacionales: El debilitamiento de las alertas climáticas

Del análisis estructural a los casos concretos: así se manifiesta el radar apagado en el mundo.

Texas (julio 2025): Desbordamiento sin aviso

Las lluvias extremas en el centro de Texas desbordaron súbitamente el río Guadalupe, arrasando un campamento cristiano y dejando al menos cuatro menores fallecidos, decenas de heridos y múltiples desaparecidos. Las alertas fallaron. La infraestructura de vigilancia no respondió a tiempo, y la coordinación estatal se mostró caótica.

“El agua subió en minutos... no tuvimos tiempo de sacar nada.” —Lorena Guillén, sobreviviente
“Aplicamos estrategias de supervivencia con las niñas... No sabíamos si íbamos a salir de ahí.” —Monitoras mexicanas en el campamento Mystic
“Los árboles estaban destrozados, las casas arrasadas... la búsqueda fue a contrarreloj.” —Brigadista de rescate

Más allá del fenómeno natural, el colapso de la alerta fue institucional. Las deficiencias de mantenimiento, la saturación de canales y la falta de inversión previa en resiliencia expusieron una tragedia que pudo haberse mitigado.

Estados Unidos – NOAA bajo presión política

Durante la administración Trump, la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), encargada del sistema nacional de alertas meteorológicas, sufrió amenazas de recorte presupuestal de hasta el 17%. Se intentó eliminar programas satelitales esenciales y se redujeron fondos para investigaciones climáticas.

Uno de los episodios más preocupantes fue el “Sharpiegate” (2019), cuando la Casa Blanca alteró un mapa oficial para justificar un error del presidente sobre la trayectoria del huracán Dorian. Este hecho reveló la vulnerabilidad de los sistemas científicos frente a presiones políticas que comprometen la seguridad pública.

México: recorte ambiental en plena crisis climática

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2025 propone recortes de hasta el 40% al sector ambiental. La Conanp, encargada de las Áreas Naturales Protegidas, operará con apenas 10.2 pesos por hectárea. Profepa y ASEA, responsables de fiscalización y justicia ambiental, enfrentan una parálisis operativa.

Las consecuencias ya son visibles: en Tabasco, dos inundaciones severas en cinco años (2020 y 2025) dejaron a miles de familias afectadas. A pesar de la experiencia acumulada, la falta de actualización tecnológica y la fragmentación interinstitucional impidieron respuestas preventivas efectivas. La desaparición de fideicomisos también impactó negativamente la capacidad de acción inmediata.

Sur global: interdependencia y fragilidad estructural

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido que más del 60% de los países en África y el Caribe carecen de sistemas de alerta temprana eficaces. Muchos dependen de datos generados por agencias como la NOAA, EUMETSAT (Europa) o JMA (Japón). Esto significa que los recortes en los países centrales generan un efecto dominó global: la reducción de cobertura satelital y datos abiertos compromete la vigilancia climática en todo el planeta.

En América Latina, esta interdependencia se agrava por debilidad institucional interna. Muchos países no cuentan con marcos legales robustos para blindar sus sistemas meteorológicos ante recortes presupuestales, lo que los deja a merced del vaivén político.

Excepción positiva: Bangladesh y la alerta comunitaria

Bangladesh ha demostrado que, incluso con escasos recursos, la voluntad política puede traducirse en vidas salvadas. A través de un sistema comunitario de alertas compuesto por radios de manivela, megáfonos, bicicletas y voluntarios capacitados, el país ha logrado reducir en más del 90% la mortalidad por ciclones en tres décadas (UNDRR, 2021).

Este modelo descentralizado y accesible demuestra que no se necesitan satélites de última generación para prevenir desastres, sino coordinación, pedagogía del riesgo y participación ciudadana.

3. Consecuencias humanas: Cuando el radar se apaga, las lágrimas caen sin previo aviso

No se trata solo de presupuestos o satélites. Cuando los sistemas de alerta fallan —por omisión, por recorte o por negligencia— lo que se pierde son vidas, no cifras.

Durante las inundaciones de Tabasco en 2020 y 2025, comunidades como Jalpa de Méndez y Centla denunciaron la ausencia de alertas oficiales. La mayoría se enteró del riesgo por redes sociales o cuando el agua ya les llegaba al pecho. En algunos casos, los mensajes institucionales llegaron horas después de que las casas ya estaban sumergidas.

En Texas, tras el desbordamiento súbito del río Guadalupe en julio de 2025, los sistemas de radar fallaron por falta de mantenimiento y coordinación interestatal. El resultado fue devastador: campamentos arrasados, menores fallecidos, familias atrapadas.

“Escuché el agua y los gritos... Cuando llegó el helicóptero pensé que todo iba a estar bien.”
Niño rescatado en el campamento La Junta, Texas

“Era como una película. Se fue la luz a las 3 de la mañana y solo pensábamos en proteger a las niñas.”
Monitoras mexicanas en el campamento Mystic

“Los árboles estaban destrozados, las casas arrasadas... la búsqueda fue a contrarreloj.”
Brigadista de rescate

En estos escenarios, la diferencia entre la vida y la muerte se midió en minutos. Pero esos minutos no estaban respaldados por sensores ni protocolos activos.

