jueves, 4 de junio de 2026

 


OTRA PERSPECTIVA

Mundial 2025, cierto olor a podrido

El Mundial bajo tres cinturones

Lo que revela el Plan de Seguridad de la Ciudad de México para la Copa Mundial 2026

Por Jose Rafael Moya Saavedra

 

El Mundial 2026 no sólo llegará a la Ciudad de México con balones, pantallas gigantes, camisetas, turistas y discursos festivos.

Llegará también con cinturones de seguridad, filtros de revisión, cierres viales, vigilancia tecnológica, drones, fuerzas federales, control de accesos, códigos QR para residentes y polígonos de última milla.

Eso es lo que revela el Plan de Seguridad para el Estadio Ciudad de México, FIFA Fan Festival Zócalo y festivales futboleros durante la Copa Mundial FIFA 2026, elaborado para la operación de seguridad en la capital del país. El documento no es menor: muestra que la fiesta mundialista será administrada como una operación urbana de alta complejidad y no únicamente como un evento deportivo.

SSC - Plan de Seguridad CMF 2026 (Estadio, Zócalo y Festivales

 futboleros)vf.pptxhttps://almomento.mx/videos/plan_de_seguridad.pdf

La primera cifra llama la atención: el estado de fuerza de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México contempla 56,320 elementos, de los cuales 46,835 estarán vinculados a lugares estratégicos y traslados como aeropuerto, centros de entrenamiento, hoteles, zonas turísticas y movilidad de selecciones. Para el Estadio Ciudad de México y el FIFA Fan Festival Zócalo se prevé un despliegue total de 11,219 personas y 1,021 vehículos, integrando SSC, Fuerza de Tarea Conjunta, Gobierno de la Ciudad y Cruz Roja.

Esto confirma una idea central: el Mundial ya no se gestiona sólo desde la lógica del entretenimiento, sino desde una lógica de seguridad territorial.

El estadio como zona controlada

Para el Estadio Ciudad de México, el plan contempla cinco fechas clave: 11, 17, 24 y 30 de junio, además del 5 de julio. El aforo previsto es de 82,287 personas por partido. La operación incluye un polígono de última milla alrededor del recinto y un estado de fuerza de 7,808 personas y 682 vehículos.

La última milla es uno de los conceptos más relevantes del documento.

En apariencia, se presenta como una medida para ordenar desplazamientos, reducir interferencias entre modos de transporte y garantizar seguridad, accesibilidad y eficiencia. Pero en términos urbanos también implica algo más delicado: la transformación temporal de una zona habitada en un territorio regulado por criterios extraordinarios de acceso, circulación y control.

El propio plan establece que al polígono sólo podrán ingresar peatones con boleto o personas que acrediten residencia; vehículos acreditados para el estadio o residentes con identificación correspondiente; y, en caso de emergencia, bomberos, ambulancias y patrullas. Los residentes deberán contar incluso con un código QR único expedido por la Alcaldía Coyoacán para la identificación y acceso autorizado de cada vehículo.

La pregunta es inevitable:¿Dónde termina la organización necesaria y dónde empieza la suspensión práctica de la vida cotidiana?

La ciudad cerrada por anticipado

El operativo contempla restricciones temporales y graduales de circulación vehicular los días de partido: cierre parcial 10 horas antes y cierre total 6 horas antes, con excepción del juego inaugural, donde el cierre parcial iniciaría desde las 23:00 horas del 10 de junio y el cierre total a las 05:00 horas del jueves 11.

Esto significa que el impacto no se reducirá al horario del partido.

La operación comenzará muchas horas antes y modificará la movilidad de colonias, comercios, trabajadores, residentes, servicios de transporte y actividades ordinarias. Se anuncian tres cinturones de movilidad, rutas semipeatonales, bahías de ascenso y descenso para taxis y servicios de aplicación, puntos de viaje en bicicleta y alternativas viales.

El lenguaje técnico es correcto.

Pero el efecto social puede ser mucho más amplio.

Porque cuando una ciudad se reorganiza alrededor de un espectáculo global, el habitante cotidiano corre el riesgo de convertirse en obstáculo operativo.

El Zócalo como dispositivo de concentración masiva

El FIFA Fan Festival Zócalo operará del 11 de junio al 19 de julio de 2026, con acceso controlado y gratuito para hasta 60,000 personas en la plancha del Zócalo. El estado de fuerza previsto es de 3,411 personas y 339 vehículos.

El dispositivo contempla tres cinturones de seguridad, siete filtros de revisión, dos puntos de ingreso —20 de Noviembre y Pino Suárez—, monitoreo por videovigilancia y salidas de emergencia ante incidentes.

El Zócalo será, una vez más, el gran escenario de la capital.

Pero también será una zona de control.

La plaza pública por excelencia será convertida en un espacio de acceso administrado, con filtros, cupos, revisión visual, revisión obligatoria, detectores de metal, revisión de mochilas, objetos voluminosos e incluso revisión corporal si se considera necesario.

La fiesta gratuita tendrá puertas.

Y esas puertas tendrán vigilancia.

