OTRA PERSPECTIVA
Mundial 2025, cierto olor a podrido
El Mundial bajo tres cinturones
Lo que revela el Plan de Seguridad de la Ciudad de México
para la Copa Mundial 2026
Por Jose Rafael Moya Saavedra
El Mundial 2026 no sólo llegará a
la Ciudad de México con balones, pantallas gigantes, camisetas, turistas y
discursos festivos.
Llegará también con cinturones de seguridad, filtros de
revisión, cierres viales, vigilancia tecnológica, drones, fuerzas federales,
control de accesos, códigos QR para residentes y polígonos de última milla.
Eso es lo que revela el Plan
de Seguridad para el Estadio Ciudad de México, FIFA Fan Festival Zócalo y
festivales futboleros durante la Copa Mundial FIFA 2026, elaborado para la
operación de seguridad en la capital del país. El documento no es menor:
muestra que la fiesta mundialista será administrada como una operación urbana
de alta complejidad y no únicamente como un evento deportivo.
SSC - Plan de Seguridad CMF 2026 (Estadio, Zócalo y Festivales
futboleros)vf.pptxhttps://almomento.mx/videos/plan_de_seguridad.pdf
La primera cifra llama la
atención: el estado de fuerza de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la
Ciudad de México contempla 56,320 elementos, de los cuales 46,835
estarán vinculados a lugares estratégicos y traslados como aeropuerto, centros
de entrenamiento, hoteles, zonas turísticas y movilidad de selecciones. Para el
Estadio Ciudad de México y el FIFA Fan Festival Zócalo se prevé un despliegue
total de 11,219 personas y 1,021 vehículos, integrando SSC, Fuerza de
Tarea Conjunta, Gobierno de la Ciudad y Cruz Roja.
Esto confirma una idea central:
el Mundial ya no se gestiona sólo desde la lógica del entretenimiento, sino
desde una lógica de seguridad territorial.
El estadio como zona controlada
Para el Estadio Ciudad de México,
el plan contempla cinco fechas clave: 11, 17, 24 y 30 de junio, además del 5 de
julio. El aforo previsto es de 82,287 personas por partido. La operación
incluye un polígono de última milla alrededor del recinto y un estado de fuerza
de 7,808 personas y 682 vehículos.
La última milla es uno de los
conceptos más relevantes del documento.
En apariencia, se presenta como
una medida para ordenar desplazamientos, reducir interferencias entre modos de
transporte y garantizar seguridad, accesibilidad y eficiencia. Pero en términos
urbanos también implica algo más delicado: la transformación temporal de una
zona habitada en un territorio regulado por criterios extraordinarios de
acceso, circulación y control.
El propio plan establece que al
polígono sólo podrán ingresar peatones con boleto o personas que acrediten
residencia; vehículos acreditados para el estadio o residentes con
identificación correspondiente; y, en caso de emergencia, bomberos, ambulancias
y patrullas. Los residentes deberán contar incluso con un código QR único
expedido por la Alcaldía Coyoacán para la identificación y acceso autorizado de
cada vehículo.
La pregunta es inevitable:¿Dónde termina la
organización necesaria y dónde empieza la suspensión práctica de la vida
cotidiana?
La ciudad cerrada por anticipado
El operativo contempla
restricciones temporales y graduales de circulación vehicular los días de
partido: cierre parcial 10 horas antes y cierre total 6 horas antes,
con excepción del juego inaugural, donde el cierre parcial iniciaría desde las
23:00 horas del 10 de junio y el cierre total a las 05:00 horas del jueves 11.
Esto significa que el impacto no se reducirá al horario del
partido.
La operación comenzará muchas
horas antes y modificará la movilidad de colonias, comercios, trabajadores,
residentes, servicios de transporte y actividades ordinarias. Se anuncian tres
cinturones de movilidad, rutas semipeatonales, bahías de ascenso y descenso
para taxis y servicios de aplicación, puntos de viaje en bicicleta y
alternativas viales.
El lenguaje técnico es correcto.
Pero el efecto social puede ser mucho más amplio.
Porque cuando una ciudad se
reorganiza alrededor de un espectáculo global, el habitante cotidiano corre el
riesgo de convertirse en obstáculo operativo.
El Zócalo como dispositivo de concentración masiva
El FIFA Fan Festival Zócalo
operará del 11 de junio al 19 de julio de 2026, con acceso controlado y
gratuito para hasta 60,000 personas en la plancha del Zócalo. El estado
de fuerza previsto es de 3,411 personas y 339 vehículos.
El dispositivo contempla tres
cinturones de seguridad, siete filtros de revisión, dos puntos de ingreso —20
de Noviembre y Pino Suárez—, monitoreo por videovigilancia y salidas de
emergencia ante incidentes.
El Zócalo será, una vez más, el gran escenario de la
capital.
Pero también será una zona de control.
La plaza pública por excelencia
será convertida en un espacio de acceso administrado, con filtros, cupos,
revisión visual, revisión obligatoria, detectores de metal, revisión de
mochilas, objetos voluminosos e incluso revisión corporal si se considera necesario.
La fiesta gratuita tendrá puertas.
Y esas puertas tendrán vigilancia.