Del otro lado del desastre, también hay silencios impuestos. Una guardaparques de la Conanp, despedida tras los recortes de 2024, lo resumió así:

“Nos quitaron el uniforme, pero no el compromiso. Solo que ahora nadie escucha lo que ya no podemos reportar.”

Su testimonio refleja la dimensión institucional del abandono: quienes tienen el conocimiento y la experiencia para prevenir riesgos han sido marginados por decisiones presupuestales cortoplacistas.

Porque cuando el radar se apaga, no solo falla una tecnología: colapsa una promesa básica del Estado moderno. Y con ella, la posibilidad de vivir con dignidad y seguridad en territorios cada vez más amenazados por el cambio climático.

4. Impacto económico sectorial: el costo de la desinformación

  • Agricultura: La FAO estima que el 34% de las pérdidas por desastres en América Latina afectan al sector agrícola. Sin datos oportunos, los agricultores siembran a ciegas, pierden cosechas y enfrentan crisis de deuda.
  • Seguros y reaseguros: Swiss Re reporta que los eventos extremos no anticipados generan hasta un 40% más de pérdidas netas. La falta de pronósticos precisos encarece las primas o deja a las regiones fuera del mercado.
  • Turismo: Regiones como Cancún, Acapulco o Veracruz dependen de información confiable para turistas y operadores. La pérdida de credibilidad puede generar cancelaciones masivas.
  • Energía y transporte: Fallas en alertas afectan rutas aéreas, abastecimiento eléctrico y decisiones estratégicas de inversión.

5. Privatización vs. derecho público al riesgo

En medio de la crisis climática global, un nuevo riesgo se cierne sobre la población: que la información crítica deje de ser pública y se convierta en una mercancía.

En 2019, The Weather Company (propiedad de IBM) restringió el acceso gratuito a su API meteorológica, afectando a miles de desarrolladores que usaban esos datos para construir sistemas de alerta temprana, en especial en países con bajo presupuesto estatal. Casos similares se han documentado en Sudáfrica, Filipinas y otros países del sur global, donde se ha explorado incluso el cobro por datos en tiempo real, afectando la capacidad de respuesta comunitaria y la equidad en el acceso a información crítica.

Como advierte Jorge Alberto Hidalgo Toledo (2024), “vivimos atrapados en el lenguaje, porque al mismo tiempo que nos permite habitar el mundo, lo delimita, lo recorta, lo condiciona.” Esta reflexión cobra fuerza en el contexto climático: cuando los datos son privatizados, silenciados o manipulados, no solo se apaga un radar técnico, sino también el lenguaje de la advertencia, la posibilidad de entender y anticipar. El riesgo deja de ser comunicable… y por tanto, prevenible.

La privatización de la información meteorológica no es un simple cambio de modelo de negocio: representa una amenaza directa a la justicia climática. En un contexto de desigualdad estructural, solo acceden a datos de calidad quienes pueden pagar, dejando a comunidades rurales, pueblos originarios y sectores precarizados sin herramientas para anticiparse.

Propuesta: Ley de Datos Climáticos Abiertos

Frente a esta amenaza silenciosa, urge construir un blindaje legal que garantice:

  • Acceso libre, oportuno y continuo a la información crítica sobre clima, fenómenos naturales y riesgos asociados.
  • Validación científica y transparencia en la generación y uso de los datos.
  • Protección ante usos especulativos o comercialmente excluyentes, que limiten su disponibilidad en contextos de emergencia.

El derecho a anticiparse es un derecho humano. No puede depender del saldo en la cuenta bancaria ni del interés de una empresa por monetizar el pronóstico. En una era de hiperconectividad, la información que salva vidas debe ser un bien común, no un privilegio.

6. Soluciones posibles: corresponsabilidad e innovación para un futuro más seguro

Frente al debilitamiento de los sistemas públicos de alerta, no basta con denunciar: hay que proponer. Y no cualquier propuesta, sino soluciones viables, sostenidas y basadas en corresponsabilidad entre Estado, sociedad y comunidad internacional.

Financiamiento innovador

Uno de los grandes retos de los sistemas de vigilancia climática es su sostenibilidad presupuestaria. Para ello, se requiere:

  • Bonos verdes y de impacto social, orientados a financiar infraestructura de alertamiento, estaciones meteorológicas comunitarias y tecnologías resilientes.
  • Cooperación triangular (Sur-Sur), especialmente con países que han demostrado efectividad con pocos recursos, como Bangladesh, Kenia o Vietnam.
  • Alianzas público-comunitarias, donde el Estado brinda soporte técnico y la comunidad aporta monitoreo territorial, como ha ocurrido en Filipinas con programas de alertas locales frente a tifones.

