OTRA PERSPECTIVA
Serie: Animales–Territorio–Mercado
Cuando proteger vacía el suelo (cuerpos vulnerables
como bisagra)
Por Jose Rafael Moya Saavdedra
Proteger no siempre significa
cuidar. A veces significa retirar. Quitar de en medio aquello que
estorba para que el territorio pueda reordenarse sin conflicto visible. En la
Ciudad de México, los cuerpos vulnerables —animales viejos, personas mayores,
familias pobres— se han convertido en bisagras: su desplazamiento
permite que el suelo cambie de manos.
El mecanismo es conocido. Primero
aparece una causa moral incuestionable: bienestar animal, derecho a la
vivienda, protección de víctimas. Luego viene la intervención estatal, casi
siempre tardía, casi siempre espectacular. Al final, lo que queda no es restitución
plena, sino un espacio despejado y un expediente abierto.
La bisagra humana y animal
En Cuajimalpa, los franciscanitos
fueron presentados como víctimas de maltrato. En Iztapalapa, un adulto mayor
fue reconocido como propietario despojado. En Roma y el Centro Histórico,
familias enteras fueron tratadas como daños colaterales. Los sujetos cambian;
la función es la misma: permitir que el conflicto se traslade del espacio
público al terreno técnico.
Una vez fuera los animales, el
refugio deja de ser un problema social y se convierte en un litigio civil. Una
vez expulsada la familia, el edificio deja de ser hogar y se vuelve activo. Una
vez asegurada la casa del adulto mayor, la vida queda en pausa mientras el
inmueble entra en custodia.
La protección no devuelve la vida
anterior. Administra la pérdida.
El lenguaje que limpia
“Rescate”, “aseguramiento”,
“custodia”, “restitución en proceso”. El vocabulario institucional
suaviza la violencia y legitima la espera. No hay urgencia para devolver
posesiones, vínculos o rutinas. Hay tiempo para sellos, peritajes y
fideicomisos.
Ese tiempo es clave. Porque mientras
el cuerpo vulnerable espera, el territorio se revaloriza.
Cierre
Cuando proteger implica retirar
cuerpos del espacio, el suelo queda libre para otras lógicas. La bisagra cumple
su función: el conflicto se desactiva, la indignación se enfría y el mercado
entra sin hacer ruido.
Proteger, así, vacía el suelo.
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