miércoles, 10 de junio de 2026

 

OtTRA PERSPECTIVA 

Mundial 2026: cuando las banderas históricas incomodan

Por Jose Rafael Moya Saavedra        

En vísperas del Mundial 2026, las marchas anunciadas por la CNTE, madres buscadoras, campesinos, transportistas y colectivos urbanos en la Ciudad de México no introducen demandas nuevas, sino que reactivan agendas históricas —pensiones magisteriales, verdad y justicia por desapariciones, seguridad en carreteras, defensa del territorio y de la vivienda— que durante años fueron reconocidas por Morena como parte del repertorio legítimo de las luchas populares contra el neoliberalismo. El punto de quiebre aparece cuando esas agendas desbordan los canales de interlocución que el gobierno considera aceptables y se colocan en el corazón del gran escaparate político del sexenio: la inauguración del Mundial. Allí, el lenguaje oficial cambia de registro y comienza a describir las mismas protestas como “provocaciones” e incluso como acciones que “parecen de ultraderecha”, no porque sus causas hayan perdido legitimidad, sino porque cuestionan el monopolio gubernamental sobre la administración del conflicto y sobre la imagen internacional del país.

La ciudad partida en dos

La escena del Mundial en la capital condensa dos relatos incompatibles. Por un lado, el gobierno federal y el gobierno capitalino presentan la inauguración como prueba de orden, modernización y capacidad de gestión; por otro, diversos movimientos sociales anuncian que usarán exactamente ese momento para exhibir que debajo de la vitrina persisten conflictos no resueltos por la propia Cuarta Transformación. Esa simultaneidad no es un accidente de calendario, sino una disputa por el significado del espacio público y por el derecho a ocupar el instante de máxima visibilidad.

La CNTE ha llamado a paro nacional y ha invitado a buscadoras, padres de Ayotzinapa y campesinos a converger en un boicot político al Mundial, mientras otros grupos preparan movilizaciones hacia el Centro y las inmediaciones del estadio. Las autoridades capitalinas, en respuesta, insisten en que habrá diálogo y en que la movilidad y la logística del torneo están garantizadas, subrayando que también debe protegerse el derecho de la población a disfrutar el evento. En esa formulación ya se advierte un desplazamiento del problema: el conflicto deja de leerse desde sus causas de fondo y empieza a formularse como una amenaza al funcionamiento de la ciudad-espectáculo.

Demandas anteriores al Mundial

Magisterio

Las exigencias de la CNTE no surgieron con el torneo. Sus reclamos actuales remiten a una secuencia histórica identificable: rechazo a la Ley del ISSSTE de 2007, oposición a la reforma educativa, demanda de mejores condiciones salariales y objeciones al régimen de promoción y permanencia docente. El Mundial opera aquí como amplificador, no como origen; la organización ya había anunciado movilizaciones y el propio gobierno reconocía que existían temas pendientes en la interlocución con el magisterio.

El dato políticamente relevante es que Morena llegó al poder denunciando la reforma educativa del ciclo anterior y presentándose como interlocutor de un magisterio agraviado. Por eso el giro discursivo actual resulta tan significativo: cuando la CNTE amenaza con trasladar su presión al escenario del Mundial, la respuesta presidencial ya no se limita al reconocimiento de la legitimidad de las demandas, sino que incorpora la idea de “provocación” y la sospecha de conductas que “parecen de ultraderecha”.

Buscadoras y víctimas

La agenda de los colectivos de búsqueda y de los familiares de víctimas también precede ampliamente al Mundial. La exigencia de verdad, justicia, búsqueda efectiva y reparación se consolidó desde la etapa de militarización iniciada en los sexenios anteriores, y la 4T asumió desde su arranque que la escucha a las víctimas sería uno de sus sellos distintivos. La presencia de buscadoras y padres de Ayotzinapa en las convocatorias actuales responde a la percepción de que las mesas y los mecanismos institucionales no han producido resultados suficientes frente a la magnitud de la crisis.

Lo decisivo es que estas demandas fueron incorporadas por Morena a su léxico moral y político. En sus documentos básicos, el partido se presenta como instrumento de lucha de los sectores agraviados por el régimen neoliberal y reivindica explícitamente una agenda de derechos, justicia social y defensa de las mayorías. Cuando las víctimas colocan esa deuda en el centro del escaparate mundialista, dejan de ser únicamente el símbolo ético del cambio prometido y se convierten en una perturbación del guion gubernamental.

