viernes, 5 de junio de 2026

 

OTRA PERSPECTIVA

Mundial 2025, cierto olor a podrido

Los 10 focos rojos del Plan de Seguridad Mundialista

Lo que preocupa desde la Gestión Integral del Riesgo

Por Jose Rafael Moya Saavedra

La presentación oficial del Plan de Seguridad para el Mundial 2026 en la Ciudad de México transmite una imagen de control, coordinación y despliegue operativo sin precedentes. El documento reporta 11,219 integrantes y 1,021 vehículos para el Estadio Ciudad de México y el FIFA Fan Festival Zócalo, además de 291 elementos y 75 vehículos para los festivales futboleros; también ubica un estado de fuerza total de 56,320 elementos de la SSC en la ciudad. A eso se suman drones, videovigilancia, filtros de acceso, cinturones de seguridad y polígonos de última milla.

A primera vista, parecería que todo está bajo control. Sin embargo, cuando el documento se observa desde la perspectiva de la Gestión Integral del Riesgo, aparecen preguntas que merecen atención. La seguridad pública es indispensable, pero no es suficiente: un Mundial no fracasa únicamente por un acto delictivo; también puede fracasar por una tormenta, una evacuación fallida, un colapso de infraestructura temporal, una emergencia médica masiva o una saturación operativa.

Estos son diez focos rojos que el propio plan permite identificar cuando se revisa no sólo por lo que dice, sino también por lo que deja sin desarrollar públicamente.

1. Mucha seguridad, poca protección civil

El documento dedica gran parte de su energía a operativos policiales, movilidad, vigilancia, control de accesos y despliegue institucional. En cambio, el desarrollo público de componentes clásicos de protección civil es mucho más limitado: evacuación masiva, refugios temporales, continuidad operativa, escenarios multiamenaza, fallas de infraestructura temporal y respuesta ante fenómenos hidrometeorológicos apenas aparecen de manera general o lateral. La seguridad pública protegió el orden; La Protección Civil protege La Vida. En un evento de esta escala, ambas deberían tener un peso equivalente.

2. Ausencia de escenarios meteorológicos detallados

El Mundial se celebrará en temporada de lluvias, pero el plan no desarrolla con suficiente claridad escenarios como tormentas eléctricas, lluvias torrenciales, inundaciones urbanas, caída de árboles, granizo o vientos fuertes. El documento menciona protocolos de emergencia y operación, pero en su versión pública no detalla umbrales, criterios de suspensión ni respuestas específicas frente a eventos meteorológicos severos. En una ciudad como la capital del país, una tormenta intensa puede colapsar vialidades, alterar accesos y comprometer la seguridad de miles de personas en muy poco tiempo.

3. El riesgo de saturación simultánea

La estrategia no contempla un solo nodo, sino varios funcionando al mismo tiempo: el Estadio Ciudad de México, el FIFA Fan Festival del Zócalo y 18 festivales futboleros distribuidos en las 16 alcaldías. El desafío real no es controlar un evento aislado, sino sostener capacidad de mando, respuesta y coordinación cuando existan incidentes simultáneos o presiones operativas concurrentes. La pregunta crítica es sencilla: ¿qué ocurrirá si dos o tres incidentes relevantes suceden al mismo tiempo en sedes distintas?

4. Recursos limitados para los festivales futboleros

Los festivales futboleros representan el eslabón más vulnerable de la cadena operativa. El documento prevé 18 sedes con aforos de hasta 2,000 personas, pero sólo asigna 291 elementos de la SSC y 75 vehículos para ese universo completo, con ajustes sujetos a evaluación permanente de afluencia y necesidades operativas. No es lo mismo operar Plaza Garibaldi, Central de Abasto, Deportivo Xochimilco, San Francisco Tecoxpa en Milpa Alta o Utopía Meyehualco: cada sitio tiene riesgos, entornos urbanos, accesibilidades y conflictividades propias. Tratar espacios tan distintos bajo una lógica homogénea puede convertirse en una vulnerabilidad más que en una fortaleza.