 Blindaje legal e institucional

El riesgo de que cada sexenio recorte, desmantele o politice las instituciones de vigilancia puede mitigarse mediante:

  • Reformas constitucionales o legales que establezcan mínimos operativos protegidos para organismos clave como CONAGUA, SMN, Conanp o Profepa, independientemente del gobierno en turno.
  • Creación de fondos soberanos para emergencias climáticas, con reglas claras de asignación y auditoría pública.
  • Instrumentación de una Ley de Datos Climáticos Abiertos, como se propuso en el bloque anterior, para asegurar transparencia, continuidad y acceso universal.

Ciencia ciudadana: monitoreo desde el territorio

La vigilancia climática no es tarea exclusiva del Estado. En muchos casos, la comunidad es la primera en detectar el cambio, y puede convertirse en un actor estratégico si se le dota de herramientas:

  • Redes comunitarias de monitoreo, apoyadas por universidades o gobiernos locales, pueden nutrir de datos en tiempo real los sistemas nacionales.
  • Plataformas como Ushahidi (usada en África para mapear desastres) o Alerta Temprana Participativa (América Latina) demuestran que con celulares, radios y organización es posible construir alertas efectivas desde abajo.
  • Aplicaciones móviles como AlertaMX o OpenAlert, combinadas con saberes locales (ciclos de lluvia, comportamiento animal, niveles de ríos), potencian una inteligencia colectiva con base tecnológica y cultural.

Corresponsabilidad significa pasar del modelo vertical al modelo colaborativo: donde el gobierno garantiza, pero la comunidad participa; donde la tecnología ayuda, pero no sustituye al juicio humano; donde el financiamiento fluye con transparencia y visión de largo plazo.

El futuro de la alerta climática no está solo en más sensores, sino en más vínculos.

7. Llamado ético y político: el silencio también mata

Silenciar los sensores no cancela el riesgo. Solo lo disfraza.

Recortar presupuestos climáticos no genera ahorro. Genera dolor.

Apagar una alerta hoy es multiplicar funerales mañana.

En el siglo XXI, la vulnerabilidad climática no es solo un fenómeno natural, sino también una consecuencia política. Cada peso recortado a la vigilancia temprana, cada antena desconectada, cada guardaparques despedido o estación meteorológica abandonada, se transforma —tarde o temprano— en gasto humanitario, pérdida económica y duelo colectivo.

“Quien recorta la alerta, amplifica el daño.”

No se trata solo de eficiencia administrativa o racionalidad presupuestaria. Se trata de dignidad humana, derecho a la vida y equidad intergeneracional. La información sobre el riesgo no puede ser privilegio ni moneda de cambio electoral. Debe ser garantía constitucional, como lo es el acceso al agua o la salud.

“El derecho a saber, a anticiparse y a protegerse no puede depender del ciclo presupuestal.”

En Tabasco, en Texas, en el sur de Asia o en las sierras mexicanas, las sirenas apagadas no evitaron la tormenta. Solo evitaron que muchos pudieran huir a tiempo.

Un Estado que no previene, abandona.
Y una sociedad que no exige prevención, se condena a vivir de luto cíclico.

Apagar el radar —por negligencia o por cálculo— puede ser más letal que la tormenta misma.

8. Bibliografía y fuentes consultadas

Organismos multilaterales y agencias internacionales

  • IPCC. (2023). Sixth Assessment Report (AR6). Intergovernmental Panel on Climate Change.
  • UNDRR. (2021). Global Assessment Report on Disaster Risk Reduction.
  • World Meteorological Organization (WMO). (2023). State of Climate Services: Early Warning Systems.
  • FAO & CEPAL. (2022). Impactos del cambio climático en la agricultura y seguridad alimentaria en América Latina.
  • United Nations Office for South-South Cooperation (UNOSSC). (2020). Cooperation in Climate Resilience.

Estudios académicos y literatura especializada

  • Hidalgo Toledo, J. A. (2024). Lenguaje programado, mundo domesticado: inteligencia artificial y desinformación. Anáhuac México.
  • Wisner, B., Blaikie, P., Cannon, T., & Davis, I. (2004). At Risk: Natural Hazards, People’s Vulnerability and Disasters. Routledge.
  • Cutter, S. (2016). The landscape of disaster resilience indicators in the USA. Natural Hazards Review.
  • Ramos, A. & Rodríguez, M. (2021). Política ambiental en México: desmantelamiento institucional y crisis ecológica. UNAM.

Informes gubernamentales y datos oficiales

  • NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration). (2020-2024). Reportes anuales de fenómenos extremos.
  • INEGI. (2024). Estadísticas de daños por fenómenos naturales en México (2020-2023).
  • Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). (2024). Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2025.
  • CONANP y PROFEPA. (2023). Diagnóstico interno sobre capacidad operativa y recursos humanos.

Fuentes periodísticas y testimonios

  • CNN en Español. (2025, julio). Inundaciones en Texas: testimonios y cifras oficiales tras la tragedia en campamentos juveniles.
  • El País. (2024). México recorta un 40% del presupuesto ambiental pese a la crisis climática.
  • Reforma. (2023). Guardaparques denuncian abandono institucional tras recortes en Conanp.
  • The Guardian. (2019). IBM’s Weather Company cuts public access to real-time weather data.
  • Entrevistas directas: Lorena Guillén (Texas), guardaparques Conanp (México), brigadistas en Centla (Tabasco).