Campesinos y transportistas

Las organizaciones campesinas y de transportistas que anuncian movilizaciones durante la inauguración han planteado demandas de larga duración: seguridad en carreteras, freno al robo de carga, protección a granos básicos, precios de garantía y financiamiento al campo. También en este caso la oportunidad política del Mundial sirve para nacionalizar el conflicto y elevar el costo de ignorarlo, con acciones anunciadas no solo en la capital sino en las otras sedes mexicanas.

Estas agendas se inscriben de manera directa en el propio programa de acción de Morena, que habla de defensa de la soberanía alimentaria, de justicia social para productores y de fortalecimiento de los sectores populares frente a los efectos del modelo neoliberal. Sin embargo, al trasladarse del expediente administrativo a la calle y al calendario FIFA, los actores que encarnan esas causas pasan a ser descritos primordialmente como generadores de caos vial y afectación a terceros.

Colectivos urbanos y vivienda

La crítica a la turistificación, al encarecimiento de la vivienda y al desplazamiento asociado a grandes eventos forma parte de una agenda urbana preexistente en la capital. La llegada del Mundial intensifica ese repertorio de agravios porque las zonas aledañas al estadio y los corredores de movilidad se vuelven objeto de operativos, restricciones y presiones para producir una postal ordenada de la ciudad.

El problema de fondo es que Morena también construyó parte de su legitimidad en la capital denunciando el despojo inmobiliario y defendiendo el derecho a la ciudad de sectores populares y comerciantes. Cuando esos mismos sujetos rechazan ser desplazados en nombre del espectáculo global, la reacción institucional tiende a representarlos como obstáculos para que “a la ciudad le vaya bien”, en vez de tratarlos como portadores de una crítica consistente con el archivo político del propio partido.

El archivo de Morena: cuando las banderas históricas incomodan

Morena no solo convivió discursivamente con estas causas; buena parte de su identidad pública se organizó alrededor de la idea de representar al “pueblo” agraviado por las políticas del viejo régimen. En sus documentos básicos, el partido se define como “instrumento de lucha del pueblo” contra el neoliberalismo y reivindica explícitamente a trabajadores, campesinos, pueblos indígenas, víctimas de violencia y sectores populares como sujetos centrales de su proyecto. En esa gramática política, los plantones, bloqueos y boicots formaban parte del repertorio legítimo de resistencia frente a la injusticia estructural, no de un catálogo de anomalías morales.

Ese archivo doctrinario resulta relevante porque explica por qué múltiples movimientos sociales consideraron durante años que existía una afinidad política natural entre sus demandas y el proyecto de la Cuarta Transformación. La defensa de la educación pública, la justicia para las víctimas, la soberanía alimentaria, el derecho a la ciudad y la protección de los sectores populares no aparecieron como causas externas al discurso de Morena, sino como parte de su identidad fundacional.

La novedad del momento actual es que esa gramática parece invertirse cuando el conflicto toca el corazón simbólico del nuevo poder. En la conferencia matutina de inicios de junio de 2026, ya con el Mundial encima y con la CNTE instalada en la capital, Claudia Sheinbaum afirmó que su gobierno no caería en la “provocación” de reprimir las protestas magisteriales, pero al mismo tiempo sostuvo que ciertos actos de violencia en esas movilizaciones “parecen de ultraderecha”. En declaraciones posteriores insistió en que algunos grupos dentro del magisterio “están haciendo juego a la ultraderecha” y que existen sectores interesados en proyectar una imagen de caos en México a las puertas de la Copa del Mundo.

Aquí aparece el punto más duro del argumento. Las demandas no son nuevas, tampoco lo son sus protagonistas. Lo que cambia es el marco desde el cual son observados. Mientras las exigencias permanecen dentro de las mesas de diálogo y los mecanismos institucionales que el gobierno administra, continúan formando parte del universo de las “banderas históricas”. Cuando esas mismas causas deciden utilizar el mayor escaparate político y mediático del sexenio para aumentar su visibilidad, comienzan a ser descritas como provocaciones, riesgos para la gobernabilidad o acciones funcionales a intereses ajenos.

La categoría “ultraderecha” cumple entonces una función política específica. Permite reconocer en abstracto que existen agravios legítimos y, al mismo tiempo, cuestionar las formas concretas mediante las cuales esos agravios buscan hacerse visibles. También ofrece una protección discursiva frente a la crítica por izquierda: si el conflicto puede atribuirse a infiltraciones, provocadores o intereses externos, el gobierno evita reconocer que algunos de los mismos actores sociales que durante años reivindicó como fuente de legitimidad hoy expresan frustración frente a promesas incumplidas.