Los festivales futboleros: el punto más vulnerable

El plan contempla 18 festivales futboleros en las 16 alcaldías, con actividades culturales, deportivas y transmisión gratuita de partidos del 11 de junio al 19 de julio, en horario de 11:00 a 21:00 horas. Cada sede podrá recibir hasta 2,000 personas.

Aquí aparece una de las zonas más sensibles del documento.

Para estos festivales se prevé un estado de fuerza de 291 elementos y 75 vehículos: 102 en seguridad preventiva, 47 en inteligencia, 122 en seguridad vial, 10 de atención prehospitalaria pie tierra y 10 para pruebas amistosas.

Si multiplicamos 18 sedes por hasta 2,000 personas, estamos hablando de una capacidad potencial de 36,000 asistentes distribuidos en distintos puntos de la ciudad.

La pregunta técnica es obligada:

¿Alcanzan 291 elementos para cubrir 18 espacios simultáneos, con condiciones urbanas, sociales, viales y de riesgo completamente distintas?

No es lo mismo operar un festival en Parque La Bombilla que en Central de Abasto.

No es lo mismo una plaza turística como Garibaldi que un deportivo en Milpa Alta.

No es lo mismo una zona con conectividad, hospitales cercanos y rutas amplias que un espacio con accesos reducidos, comercio informal, calles saturadas, lluvias intensas o presión vecinal.

La seguridad no se mide sólo por número de elementos.

Se mide por contexto, vulnerabilidad, capacidad de respuesta y tiempo real de intervención.

Drones, vigilancia y gestión del riesgo

El documento señala que en los festivales futboleros se realizarán sobrevuelos de drones para transmisión y análisis en tiempo real de acciones operativas, preventivas y reactivas.

Esto abre otra línea de análisis.

La tecnología puede ayudar.

Pero también puede crear una falsa sensación de control.

Un dron puede observar una concentración de personas, un cuello de botella o una acumulación inusual. Pero no sustituye rutas de evacuación claras, brigadas capacitadas, señalización visible, comunicación con el público, coordinación médica, protocolos ante tormentas eléctricas o planes de continuidad ante fallas eléctricas.

La vigilancia no es lo mismo que la prevención.

Ver el riesgo no equivale a gestionarlo.

Mucha seguridad, poca gestión integral del riesgo

El plan es robusto en materia de seguridad pública.

Habla de policías, vehículos, filtros, accesos, cinturones, videovigilancia, revisiones, cierres viales y objetos permitidos o prohibidos.

Pero desde una mirada de Gestión Integral del Riesgo aparecen vacíos que deben observarse con cuidado.

¿Dónde están los escenarios por lluvia intensa?

¿Dónde están los protocolos por tormenta eléctrica?

¿Dónde están los criterios para suspensión de actividades?

¿Dónde están los mapas de evacuación por sede?

¿Dónde están los puntos de reunión?

¿Dónde están los planes para niñas, niños, adultos mayores y personas con discapacidad?

¿Dónde están los cálculos de tiempo de evacuación?

¿Dónde están los análisis de carga eléctrica, estructuras temporales, plantas de emergencia, sanitarios, hidratación, sombra y control de calor?

¿Dónde está la coordinación específica con protección civil alcaldía por alcaldía?

El Mundial no sólo puede fallar por inseguridad.

Puede fallar por saturación, desorganización, calor, lluvia, accesos bloqueados, vendedores informales, fallas de energía, pánico colectivo, riñas, extravío de menores, afectaciones médicas o una evacuación mal ejecutada.

La seguridad pública cuida el orden.

La Gestión Integral del Riesgo cuida la vida.

Y ambas deben dialogar.

El espectáculo y sus zonas de sombra

Este plan confirma que la Ciudad de México se prepara para una operación monumental.

Y eso, en principio, es necesario.

Un evento de esta escala exige planeación, coordinación interinstitucional y despliegue operativo.

El problema no es que exista seguridad.

El problema es que el discurso festivo suele ocultar el tamaño real del dispositivo de control que se instala detrás de la celebración.

Mientras se habla de fiesta, convivencia y orgullo mundialista, el documento muestra una ciudad dividida en cinturones, filtros, accesos restringidos, cierres escalonados, polígonos de última milla, sobrevuelos de drones y fuerzas conjuntas.

El balón rueda.

Pero alrededor del balón se despliega una arquitectura de seguridad.

Cierre: el Mundial como megaproyecto de riesgo urbano

El Mundial 2026 no debe analizarse únicamente como evento deportivo.

Debe leerse como megaproyecto urbano, económico, político, turístico, mediático y de riesgo.

El Plan de Seguridad de la Ciudad de México confirma que la capital será sometida a una reorganización temporal de su movilidad, sus espacios públicos, sus accesos, sus plazas y sus dinámicas barriales.

La pregunta no es si debe haber seguridad.

Por supuesto que debe haberla.

La pregunta es si la seguridad será suficiente para proteger a las personas sin borrar a los vecinos, sin desplazar derechos, sin improvisar protección civil y sin convertir la ciudad en un tablero de control al servicio del espectáculo.

Porque cuando una ciudad se prepara para recibir al mundo, también debe prepararse para cuidar a quienes ya viven en ella.

Y ahí, precisamente ahí, es donde empieza el verdadero examen del Mundial.

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