OTRA PERSPECTIVA
Mundial 2026: un cierto olor a podrido
La ciudad maquillada
Por Jose Rafael Moya Saavedra
Hay ciudades que se transforman.
Y hay ciudades que aprenden a maquillarse.
A un año del Mundial 2026A
semanas del Mundial 2026, la Ciudad de México parece avanzar peligrosamente
hacia lo segundo.
Porque detrás de la nueva
estética urbana, de los colores institucionales, de los murales temáticos, de
la "ajolotización" del espacio público y de
la narrativa de transformación visual, empieza a aparecer una pregunta
incómoda: ¿la ciudad se está preparando para funcionar mejor... o
solamente para verse mejor ante las cámaras?
La diferencia importa.
Y mucho.
•Porque una ciudad no se vuelve segura por pintarse.
•No se vuelve resiliente por cambiar de color.
•No mejora su movilidad por llenar bardas de símbolos
identitarios.
Y, sin embargo, el discurso
oficial parece apostar cada vez más a la construcción de una ciudad-escenario:
visualmente atractiva, emocionalmente vendible y políticamente rentable.
Una ciudad diseñada para la narrativa.
No necesariamente para sus habitantes.
La estética del poder
La actual administración
capitalina ha defendido el uso del morado y del ajolote como parte de una nueva
identidad urbana.
El argumento oficial habla de:
•feminismo,
•transformación,
•Memoria,
•resistencia,
•recuperación del espacio público.
La palabra incluso ya existe dentro del discurso
político: "ajolotizar".
Una mezcla de marketing urbano,
apropiación cultural y estética institucional que busca convertir al ajolote en
símbolo de una ciudad regenerada, sensible y moderna.
El problema no es el ajolote.
El problema es lo que se esconde detrás del símbolo.
Porque mientras la conversación
pública gira alrededor de colores, murales y branding urbano, debajo siguen
intactas muchas de las fracturas reales de la ciudad:
•Drenajes colapsados,
•infraestructura envejecida,
•movilidad caótica,
•Violencia,
•deterioro ambiental,
•contaminación,
•Riesgo vial,
•inseguridad estructural.
La ciudad cambia de
tono. Pero no necesariamente de fondo. Y ahí es donde el símbolo deja
de ser cultura para convertirse en distractor.
Cuando la imagen desplaza a la técnica
Uno de los debates aparentemente
menores —pero profundamente reveladores— ha sido el relacionado con el uso de
colores en infraestructura vial.
Especialistas en movilidad y
seguridad han recordado algo elemental: los colores en vialidades no son
decisiones decorativas.
El amarillo vial existe porque salva vidas.
Normas y manuales técnicos internacionales utilizan el
llamado "amarillo tráfico" para:
•advertencia,
•delimitación,
•prevención,
•visibilidad nocturna,
•separación entre peatones y vehículos.
No es un capricho burocrático. Es
el resultado de décadas de experiencia acumulada en prevención de accidentes.
Cuando elementos de seguridad son
sustituidos por decisiones estéticas o identitarias, el problema deja de ser
visual y se vuelve operativo.
Porque el riesgo no desaparece cuando se pinta encima.
Solo se vuelve menos visible.
Lo mismo ocurre con chalecos
reflejantes, señalizaciones o barreras de protección: la técnica no nació
para verse bonita.
Nació porque la gente moría.
Y eso es precisamente lo
preocupante: la sensación de que, poco a poco, la lógica de la imagen
empieza a competir con la lógica de la seguridad.
El Mundial y la ciudad-escaparate
Aquí es donde aparece el Mundial 2026.
Porque los grandes eventos
internacionales no solo transforman ciudades: también las obligan a
producir una narrativa exportable.
FIFA no vende únicamente futbol. La FIFA no vende únicamente
futbol.
Vende experiencia visual.
Vende percepción.
Vende una ciudad limpia, vibrante, turística, segura y
funcional.
Y bajo esa presión internacional,
muchas veces los gobiernos caen en la tentación de construir ciudades para la
televisión antes que para la vida cotidiana.
La prioridad se vuelve:
•lo fotografiable,
•lo viral,
•lo "instagrameable",
•lo simbólicamente atractivo.
No necesariamente lo estructural.
Entonces aparecen:
•fachadas renovadas,
•corredores intervenidos,
•pintura fresca,
•Branding Urbano,
•campañas de identidad visual,
•zonas "blindadas",
•limpieza selectiva del espacio público.
Mientras tanto, las tensiones reales permanecen debajo:
Transporte saturado,
•desigualdad,
•riesgos de movilidad,
•Violencia,
•desplazamiento,
•precarización,
•deterioro urbano.
La ciudad se vuelve escenario.
Y el ciudadano, parte del decorado.
La simulación del orden
Hay algo todavía más delicado.
Cuando una ciudad comienza a
gobernarse desde la lógica del espectáculo, aparece una peligrosa
ilusión: confundir visibilidad con solución.
Pintar no es resolver.
Brandear no es transformar.
Decorar no es gobernar.
Y el riesgo de cara al Mundial es
precisamente ese: que la capital termine atrapada en una política de
maquillaje urbano donde lo importante sea cómo luce la ciudad durante noventa
minutos de transmisión internacional... aunque detrás de cámara continúe
deteriorándose.
Porque el problema no es pintar la ciudad.
El problema es cuando la pintura sustituye al gobierno.
El olor detrás de la pintura
Tal vez por eso empieza a sentirse algo extraño en el
ambiente.
Algo difícil de describir, pero imposible de ignorar.
Como si detrás de los colores
nuevos, de las campañas visuales, de los símbolos amables y de la narrativa de
transformación, hubiera otra realidad intentando esconderse.
Una ciudad cansada.
Desigual.
Frágil.
Sobrecargada.
Una ciudad que se maquilla mientras sus fracturas siguen
abiertas.
Y quizá ahí está el verdadero
riesgo rumbo al Mundial 2026: no que la ciudad tenga problemas —todas las
grandes ciudades los tienen—, sino que el poder termine creyendo que basta
con pintarlos para que dejen de existir.
Porque el deterioro urbano tiene
una mala costumbre: siempre termina atravesando la pintura.
Huele a peligro.
ResponderBorrarYa estamos en un caos y pareciera que estamos en un cazo hirviendo por falta de posibilidades de hacer algo de parar por un momento las actividades y empleos y hacer un alto a tanta Basura de gobierno que quiere continuar haciéndonos creer que no podemos quitarlos y mandarlos a un calabozo sin salida. Pobre México no le llegado la buena oportunidad de Ser gobernado con DIGNIDAD
TOTAL DE ACUERDO MAESTRO MOYA.. saludos!!!
Gracias por leer y por tomarte el tiempo de reflexionar sobre el ensayo.
ResponderBorrarMás allá de posiciones políticas, la intención de “Mundial 2026: un cierto olor a podrido” es abrir preguntas incómodas sobre la distancia entre la ciudad que se proyecta al mundo y la ciudad que viven diariamente millones de personas.
A veces el problema no es solo lo que se oculta…
sino acostumbrarnos a vivir entre grietas maquilladas como si fueran normalidad.