 

OTRA PERSPECTIVA

Radar apagado: el desmantelamiento silencioso de la protección climática en el siglo XXI

(Parte I de la serie “Cuando la Alerta Colapsa”)

Opinión de José Rafael Moya Saavedra

I. Introducción: Cuando el Estado apaga el radar

El desastre por inundaciones en Texas no solo expuso una tragedia natural: reveló una tragedia institucional. La falta de alerta, los sistemas obsoletos y la ausencia de coordinadores no fueron casualidad. Fueron consecuencia directa de una decisión política: desmantelar la NOAA, recortar su presupuesto, despedir personal clave y eliminar programas críticos de monitoreo (Zaveri & Kasakove, 2024; NOAA, 2025).

Este ensayo propone leer este hecho como parte de una tendencia global: la retirada deliberada del Estado de su función de cuidado climático. Desde Estados Unidos hasta México, pasando por otros países del Sur Global, se observa un debilitamiento estructural de los sistemas públicos de vigilancia ambiental, ciencia meteorológica y protección ante desastres. Este proceso no solo erosiona la capacidad de anticipar lo extremo, sino que deja en mayor riesgo a quienes ya viven en la línea de fuego del cambio climático: las comunidades vulnerables (UNDRR, 2022).

II. Texas 2025: la tormenta que predijo el desmantelamiento

En marzo de 2025, la NOAA despidió a 880 trabajadores. En julio, el Congreso aprobó un presupuesto que eliminó la Oficina de Investigación Oceánica y Atmosférica y redujo en 75% el financiamiento de programas de monitoreo y predicción meteorológica (White House Budget Office, 2025). Además:

  • Se cerraron 10 laboratorios científicos y 16 institutos cooperativos.
  • Se eliminaron programas sobre CO₂ atmosférico, investigación de huracanes y datos climáticos regionales.
  • Se redujo el número de radiosondas lanzadas diariamente y se deterioró la red de boyas y estaciones terrestres.

Estas decisiones se hicieron tangibles durante las inundaciones en el condado de Kerr, Texas, donde 34 personas murieron por la falta de alertas oportunas y evacuaciones coordinadas (Texas Tribune, 2025).

 Caso de análisis: ¿Qué pasó con las alertas en Texas?

Aunque el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) emitió varias advertencias, el sistema resultó insuficiente. A continuación, una cronología que expone las limitaciones del sistema en su momento más crítico:

  • 3 de julio, 1:18 p.m.: Alerta de inundación para Kerr y condados cercanos.
  • 3 de julio, 11:41 p.m. y 4 de julio, 1:14 a.m.: Alertas de inundación repentina para Bandera y Kerr, calificadas de “considerables”.
  • 4 de julio, 4:03 a.m.: Alerta urgente para evacuar a zonas elevadas.

Este último aviso —el más crítico— se emitió cuando la mayoría de la población dormía. Además, muchos residentes reportaron no haber recibido las alertas en sus teléfonos móviles por falta de cobertura, mientras que otros las ignoraron debido a la saturación previa de mensajes que rara vez se traducen en peligro real.

Kerr County no cuenta con sirenas ni sistemas de alerta masiva; su instalación fue descartada en años anteriores por considerarse costosa. Así, la combinación de avisos tardíos, fallas en la comunicación y ausencia de infraestructura local dejó a la población sin advertencia efectiva en el momento más crítico.

Funcionarios del condado reconocieron que la magnitud del evento fue inesperada, pero los meteorólogos del NWS insistieron en que las advertencias sí se emitieron y que la falta de acción se debió a la desconexión local en la reacción institucional.

Conclusión: No fue que no existieran alertas… sino que el sistema actual resultó incapaz de convertirlas en decisiones operativas y protección efectiva.

III. Paralelismo mexicano: vigilancia climática en retirada

Este mismo año, México aprobó un recorte del 40% al presupuesto ambiental federal, con impactos devastadores:

  • SEMARNAT operará con 44 mil millones de pesos, frente a los 70 mil millones de 2024.
  • CONANP sufrió un recorte del 42%, dejando solo 10.2 pesos por hectárea para proteger más de 100 millones de hectáreas.
  • PROFEPA y ASEA enfrentan reducciones del 14% y 15%, limitando su capacidad de fiscalización.

Aunque aumentó el número de Áreas Naturales Protegidas (de 174 a 232), el presupuesto no creció en proporción. En muchos casos, los guardaparques carecen de gasolina, equipo o personal, mientras enfrentan amenazas como incendios, tala ilegal o ocupaciones.

El caso del santuario de la ballena gris en Baja California Sur es emblemático: recibió solo 239 mil pesos para cuidar casi dos millones de hectáreas (González, 2025).

IV. Una tendencia global con consecuencias comunes

El debilitamiento de los sistemas públicos de alerta no es exclusivo de América del Norte. En el Sur Global se suman factores como:

  • Deuda estructural que limita el gasto público.
  • Reducción de cooperación internacional para adaptación climática.
  • Dependencia de datos generados por agencias como la NOAA, cuya reducción afecta globalmente.