5. Dependencia excesiva de la vigilancia tecnológica

El plan otorga un lugar importante a la videovigilancia, al monitoreo en tiempo real y a los sobrevuelos de drones, tanto en el Zócalo como en los festivales futboleros. Todo eso puede mejorar la detección temprana y la lectura táctica del entorno, pero no sustituye rutas de evacuación claras, brigadas entrenadas, liderazgo en sitio, comunicación efectiva con el público ni coordinación interinstitucional robusta. Ver un problema no equivale a resolverlo, y un sistema técnicamente visible puede seguir siendo operativamente frágil.

6. La última milla como fuente de conflicto

El polígono de última milla alrededor del Estadio Ciudad de México busca ordenar la operación, minimizar interferencias entre modos de transporte y garantizar condiciones de seguridad y accesibilidad. Sin embargo, ese mismo esquema restringe el acceso a peatones con boleto o residentes acreditados, y a vehículos con acreditación o código QR expedido por la alcaldía, además de imponer cierres parciales y totales de circulación horas antes de los partidos. Residentes, comerciantes, trabajadores, servicios y visitantes quedarán sometidos a una presión operativa considerable. Si la comunicación previa es insuficiente o la gestión comunitaria es débil, la última milla puede transformarse en un factor de conflicto social y de desorden, no sólo en una solución de movilidad.

7. Riesgo de evacuaciones complejas

El documento menciona protocolos específicos de evacuación ante incidentes y salidas de emergencia tanto en el Estadio como en el Fan Festival. No obstante, en su versión pública no desarrolla tiempos estimados de desalojo, capacidades máximas por corredor, simulaciones, puntos de reunión ni criterios de suspensión suficientemente detallados. Cuando se habla de aforos de 82,287 personas por partido en el estadio y hasta 60,000 personas en la plancha del Zócalo, la evacuación deja de ser un procedimiento administrativo y se convierte en una operación crítica de protección de la vida.

8. Poblaciones vulnerables poco visibles

El enfoque operativo del documento está concentrado principalmente en el control del flujo general de personas, la vigilancia y la seguridad perimetral. En cambio, aparecen poco visibles las necesidades específicas de niñas y niños, personas adultas mayores, personas con discapacidad, personas con enfermedades crónicas y turistas extranjeros con barreras de idioma o desorientación espacial. En eventos masivos, estos grupos no requieren sólo "atención"; requieren estrategias diferenciadas de accesibilidad, señalización, localización, asistencia y evacuación.

9. Riesgos sanitarios y de salud pública

La atención médica sí aparece en el plan mediante Cruz Roja, ERUM, CRUM y la referencia a atención prehospitalaria en festivales. Sin embargo, el desarrollo público de escenarios sanitarios sigue siendo escaso frente a riesgos previsibles como deshidratación, golpes de calor, intoxicaciones, enfermedades gastrointestinales, brotes epidemiológicos o emergencias médicas múltiples. En eventos masivos, la salud pública no es un componente accesorio de la seguridad: es una condición central de la respuesta integral.

10. El riesgo más peligroso: creer que todo está bajo control

El mayor peligro de un operativo de esta magnitud no siempre es el incidente externo, sino la sobreconfianza institucional. La historia de las grandes emergencias muestra que muchos eventos graves ocurren cuando las organizaciones confían excesivamente en sus propios mecanismos de control y subestiman lo inesperado. El exceso de confianza, la complacencia y la ilusión de control son riesgos en sí mismos. Por eso los sistemas resilientes no se preparan sólo para aquello que esperan, sino también para aquello que no imaginan.

Cierre

El Plan de Seguridad Mundialista representa un esfuerzo operativo enorme y necesario. Pero la verdadera prueba no estará en la cantidad de policías desplegados, en el número de drones en el aire o en la espectacularidad de los cinturones de seguridad. La prueba real será la capacidad de anticipar riesgos, adaptarse a situaciones inesperadas y proteger a las personas cuando las cosas no salgan conforme al plan. Los desastres rara vez respetan los manuales, y la resiliencia comienza precisamente donde terminan los procedimientos.

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