El resultado es una transformación en la percepción pública. El maestro que exige una pensión digna, la madre que busca a su hijo desaparecido, el campesino que reclama condiciones para producir o el comerciante que se resiste al desplazamiento dejan de aparecer únicamente como portadores de demandas históricas y comienzan a ser representados como quienes amenazan con alterar la celebración nacional. Esa es quizá la paradoja más significativa del Mundial 2026: las mismas luchas que ayudaron a construir la legitimidad política de la Cuarta Transformación son las que, en determinadas circunstancias, terminan siendo presentadas como una incomodidad para el poder.

Mesas de diálogo y promesas incumplidas

Las mesas de diálogo han sido una herramienta central del estilo político de los gobiernos morenistas frente a conflictos sociales. En el caso del magisterio, la interlocución con SEGOB y SEP ha sido presentada reiteradamente como prueba de apertura gubernamental, aun cuando la CNTE sostiene que sus demandas centrales siguen irresueltas y por eso exige diálogo directo con la presidencia. En el caso de otros colectivos, el patrón es similar: reconocimiento público de la legitimidad de los reclamos, apertura de canales institucionales y, al mismo tiempo, persistencia de los agravios que originaron la movilización.

Desde una perspectiva analítica, esto permite leer las mesas no solo como espacios de negociación, sino como mecanismos de contención del conflicto. Mientras las demandas se mantienen dentro de esos circuitos, el gobierno puede reivindicar la escucha como parte de su legitimidad democrática. Pero cuando los movimientos deciden alterar la normalidad de un evento estratégico como el Mundial, el desborde se vuelve intolerable precisamente porque cuestiona la capacidad del gobierno para regular los tiempos, los formatos y la visibilidad de la protesta.

La función política de la acusación de ultraderecha

La categoría “ultraderecha” cumple aquí una función defensiva. Permite al gobierno reconocer en abstracto que existen agravios reales y, al mismo tiempo, deslegitimar las formas concretas de protesta que cuestionan su narrativa de orden y transformación. También le permite blindarse frente a la crítica por izquierda: si el desborde puede ser atribuido a provocadores o infiltrados, entonces se evita admitir que los propios sujetos históricos que el partido invocó como fuente de legitimidad hoy expresan frustración frente a promesas incumplidas.

Este desplazamiento no elimina la legitimidad de las demandas, pero sí reorganiza el terreno de la percepción pública. El maestro precarizado, la madre buscadora, el campesino endeudado o el comerciante desplazado dejan de aparecer ante la opinión pública como portadores de un reclamo justo y pasan a ser representados como quienes “casi arruinan el Mundial”. Esa es, probablemente, la operación política más importante del momento: no la resolución del conflicto, sino la reescritura del sentido de quienes lo encarnan.

Conclusión

El conflicto en torno al Mundial 2026 no enfrenta simplemente el derecho a la protesta con el derecho al espectáculo. En el fondo pone en cuestión si un gobierno que se definió, en sus propios documentos básicos, como “instrumento de lucha del pueblo” contra el neoliberalismo y que hizo suyos los reclamos de maestros, víctimas, campesinos y barrios populares, puede seguir hablando en nombre de esas luchas cuando son ellas mismas las que irrumpen en el corazón de su celebración nacional.

Las movilizaciones de la CNTE, de las madres buscadoras, de los campesinos y de los colectivos urbanos no cambian de naturaleza cuando pasan por Reforma rumbo al Estadio: siguen siendo demandas de pensiones dignas, verdad y justicia, soberanía alimentaria y derecho a la ciudad, las mismas que Morena reivindicó como banderas históricas para llegar al poder. Lo que sí cambia es el encuadre oficial: en la víspera del Mundial, la presidenta Claudia Sheinbaum describe ciertos actos de protesta como “provocaciones” que “parecen de ultraderecha” y advierte que algunos grupos están “haciendo juego” a un bloque conservador que busca sembrar una imagen de caos en México.

Integrar esta secuencia en una bibliografía clara no es un adorno académico, sino una forma de documentar la paradoja política del momento: las mismas luchas que el partido‑movimiento inscribió en su relato fundacional como prueba de la dignidad popular son hoy recodificadas desde el poder como amenazas funcionales a la ultraderecha cuando se niegan a aceptar los límites del diálogo administrado y usan el Mundial —la vitrina más cara del sexenio— para recordarle al gobierno lo que todavía no ha cumplido.