La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el 50% de los países no cuenta con sistemas integrales de alerta, y que 24 horas de anticipación pueden reducir los daños en 30% (OMM, 2023). Por su parte, la Agencia Meteorológica Europea expresó en 2025 su preocupación por los recortes estadounidenses, señalando que:

"La cooperación científica global se debilita si uno de los pilares colapsa." (EMM, 2025)

Las consecuencias son claras:

  • Disminución de la precisión de pronósticos.
  • Aumento de muertes evitables.
  • Crecimiento de la desigualdad ambiental.
  • Fragilidad en los compromisos multilaterales como el Acuerdo de París y la COP29.

V. IA sin datos = falsa seguridad

La promesa de una inteligencia artificial climática capaz de predecir eventos extremos colapsa sin datos confiables. Los algoritmos aprenden de redes de observación, pero si estas se deterioran, la IA opera en ceguera parcial.

Como advierte Maskrey (2021):

“La tecnología sin comunidad y sin institución se convierte en espectáculo, no en solución.”

Además, privatizar los datos climáticos o reducir el acceso público genera inequidad y pone en riesgo sectores críticos: agricultura, aviación, seguros, infraestructura, salud pública. La ciencia climática no puede depender de intereses comerciales o modas tecnológicas.

VI. Conclusión: Apagar el radar no ahorra, condena

El desmantelamiento de la NOAA, los recortes en México y la reducción de cooperación internacional deben interpretarse como señales de alerta democrática. Gobernar no es solo equilibrar presupuestos: es proteger vidas y territorios.

Apagar el radar climático no ahorra dinero: traslada el costo a los hogares, los hospitales, los campos agrícolas y las morgues. La protección climática no es un lujo: es una obligación moral, científica y política.

Los sistemas de alerta temprana, la ciencia meteorológica y la vigilancia ambiental deben ser reconocidos como bienes públicos esenciales, estratégicos e irrenunciables. Reforzarlos no es solo una política sensata: es un acto de justicia intergeneracional.

Referencias

  • Zaveri, M. & Kasakove, S. (2024). Texas floods highlight gaps in alert systems and coordination. The New York Times.
  • NOAA. (2025). Budget Reduction Report and Operational Impact Overview. Internal Memorandum.
  • White House Budget Office. (2025). Federal Budget Summary 2025.
  • NWS. (2025). Public Information Statement – South Central Texas Floods.
  • Texas Tribune. (2025). Inundaciones mortales en Kerr County: cómo falló la alerta temprana.
  • Gaceta Parlamentaria. (2024). Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2025. Cámara de Diputados.
  • González, L. (2025). Áreas Naturales Protegidas en México: Presupuesto y vulnerabilidad. Revista de Política Ambiental.
  • OMM. (2023). Informe Mundial sobre Servicios de Alerta Temprana.
  • UNDRR. (2022). Global Status Report on Early Warning Systems.
  • EMM. (2025). Declaración pública sobre cooperación científica y recortes en agencias climáticas.
  • Maskrey, A. (2021). Desastres sin espectadores: gestión del riesgo en tiempos de espectáculo. CLACSO.

domingo, 6 de julio de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Abrazadas bajo un árbol: Espejo de un país que ha perdido el rumbo

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

El sábado 5 de julio de 2025, en un paraje agrícola de la costa de Hermosillo, tres niñas fueron encontradas abrazadas, sin vida, bajo la sombra de un árbol. Tenían entre 6 y 12 años. Su madre había sido localizada muerta un día antes, en la misma carretera. El crimen, según la Fiscalía, fue cometido por la pareja sentimental de la madre, presunto integrante de un grupo delictivo. Los cuerpos fueron hallados gracias a una denuncia anónima, seguida por la acción valiente del colectivo Buscadoras por la Paz.

Pero más allá de las cifras, más allá del protocolo forense y las ruedas de prensa, hay una imagen que hiere el alma del país: tres niñas abrazadas hasta el final, como si en su último gesto intentaran protegerse de un mundo que no supo protegerlas.

Este no es solo un caso más. Es una tragedia bisagra. Un parteaguas moral. Una fotografía brutal de lo que sucede cuando la violencia entra al hogar, cuando el crimen organizado penetra lo íntimo, y cuando el Estado —en sus distintos niveles— falla como garante del bien común.

Un país donde la infancia ya no es sagrada

No hay símbolo más potente del extravío nacional que el asesinato de niñas. Significa que hemos roto el pacto más elemental de humanidad. Significa que ya no existe refugio seguro. Ni siquiera en los brazos de una madre. Ni siquiera bajo la sombra de un árbol.

México está perdiendo la batalla por su futuro, no porque carezca de recursos o inteligencia, sino porque ha normalizado la desaparición, el feminicidio y el abandono institucional. Porque calla ante la injusticia cotidiana. Porque convierte el horror en estadística.

Cuando el Estado no previene, también es responsable

La gestión del riesgo no puede limitarse a huracanes o sismos. El riesgo social —ese que se enraíza en la pobreza, la impunidad, el machismo y el crimen organizado— mata más vidas al año que cualquier fenómeno natural.

