OTRA PERSPECTIVA
Mundial 2025, cierto olor a podrido
Los 10 focos rojos del Plan de Seguridad Mundialista
Lo que preocupa desde la Gestión Integral del Riesgo
Por Jose Rafael Moya Saavedra
La presentación oficial del Plan
de Seguridad para el Mundial 2026 en la Ciudad de México transmite una imagen
de control, coordinación y despliegue operativo sin precedentes. El
documento reporta 11,219 integrantes y 1,021 vehículos para el Estadio Ciudad
de México y el FIFA Fan Festival Zócalo, además de 291 elementos y 75 vehículos
para los festivales futboleros; también ubica un estado de fuerza total de
56,320 elementos de la SSC en la ciudad. A eso se suman drones,
videovigilancia, filtros de acceso, cinturones de seguridad y polígonos de
última milla.
A primera vista, parecería que
todo está bajo control. Sin embargo, cuando el documento se observa desde
la perspectiva de la Gestión Integral del Riesgo, aparecen preguntas que
merecen atención. La seguridad pública es indispensable, pero no es
suficiente: un Mundial no fracasa únicamente por un acto delictivo; también
puede fracasar por una tormenta, una evacuación fallida, un colapso de
infraestructura temporal, una emergencia médica masiva o una saturación
operativa.
Estos son diez focos rojos que el propio plan permite
identificar cuando se revisa no sólo por lo que dice, sino también por lo que
deja sin desarrollar públicamente.
1. Mucha seguridad, poca protección civil
El documento dedica gran parte de
su energía a operativos policiales, movilidad, vigilancia, control de accesos y
despliegue institucional. En cambio, el desarrollo público de componentes
clásicos de protección civil es mucho más limitado: evacuación masiva, refugios
temporales, continuidad operativa, escenarios multiamenaza, fallas de
infraestructura temporal y respuesta ante fenómenos hidrometeorológicos apenas
aparecen de manera general o lateral. La seguridad pública protegió el
orden; La Protección Civil protege La Vida. En un evento de esta escala, ambas
deberían tener un peso equivalente.
2. Ausencia de escenarios meteorológicos detallados
El Mundial se celebrará en
temporada de lluvias, pero el plan no desarrolla con suficiente claridad
escenarios como tormentas eléctricas, lluvias torrenciales, inundaciones
urbanas, caída de árboles, granizo o vientos fuertes. El documento
menciona protocolos de emergencia y operación, pero en su versión pública no
detalla umbrales, criterios de suspensión ni respuestas específicas frente a
eventos meteorológicos severos. En una ciudad como la capital del país,
una tormenta intensa puede colapsar vialidades, alterar accesos y comprometer
la seguridad de miles de personas en muy poco tiempo.
3. El riesgo de saturación simultánea
La estrategia no contempla un
solo nodo, sino varios funcionando al mismo tiempo: el Estadio Ciudad de
México, el FIFA Fan Festival del Zócalo y 18 festivales futboleros distribuidos
en las 16 alcaldías. El desafío real no es controlar un evento aislado,
sino sostener capacidad de mando, respuesta y coordinación cuando existan
incidentes simultáneos o presiones operativas concurrentes. La pregunta
crítica es sencilla: ¿qué ocurrirá si dos o tres incidentes relevantes suceden
al mismo tiempo en sedes distintas?
4. Recursos limitados para los festivales futboleros
Los festivales futboleros
representan el eslabón más vulnerable de la cadena operativa. El documento
prevé 18 sedes con aforos de hasta 2,000 personas, pero sólo asigna 291
elementos de la SSC y 75 vehículos para ese universo completo, con ajustes sujetos
a evaluación permanente de afluencia y necesidades operativas. No es lo
mismo operar Plaza Garibaldi, Central de Abasto, Deportivo Xochimilco, San
Francisco Tecoxpa en Milpa Alta o Utopía Meyehualco: cada sitio tiene riesgos,
entornos urbanos, accesibilidades y conflictividades propias. Tratar
espacios tan distintos bajo una lógica homogénea puede convertirse en una
vulnerabilidad más que en una fortaleza.
