sábado, 16 de mayo de 2026

 



OTRA PERSPECTIVA

Mundial 2026: un cierto olor a podrido

La ciudad maquillada

Por Jose Rafael Moya Saavedra

Hay ciudades que se transforman.
Y hay ciudades que aprenden a maquillarse.

A un año del Mundial 2026A semanas del Mundial 2026, la Ciudad de México parece avanzar peligrosamente hacia lo segundo.

Porque detrás de la nueva estética urbana, de los colores institucionales, de los murales temáticos, de la "ajolotización" del espacio público y de la narrativa de transformación visual, empieza a aparecer una pregunta incómoda: ¿la ciudad se está preparando para funcionar mejor... o solamente para verse mejor ante las cámaras?

La diferencia importa.
Y mucho.

•Porque una ciudad no se vuelve segura por pintarse.

•No se vuelve resiliente por cambiar de color.

•No mejora su movilidad por llenar bardas de símbolos identitarios.

Y, sin embargo, el discurso oficial parece apostar cada vez más a la construcción de una ciudad-escenario: visualmente atractiva, emocionalmente vendible y políticamente rentable.

Una ciudad diseñada para la narrativa.

No necesariamente para sus habitantes.

La estética del poder

La actual administración capitalina ha defendido el uso del morado y del ajolote como parte de una nueva identidad urbana.

El argumento oficial habla de:

•feminismo,

•transformación,

•Memoria,

•resistencia,

•recuperación del espacio público.

La palabra incluso ya existe dentro del discurso político: "ajolotizar".

Una mezcla de marketing urbano, apropiación cultural y estética institucional que busca convertir al ajolote en símbolo de una ciudad regenerada, sensible y moderna.

El problema no es el ajolote.

El problema es lo que se esconde detrás del símbolo.

Porque mientras la conversación pública gira alrededor de colores, murales y branding urbano, debajo siguen intactas muchas de las fracturas reales de la ciudad:

•Drenajes colapsados,

•infraestructura envejecida,

•movilidad caótica,

•Violencia,

•deterioro ambiental,

•contaminación,

•Riesgo vial,

•inseguridad estructural.

La ciudad cambia de tono. Pero no necesariamente de fondo. Y ahí es donde el símbolo deja de ser cultura para convertirse en distractor.

Cuando la imagen desplaza a la técnica

Uno de los debates aparentemente menores —pero profundamente reveladores— ha sido el relacionado con el uso de colores en infraestructura vial.

Especialistas en movilidad y seguridad han recordado algo elemental: los colores en vialidades no son decisiones decorativas.

El amarillo vial existe porque salva vidas.

Normas y manuales técnicos internacionales utilizan el llamado "amarillo tráfico" para:

•advertencia,

•delimitación,

•prevención,

•visibilidad nocturna,

•separación entre peatones y vehículos.

No es un capricho burocrático. Es el resultado de décadas de experiencia acumulada en prevención de accidentes.

Cuando elementos de seguridad son sustituidos por decisiones estéticas o identitarias, el problema deja de ser visual y se vuelve operativo.

Porque el riesgo no desaparece cuando se pinta encima.

Solo se vuelve menos visible.

Lo mismo ocurre con chalecos reflejantes, señalizaciones o barreras de protección: la técnica no nació para verse bonita.

Nació porque la gente moría.

Y eso es precisamente lo preocupante: la sensación de que, poco a poco, la lógica de la imagen empieza a competir con la lógica de la seguridad.

El Mundial y la ciudad-escaparate

Aquí es donde aparece el Mundial 2026.

Porque los grandes eventos internacionales no solo transforman ciudades: también las obligan a producir una narrativa exportable.

FIFA no vende únicamente futbol. La FIFA no vende únicamente futbol.

Vende experiencia visual.

Vende percepción.

Vende una ciudad limpia, vibrante, turística, segura y funcional.

Y bajo esa presión internacional, muchas veces los gobiernos caen en la tentación de construir ciudades para la televisión antes que para la vida cotidiana.

La prioridad se vuelve:

•lo fotografiable,

•lo viral,

•lo "instagrameable",

•lo simbólicamente atractivo.

No necesariamente lo estructural.

Entonces aparecen:

•fachadas renovadas,

•corredores intervenidos,

•pintura fresca,

•Branding Urbano,

•campañas de identidad visual,

•zonas "blindadas",

•limpieza selectiva del espacio público.

Mientras tanto, las tensiones reales permanecen debajo:

Transporte saturado,

•desigualdad,

•riesgos de movilidad,

•Violencia,

•desplazamiento,

•precarización,

•deterioro urbano.

La ciudad se vuelve escenario.

Y el ciudadano, parte del decorado.

La simulación del orden

Hay algo todavía más delicado.

Cuando una ciudad comienza a gobernarse desde la lógica del espectáculo, aparece una peligrosa ilusión: confundir visibilidad con solución.

Pintar no es resolver.

Brandear no es transformar.

Decorar no es gobernar.

Y el riesgo de cara al Mundial es precisamente ese: que la capital termine atrapada en una política de maquillaje urbano donde lo importante sea cómo luce la ciudad durante noventa minutos de transmisión internacional... aunque detrás de cámara continúe deteriorándose.

Porque el problema no es pintar la ciudad.

El problema es cuando la pintura sustituye al gobierno.

El olor detrás de la pintura

Tal vez por eso empieza a sentirse algo extraño en el ambiente.

Algo difícil de describir, pero imposible de ignorar.

Como si detrás de los colores nuevos, de las campañas visuales, de los símbolos amables y de la narrativa de transformación, hubiera otra realidad intentando esconderse.

Una ciudad cansada.

Desigual.

Frágil.

Sobrecargada.

Una ciudad que se maquilla mientras sus fracturas siguen abiertas.

Y quizá ahí está el verdadero riesgo rumbo al Mundial 2026: no que la ciudad tenga problemas —todas las grandes ciudades los tienen—, sino que el poder termine creyendo que basta con pintarlos para que dejen de existir.

Porque el deterioro urbano tiene una mala costumbre: siempre termina atravesando la pintura.


2 comentarios:

  1. Huele a peligro.
    Ya estamos en un caos y pareciera que estamos en un cazo hirviendo por falta de posibilidades de hacer algo de parar por un momento las actividades y empleos y hacer un alto a tanta Basura de gobierno que quiere continuar haciéndonos creer que no podemos quitarlos y mandarlos a un calabozo sin salida. Pobre México no le llegado la buena oportunidad de Ser gobernado con DIGNIDAD
    TOTAL DE ACUERDO MAESTRO MOYA.. saludos!!!

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  2. Gracias por leer y por tomarte el tiempo de reflexionar sobre el ensayo.

    Más allá de posiciones políticas, la intención de “Mundial 2026: un cierto olor a podrido” es abrir preguntas incómodas sobre la distancia entre la ciudad que se proyecta al mundo y la ciudad que viven diariamente millones de personas.

    A veces el problema no es solo lo que se oculta…
    sino acostumbrarnos a vivir entre grietas maquilladas como si fueran normalidad.

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