¿Dónde estaban las alertas tempranas de violencia intrafamiliar?
¿Quién levantó la voz cuando las amenazas se convirtieron en hechos?
¿Por qué se sigue pensando que la seguridad es asunto de balas y no de cuidados?

No basta con investigar. Se necesita reconstruir la protección. Porque lo que está roto no es solo una familia: es la confianza en que vivir en México no equivale a estar en peligro.

🛑 No basta el duelo. Urge un cambio

Este crimen debe doler. Pero también debe movernos. Urge blindar la infancia con algo más que discursos:

  • Centros de atención temprana a la violencia familiar.
  • Protección efectiva de mujeres amenazadas.
  • Redes de seguridad vecinal, escolar y comunitaria.
  • Coordinación real entre fiscalías, policías y sociedad civil.

Y, sobre todo, una voluntad política que entienda que la vida de una niña vale más que cualquier cálculo electoral.

 

✝️ Epílogo: El árbol como altar

Ese árbol que las resguardó, aunque no pudo salvarlas, ha quedado sembrado en nuestra conciencia colectiva. Que no se convierta en una tumba simbólica más. Que sea un altar civil donde la sociedad se comprometa a que nunca más.

Porque no fueron solo tres niñas. Fueron nuestras hijas. Fueron el espejo de un país que, si no despierta, seguirá enterrando su esperanza con cada fosa que abre.

 


OTRA PERSPECTIVA

Fallas estructurales en sistemas de alerta temprana en contextos federales

Opinion de jose Rafael Moya Saavedra

Preámbulo: La tragedia que no suena

Cuando una comunidad queda atrapada por una inundación sin previo aviso, no solo se evidencian las fuerzas de la naturaleza, sino también las grietas del sistema que debió protegerla. Las consecuencias detectadas en múltiples regiones del mundo —desde Texas hasta Tabasco, pasando por la Comunidad Valenciana en España— apuntan a un patrón común: fallas estructurales que van más allá de lo técnico y que tienen raíces institucionales, políticas y humanas.

En muchos casos, los sistemas de alerta temprana existen en el papel, pero no en la práctica. Las sirenas están oxidadas, los radios están apagados, y los protocolos de evacuación nunca se ensayaron. La comunicación entre niveles de gobierno es errática o inexistente, y la ciudadanía no sabe cómo actuar ante un mensaje de alerta que llega tarde, mal o nunca. Esta desconexión entre el saber técnico y la acción operativa es la verdadera tragedia que acompaña a los fenómenos naturales.

I. Introducción

Las alertas tempranas se han convertido en una herramienta esencial dentro de la gestión integral del riesgo. No solo buscan advertir sobre un peligro inminente, sino que deben activar una cadena de respuestas institucionales y comunitarias capaces de mitigar el daño. En contextos federales, donde la distribución de competencias y responsabilidades es compleja, la eficacia de estos sistemas se ve comprometida por una serie de fallas estructurales que van desde la fragmentación normativa hasta la desarticulación operativa (Lavell, 2003).

Lo sucedido recientemente en Texas, con lluvias extraordinarias que desbordaron la capacidad de respuesta institucional, es un ejemplo paradigmático. Aunque se contaba con información meteorológica y advertencias progresivas, la falta de coordinación, infraestructura y protocolos claros impidió una respuesta efectiva, dejando a comunidades vulnerables sin defensa ante lo inevitable (Zaveri & Kasakove, 2024).

II. Fallas estructurales comunes en sistemas federales

  1. Fragmentación de competencias

En los sistemas federales, cada estado, provincia o municipio suele tener grados distintos de autonomía y capacidad. Esto genera una asimetría operativa que impide respuestas homogéneas y eficaces. La subsidiariedad, cuando no está acompañada de una estrategia nacional que articule esfuerzos, se convierte en un obstáculo (Wisner et al., 2004).

  1. Debilidad en la cadena de mando y coordinación vertical

La emisión de una alerta no garantiza su ejecución si no existen mecanismos claros de coordinación vertical. La cadena de decisiones suele estar fragmentada y sin protocolos comunes. Esto genera zonas grises de responsabilidad donde cada nivel de gobierno espera que otro actúe primero. La consecuencia es una parálisis operativa en momentos críticos (UNDRR, 2022).

  1. Ausencia de inversión sostenida

Los sistemas de alerta temprana requieren mantenimiento, actualización y capacitación continua. Sin embargo, la mayoría de los presupuestos asignados a protección civil son reactivos, no preventivos. La falta de inversión sostenida, especialmente en tecnología y equipamiento para zonas rurales o de bajo perfil mediático, es una falla estructural constante (Maskrey, 2011).

  1. Falta de profesionalización y continuidad técnica

Muchos puestos clave en la operación de alertas están ocupados por personas sin perfil técnico adecuado, o están vacantes por recortes presupuestales. La alta rotación de personal debilita la memoria institucional y dificulta la mejora continua. La protección civil no puede depender de voluntarismos o improvisaciones.