Los festivales futboleros: el punto más vulnerable
El plan contempla 18
festivales futboleros en las 16 alcaldías, con actividades culturales,
deportivas y transmisión gratuita de partidos del 11 de junio al 19 de julio,
en horario de 11:00 a 21:00 horas. Cada sede podrá recibir hasta 2,000
personas.
Aquí aparece una de las zonas más sensibles del documento.
Para estos festivales se prevé un
estado de fuerza de 291 elementos y 75 vehículos: 102 en seguridad
preventiva, 47 en inteligencia, 122 en seguridad vial, 10 de atención
prehospitalaria pie tierra y 10 para pruebas amistosas.
Si multiplicamos 18 sedes por
hasta 2,000 personas, estamos hablando de una capacidad potencial de 36,000
asistentes distribuidos en distintos puntos de la ciudad.
La pregunta técnica es obligada:
¿Alcanzan 291 elementos para cubrir 18 espacios simultáneos,
con condiciones urbanas, sociales, viales y de riesgo completamente distintas?
No es lo mismo operar un festival en Parque La Bombilla que
en Central de Abasto.
No es lo mismo una plaza turística como Garibaldi que un
deportivo en Milpa Alta.
No es lo mismo una zona con conectividad, hospitales
cercanos y rutas amplias que un espacio con accesos reducidos, comercio
informal, calles saturadas, lluvias intensas o presión vecinal.
La seguridad no se mide sólo por número de elementos.
Se mide por contexto, vulnerabilidad, capacidad de respuesta
y tiempo real de intervención.
Drones, vigilancia y gestión del riesgo
El documento señala que en los
festivales futboleros se realizarán sobrevuelos de drones para transmisión y
análisis en tiempo real de acciones operativas, preventivas y reactivas.
Esto abre otra línea de análisis.
La tecnología puede ayudar.
Pero también puede crear una falsa sensación de control.
Un dron puede observar una
concentración de personas, un cuello de botella o una acumulación inusual. Pero
no sustituye rutas de evacuación claras, brigadas capacitadas, señalización
visible, comunicación con el público, coordinación médica, protocolos ante
tormentas eléctricas o planes de continuidad ante fallas eléctricas.
La vigilancia no es lo mismo que la prevención.
Ver el riesgo no equivale a gestionarlo.
Mucha seguridad, poca gestión integral del riesgo
El plan es robusto en materia de seguridad pública.
Habla de policías, vehículos,
filtros, accesos, cinturones, videovigilancia, revisiones, cierres viales y
objetos permitidos o prohibidos.
Pero desde una mirada de Gestión
Integral del Riesgo aparecen vacíos que deben observarse con cuidado.
¿Dónde están los escenarios por lluvia intensa?
¿Dónde están los protocolos por tormenta eléctrica?
¿Dónde están los criterios para suspensión de actividades?
¿Dónde están los mapas de evacuación por sede?
¿Dónde están los puntos de reunión?
¿Dónde están los planes para niñas, niños, adultos mayores y
personas con discapacidad?
¿Dónde están los cálculos de tiempo de evacuación?
¿Dónde están los análisis de carga eléctrica, estructuras
temporales, plantas de emergencia, sanitarios, hidratación, sombra y control de
calor?
¿Dónde está la coordinación específica con protección civil
alcaldía por alcaldía?
El Mundial no sólo puede fallar por inseguridad.
Puede fallar por saturación,
desorganización, calor, lluvia, accesos bloqueados, vendedores informales,
fallas de energía, pánico colectivo, riñas, extravío de menores, afectaciones
médicas o una evacuación mal ejecutada.
La seguridad pública cuida el orden.
La Gestión Integral del Riesgo cuida la vida.
Y ambas deben dialogar.
El espectáculo y sus zonas de sombra
Este plan confirma que la Ciudad de México se prepara para
una operación monumental.
Y eso, en principio, es necesario.
Un evento de esta escala exige planeación, coordinación
interinstitucional y despliegue operativo.
El problema no es que exista seguridad.
El problema es que el discurso
festivo suele ocultar el tamaño real del dispositivo de control que se instala
detrás de la celebración.
Mientras se habla de fiesta,
convivencia y orgullo mundialista, el documento muestra una ciudad dividida en
cinturones, filtros, accesos restringidos, cierres escalonados, polígonos de
última milla, sobrevuelos de drones y fuerzas conjuntas.
El balón rueda.
Pero alrededor del balón se despliega una arquitectura de
seguridad.
Cierre: el Mundial como megaproyecto de riesgo urbano
El Mundial 2026 no debe analizarse únicamente como evento
deportivo.
Debe leerse como megaproyecto urbano, económico, político,
turístico, mediático y de riesgo.
El Plan de Seguridad de la Ciudad
de México confirma que la capital será sometida a una reorganización temporal
de su movilidad, sus espacios públicos, sus accesos, sus plazas y sus dinámicas
barriales.
La pregunta no es si debe haber seguridad.
Por supuesto que debe haberla.
La pregunta es si la seguridad
será suficiente para proteger a las personas sin borrar a los vecinos, sin
desplazar derechos, sin improvisar protección civil y sin convertir la ciudad
en un tablero de control al servicio del espectáculo.
Porque cuando una ciudad se prepara para recibir al mundo,
también debe prepararse para cuidar a quienes ya viven en ella.
Y ahí, precisamente ahí, es donde empieza el verdadero
examen del Mundial.
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