5. Dependencia excesiva de la vigilancia tecnológica
El plan otorga un lugar
importante a la videovigilancia, al monitoreo en tiempo real y a los
sobrevuelos de drones, tanto en el Zócalo como en los festivales
futboleros. Todo eso puede mejorar la detección temprana y la lectura
táctica del entorno, pero no sustituye rutas de evacuación claras, brigadas
entrenadas, liderazgo en sitio, comunicación efectiva con el público ni
coordinación interinstitucional robusta. Ver un problema no equivale a
resolverlo, y un sistema técnicamente visible puede seguir siendo
operativamente frágil.
6. La última milla como fuente de conflicto
El polígono de última milla
alrededor del Estadio Ciudad de México busca ordenar la operación, minimizar
interferencias entre modos de transporte y garantizar condiciones de seguridad
y accesibilidad. Sin embargo, ese mismo esquema restringe el acceso a
peatones con boleto o residentes acreditados, y a vehículos con acreditación o
código QR expedido por la alcaldía, además de imponer cierres parciales y
totales de circulación horas antes de los partidos. Residentes,
comerciantes, trabajadores, servicios y visitantes quedarán sometidos a una
presión operativa considerable. Si la comunicación previa es insuficiente o la
gestión comunitaria es débil, la última milla puede transformarse en un factor
de conflicto social y de desorden, no sólo en una solución de movilidad.
7. Riesgo de evacuaciones complejas
El documento menciona protocolos
específicos de evacuación ante incidentes y salidas de emergencia tanto en el
Estadio como en el Fan Festival. No obstante, en su versión pública no
desarrolla tiempos estimados de desalojo, capacidades máximas por corredor,
simulaciones, puntos de reunión ni criterios de suspensión suficientemente
detallados. Cuando se habla de aforos de 82,287 personas por partido en el
estadio y hasta 60,000 personas en la plancha del Zócalo, la evacuación deja de
ser un procedimiento administrativo y se convierte en una operación crítica de
protección de la vida.
8. Poblaciones vulnerables poco visibles
El enfoque operativo del
documento está concentrado principalmente en el control del flujo general de
personas, la vigilancia y la seguridad perimetral. En cambio, aparecen
poco visibles las necesidades específicas de niñas y niños, personas adultas
mayores, personas con discapacidad, personas con enfermedades crónicas y
turistas extranjeros con barreras de idioma o desorientación espacial. En
eventos masivos, estos grupos no requieren sólo "atención"; requieren
estrategias diferenciadas de accesibilidad, señalización, localización,
asistencia y evacuación.
9. Riesgos sanitarios y de salud pública
La atención médica sí aparece en
el plan mediante Cruz Roja, ERUM, CRUM y la referencia a atención
prehospitalaria en festivales. Sin embargo, el desarrollo público de
escenarios sanitarios sigue siendo escaso frente a riesgos previsibles como
deshidratación, golpes de calor, intoxicaciones, enfermedades
gastrointestinales, brotes epidemiológicos o emergencias médicas
múltiples. En eventos masivos, la salud pública no es un componente
accesorio de la seguridad: es una condición central de la respuesta integral.
10. El riesgo más peligroso: creer que todo está bajo
control
El mayor peligro de un operativo
de esta magnitud no siempre es el incidente externo, sino la sobreconfianza
institucional. La historia de las grandes emergencias muestra que muchos
eventos graves ocurren cuando las organizaciones confían excesivamente en sus
propios mecanismos de control y subestiman lo inesperado. El exceso de
confianza, la complacencia y la ilusión de control son riesgos en sí
mismos. Por eso los sistemas resilientes no se preparan sólo para aquello
que esperan, sino también para aquello que no imaginan.
Cierre
El Plan de Seguridad Mundialista
representa un esfuerzo operativo enorme y necesario. Pero la verdadera
prueba no estará en la cantidad de policías desplegados, en el número de drones
en el aire o en la espectacularidad de los cinturones de seguridad. La
prueba real será la capacidad de anticipar riesgos, adaptarse a situaciones
inesperadas y proteger a las personas cuando las cosas no salgan conforme al
plan. Los desastres rara vez respetan los manuales, y la resiliencia
comienza precisamente donde terminan los procedimientos.
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