  1. Limitada apropiación comunitaria del sistema

Una alerta no tiene valor si la población no sabe qué hacer con ella. La falta de educación para la respuesta, sumada a la "fatiga de alertas" por notificaciones excesivas o poco precisas, genera indiferencia y desconfianza (AEMET, 2023). La participación comunitaria y los liderazgos locales deben ser parte integral del sistema de alerta temprana.

III. El caso Texas y el espejo mexicano

La reciente emergencia en Texas pone en evidencia estas fallas. A pesar de contar con tecnología de punta en predicción meteorológica, no se anticipó con precisión la ubicación ni la magnitud del desastre. Condados sin sirenas, falta de personal especializado, cobertura limitada de redes celulares, y ausencia de evacuaciones obligatorias reflejan una cadena de omisiones estructurales (NWS, 2024).

Este caso tiene ecos en México: municipios sin radios de alerta, sistemas de megafonía descompuestos, comités de protección civil sin capacitación y una falta crónica de presupuesto. La desarticulación institucional y la baja prioridad del riesgo en la agenda política replican el mismo patrón de vulnerabilidad (Arce & Román, 2022).

IV. Casos comparativos: Texas, las DANAs en España y Tabasco como espejo

Los sistemas de alerta temprana en contextos federales o descentralizados se enfrentan a desafíos similares, independientemente del continente o del nivel de desarrollo económico. El análisis comparativo de tres casos —Texas (EE.UU.), DANAs en España y Tabasco (México)— permite evidenciar patrones estructurales comunes y diferenciar matices en la gestión del riesgo.

🌀 Texas (EE.UU.): Tecnología sin articulación En mayo de 2024, Texas sufrió lluvias extremas que superaron ampliamente los pronósticos: se esperaban entre 12 y 18 cm, pero en algunas zonas cayeron hasta 38 cm. Aunque el Servicio Meteorológico Nacional contaba con datos, modelos y alertas, muchos condados como Kerr carecían de sirenas, protocolos de evacuación o personal especializado. La falta de coordinadores y la fragmentación de responsabilidades impidieron traducir los datos en decisiones efectivas. El resultado: comunidades atrapadas sin aviso, con víctimas y daños evitables (Zaveri & Kasakove, 2024).

🌧️ DANAs en España: Saturación de alertas y descoordinación local España ha vivido episodios críticos con las llamadas DANAs, especialmente en la Comunidad Valenciana y Murcia. Si bien el sistema meteorológico AEMET emite alertas con antelación, en varias ocasiones ha habido desfase entre la alerta técnica y la respuesta municipal o autonómica, debido a diferencias de criterio, falta de previsión en planes de emergencia y una confianza excesiva en modelos probabilísticos (Alcántara-Ayala, 2022). A ello se suma la fatiga de alertas, fenómeno que ha generado desatención social ante eventos reiterativos. En zonas turísticas, la falta de cultura del riesgo entre visitantes y prestadores de servicios también ha sido determinante.

🌊 Tabasco (México): Crónica de una inundación repetida En el caso de Tabasco, las inundaciones se repiten con dramática regularidad, especialmente en la cuenca del Grijalva y el Usumacinta. Las alertas se emiten —a veces con precisión—, pero el problema radica en la estructura institucional descoordinada entre CONAGUA, CENAPRED, gobiernos estatales y municipales. No existe una verdadera articulación operativa. La infraestructura de contención (presas, bordos, drenes) está rebasada o mal gestionada, y las poblaciones en zonas inundables no siempre son evacuadas a tiempo por falta de protocolos claros o de voluntad política (CENAPRED, 2021).

Conclusión del comparativo

Estos tres casos revelan que:

  • El exceso o la ausencia de tecnología no sustituye a la capacidad operativa y la coordinación interinstitucional.
  • Los sistemas federales o descentralizados tienden a delegar sin supervisar, generando brechas críticas entre la alerta y la acción.
  • La fatiga social, la falta de apropiación comunitaria y la ausencia de inversión preventiva debilitan cualquier sistema de alerta, por más moderno que sea.

🛎️ La alerta funciona no cuando se emite, sino cuando activa una reacción eficaz, oportuna y humana.

V. IA y gobernanza del riesgo: tecnología sin decisión

Aunque hoy se dispone de modelos predictivos basados en inteligencia artificial (IA) capaces de anticipar eventos extremos con notable precisión, el caso de Texas demuestra que la verdadera falla no radica en la tecnología, sino en la decisión. La IA puede predecir una tormenta, pero no puede ordenar una evacuación.

En Texas, se contaba con algoritmos y proyecciones casi en tiempo real. Sin embargo, no había coordinadores de alerta, no se activaron sistemas de evacuación ni se usaron canales comunitarios efectivos. Esto pone en evidencia una paradoja: la hiperinteligencia técnica desconectada de una gobernanza funcional se convierte en una herramienta estéril.

La IA no sustituye la acción política, la capacitación comunitaria ni la corresponsabilidad entre niveles de gobierno. Es solo un componente más del ecosistema de la gestión del riesgo. Cuando se la idolatra o se confía ciegamente en ella sin fortalecer las estructuras institucionales, su potencial se desperdicia.