 

Fuentes consultadas

  • Movimiento Regeneración Nacional. (2018). Declaración de principios de Morena. Comité Ejecutivo Nacional de Morena.
  • Movimiento Regeneración Nacional. (2024). Declaración de principios de Morena (versión actualizada). Instituto Nacional Electoral.
  • Movimiento Regeneración Nacional. (2024). Programa de Morena: El país por el que luchamos. Comité Ejecutivo Nacional de Morena.
  • Movimiento Regeneración Nacional. (s. f.). Documentos básicos de Morena [folleto informativo en línea].
  • Alcalde Luján, L. M. (2025, 15 de junio). “La presidenta Sheinbaum no está sola, la acompaña el pueblo de México, la verdad y Morena” [Publicación en Instagram del CEN de Morena].
  • Morena Nezahualcóyotl. (2026, 12 de marzo). Nuestra bandera es símbolo de historia, lucha y esperanza del pueblo de México [Publicación en Facebook].
  • Morena Ciudad de México. (2026, 12 de marzo). Morena CDMX conmemora el Día de la Bandera [Publicación en X].
  • Expansión Política. (2026, 1 de junio). La CNTE llama a buscadoras, padres de los 43 y campesinos a paro nacional y boicot al Mundial. Expansión Política.
  • El Financiero. (2026, 7 de junio). Buscadoras, transportistas y campesinos: todas las marchas en CDMX para la inauguración del Mundial 2026. El Financiero.
  • Infobae México. (2026, 2 de junio). Manifestaciones escalan a días de la inauguración del Mundial 2026 en México: campesinos y maestros anuncian movilizaciones en sedes mundialistas. Infobae.
  • Grupo Animal Político. (2026, 4 de junio). CNTE, transportistas y Ayotzinapa: estas son las protestas que desafían la inauguración del Mundial. Grupo Animal.
  • Milenio. (2026, 8 de junio). Protestas y bloqueos amenazan la inauguración del Mundial 2026 en CDMX. Milenio–Récord.
  • Infobae México. (2026, 2 de junio). CNTE, madres buscadoras y padres de los 43: las protestas que amenazan con boicotear el Mundial 2026. Infobae.
  • Expansión Política. (2026, 7 de junio). Buscadoras, CNTE, campesinos y comerciantes llaman a mega manifestación durante la inauguración del Mundial. Expansión Política.
  • Reporte Índigo. (2026, 29 de marzo). Mundial 2026: crisis social y protestas amenazan inauguración en CDMX. Reporte Índigo.
  • El Financiero. (2026, 2 de junio). No vamos a caer en represión a la CNTE antes del Mundial, afirma Claudia Sheinbaum [Conferencia matutina]. El Financiero.
  • Infobae México. (2026, 2 de junio). Violencia en protestas de la CNTE parece de ultraderecha, afirma Sheinbaum. Infobae.
  • EFE. (2026, 2 de junio). Sheinbaum dice que no caerá en la “represión” de las protestas de la CNTE en vísperas del Mundial 2026. Agencia EFE.
  • Proceso. (2026, 17 de marzo). Sheinbaum pide a la CNTE que sus movilizaciones sean pacíficas; amenazan con plantones rumbo al Mundial. Proceso.
  • Grupo Animal Político. (2026, 2 de junio). Sheinbaum descarta encuentro con la CNTE y rechaza caer en provocaciones de cara al Mundial 2026 [Video]. Grupo Animal.
  • Infobae México. (2026, 2 de junio). Pese a demandas de colectivos, autoridades de la CDMX aseguran que capitalinos tienen derecho a “disfrutar” del Mundial 2026. Infobae.
  • Expansión Política CDMX. (2026, 7 de junio). Brugada garantiza Mundial 2026 pese a protestas y llama a diálogo con colectivos. Expansión Política.
  • Expansión Política. (2026, 28 de mayo). Turistas llenan CDMX, Jalisco y Nuevo León mientras protestas se intensifican a días del Mundial. Expansión Política.
  • Amnistía Internacional. (2026, 4 de junio). La humanidad debe triunfar: Defender los derechos y abordar la represión en la Copa Mundial de la FIFA 2026. Amnistía Internacional.
  • Infobae México. (2026, 29 de mayo). Protesta social en riesgo durante el Mundial 2026: colectivos piden garantizar respeto a la libertad de expresión. Infobae.

  • Almeida, P. (2020). Movimientos sociales: La estructura de la acción colectiva. CLACSO.
  • Zepeda, R. (2011). Las teorías de los movimientos sociales y el enfoque de la movilización de recursos. Estudios Sociológicos, 29(85), 163–188.

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