jueves, 22 de enero de 2026

 

OTRA PERSPECTIVA

Serie: Animales–Territorio–Mercado

Cuando proteger vacía el suelo (cuerpos vulnerables como bisagra)

Por Jose Rafael Moya Saavdedra

Proteger no siempre significa cuidar. A veces significa retirar. Quitar de en medio aquello que estorba para que el territorio pueda reordenarse sin conflicto visible. En la Ciudad de México, los cuerpos vulnerables —animales viejos, personas mayores, familias pobres— se han convertido en bisagras: su desplazamiento permite que el suelo cambie de manos.

El mecanismo es conocido. Primero aparece una causa moral incuestionable: bienestar animal, derecho a la vivienda, protección de víctimas. Luego viene la intervención estatal, casi siempre tardía, casi siempre espectacular. Al final, lo que queda no es restitución plena, sino un espacio despejado y un expediente abierto.

La bisagra humana y animal

En Cuajimalpa, los franciscanitos fueron presentados como víctimas de maltrato. En Iztapalapa, un adulto mayor fue reconocido como propietario despojado. En Roma y el Centro Histórico, familias enteras fueron tratadas como daños colaterales. Los sujetos cambian; la función es la misma: permitir que el conflicto se traslade del espacio público al terreno técnico.

Una vez fuera los animales, el refugio deja de ser un problema social y se convierte en un litigio civil. Una vez expulsada la familia, el edificio deja de ser hogar y se vuelve activo. Una vez asegurada la casa del adulto mayor, la vida queda en pausa mientras el inmueble entra en custodia.

La protección no devuelve la vida anterior. Administra la pérdida.

El lenguaje que limpia

“Rescate”, “aseguramiento”, “custodia”, “restitución en proceso”. El vocabulario institucional suaviza la violencia y legitima la espera. No hay urgencia para devolver posesiones, vínculos o rutinas. Hay tiempo para sellos, peritajes y fideicomisos.

Ese tiempo es clave. Porque mientras el cuerpo vulnerable espera, el territorio se revaloriza.

Cierre

Cuando proteger implica retirar cuerpos del espacio, el suelo queda libre para otras lógicas. La bisagra cumple su función: el conflicto se desactiva, la indignación se enfría y el mercado entra sin hacer ruido.

Proteger, así, vacía el suelo.

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