Una IA brillante no puede iluminar instituciones opacas. La verdadera resiliencia exige integración tecnológica, decisión oportuna, coordinación interinstitucional y apropiación comunitaria.

 

 

VI. Propuestas para superar estas fallas

  1. Estrategia nacional unificada con adaptación local Un sistema federal necesita un marco rector que fije estándares mínimos y protocolos comunes, sin anular la autonomía local. La articulación debe ser vinculante y evaluada periódicamente.
  2. Corresponsabilidad efectiva entre niveles de gobierno Las funciones deben estar claramente definidas, y acompañadas de recursos. La corresponsabilidad no puede ser retórica; debe reflejarse en presupuestos, tiempos de reacción y rendición de cuentas.
  3. Indicadores de eficiencia del sistema de alerta Más allá de emitir alertas, se deben medir tiempos de respuesta, cobertura poblacional, comprensión del mensaje y acción efectiva. Los indicadores deben ser públicos y auditables.
  4. Capacitación técnica especializada y continua Es necesario profesionalizar la protección civil. Cada puesto debe tener un perfil definido, formación constante y estabilidad laboral que permita consolidar experiencia.
  5. Canales redundantes y apropiación comunitaria No se puede depender solo del celular. Se requieren canales alternos: sirenas, radios comunitarias, brigadas vecinales, alertas por altavoces y sistemas territoriales de monitoreo. La comunidad debe ser parte del sistema, no solo su destinataria.

 

VII. Conclusión

Las fallas en los sistemas de alerta temprana en contextos federales no se deben exclusivamente a errores técnicos o fallas humanas. Son el reflejo de estructuras fragmentadas, decisiones postergadas y una cultura institucional más reactiva que preventiva. Si no se corrigen estas fallas estructurales, seguiremos confiando en la suerte más que en la prevención.

Porque en la gestión del riesgo, la omisión estructural también mata.

Referencias bibliográficas

  • AEMET. (2023). Informe sobre eventos extremos asociados a DANAs. Gobierno de España.
  • Alcántara-Ayala, I. (2022). Riesgos naturales y decisiones humanas: gobernanza del riesgo en Europa. Revista de Estudios Europeos, 89(3), 45–62.
  • Arce, E., & Román, M. (2022). El riesgo hídrico y la gestión pública en Tabasco: entre la recurrencia y la omisión. Revista Mexicana de Protección Civil, 14(1), 23–38.
  • CENAPRED. (2021). Atlas Nacional de Riesgos – Inundaciones en Tabasco. Gobierno de México.
  • Lavell, A. (2003). La gestión local del riesgo: conceptos y prácticas. LA RED.
  • Maskrey, A. (2011). Revisiting community-based disaster risk management. Environmental Hazards, 10(1), 42–52.
  • National Weather Service (NWS). (2024). Public Information Statement – South Central Texas Floods. NOAA.
  • UNDRR. (2022). Global Status Report on Early Warning Systems: Target G – Global Assessment Report. United Nations Office for Disaster Risk Reduction.
  • Wisner, B., Blaikie, P., Cannon, T., & Davis, I. (2004). At Risk: Natural Hazards, People’s Vulnerability and Disasters. Routledge.
  • Zaveri, M., & Kasakove, S. (2024, May 3). Texas floods highlight gaps in alert systems and coordination. The New York Times.

sábado, 5 de julio de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

🕯️ El lenguaje tembló… y el mundo se abrió como posibilidad

Reflexión por Jose Rafael Moya Saavedra

Hubo un tiempo —no tan lejano— en que el lenguaje servía para decir lo sagrado. No para vender. No para programar.
Se hablaba con temblor.
Las palabras no eran contenido: eran casa, herida, oración.

Pero luego vinieron los algoritmos, las frases empaquetadas, las metáforas muertas.
Y el lenguaje empezó a repetirse como eco sin alma.
La palabra ya no revelaba: simulaba.
Ya no abría mundos: los organizaba en catálogos.

📉 Las metáforas se volvieron uniformes.
📲 Los poemas, hashtags.
🤖 Y la creación, un cálculo sin vértigo.

Hasta que alguien —tal vez un poeta, un loco, un niño— volvió a temblar al decir.
Dijo “pan”, y pensó en el hambre.
Dijo “luz”, y recordó el miedo.
Dijo “nosotros”, y sintió que no estaba solo.

Y en ese instante, cuando el lenguaje volvió a estremecerse…
🌍 el mundo se abrió como posibilidad.
Como cuando el cuerpo tiembla antes de un abrazo.
Como cuando el alma se asoma antes de rendirse.

Porque aún en la era del algoritmo, hay palabras que no obedecen.
Hay metáforas que no se dejan domesticar.
Hay voces que, al temblar, nos devuelven el milagro de estar vivos.

🛡️ Que no se nos olvide:
No es el dato lo que salva.
Es el temblor.
Es la palabra encarnada, vivida, llorada.

Y cuando el lenguaje vuelve a doler y a amar…
Dios vuelve a pasar,
por el susurro de un verso.

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