domingo, 18 de enero de 2026

 



OTRA PERSPECTIVA

Los perros que estorban

Cuando el bienestar animal se convierte en dispositivo de control urbano

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El 7 de enero de 2026, el gobierno de la Ciudad de México desplegó uno de los operativos más grandes de “rescate animal” de los últimos años. Más de mil perros y gatos fueron asegurados en el Refugio Franciscano, en Cuajimalpa, bajo el argumento de maltrato y riesgo sanitario. Cientos de policías, cuerpos especiales y personal de distintas dependencias participaron en una acción presentada oficialmente como ejemplar y humanitaria.

La escena fue contundente: animales sacados en masa, separados, trasladados a distintos puntos de la ciudad y colocados bajo custodia gubernamental. En las horas siguientes, la narrativa oficial fue clara y uniforme: se había actuado para proteger a seres sintientes, cumplir la ley y garantizar su bienestar.

Sin embargo, cuando se observa el operativo con mayor detenimiento, aparece una pregunta incómoda: ¿se trató realmente de un rescate o de una operación de control urbano envuelta en el lenguaje del bienestar animal?

El bienestar como marco narrativo

En los últimos años, el gobierno capitalino ha construido un frente discursivo robusto en materia de bienestar animal. Reformas legales que reconocen a los animales como seres sintientes, eliminación formal del “sacrificio” por edad avanzada, endurecimiento de sanciones por maltrato y anuncios de alto perfil —hospitales veterinarios, clínicas en Utopías, parques para perros y campañas masivas de adopción— han consolidado la imagen de una ciudad comprometida con los derechos animales.

Este marco no es menor: funciona como narrativa de legitimación. Coloca al gobierno en el lado moralmente correcto del debate y reduce cualquier cuestionamiento a una aparente oposición entre protección y crueldad. Bajo esta lógica, toda intervención estatal puede presentarse como “rescate”, incluso cuando sus efectos son profundamente traumáticos para los animales involucrados.

El operativo del Refugio Franciscano se inserta exactamente en ese paquete simbólico. Compite por atención pública con anuncios de planes integrales y nuevas infraestructuras, y se presenta como prueba de que el discurso se traduce en acción. El problema es que, al hacerlo, revela las grietas del propio relato.

La práctica detrás del discurso

Tras el operativo, los números comenzaron a circular con dificultad y fragmentación: de los 936 animales asegurados, 858 quedaron bajo resguardo oficial; 304 fueron enviados a un predio en el Ajusco, 371 a la Brigada de Vigilancia Animal y 183 a estancias transitorias. No hubo, desde el inicio, un padrón público completo que detallara estado de salud, condiciones de custodia, criterios de distribución ni destino final.

Esta opacidad no es nueva. Centros de control canino y antirrábicos de la ciudad han sido señalados reiteradamente por activistas y vecinos por sacrificios irregulares y eutanasias fuera de norma. El caso del Centro Luis Pasteur, en Gustavo A. Madero, ha sido descrito como una “matanza ilegal de animales disfrazada de eutanasia”, pese a que oficialmente se presenta como espacio de atención, esterilización y bienestar.

En Tláhuac, vecinos han denunciado redadas de perros que viven en zonas boscosas bajo el pretexto de esterilización, para después no volver a verlos. En todos estos casos, el patrón se repite: captura masiva, traslado a instalaciones públicas, ausencia de información clara sobre adopciones, muertes o sacrificios.

El bienestar animal, en la práctica, se convierte en un dispositivo de administración de cuerpos: captura, encierro, clasificación y, en demasiadas ocasiones, desaparición.

Los animales como problema urbano

Lo que une estos casos no es la crueldad explícita, sino algo más estructural: los animales son tratados como un problema de gestión urbana. No estorban por existir, sino porque no encajan en el modelo de ciudad ordenada, higienizada y plenamente administrable que el poder busca proyectar.

Refugios independientes, colonias de perros comunitarios, animales sin dueño formal o fuera de esquemas institucionales representan una anomalía. Son vidas que no están completamente bajo control del Estado ni del mercado. Frente a ellas, la respuesta no es el fortalecimiento de apoyos, la regularización progresiva o la corresponsabilidad con la sociedad civil, sino el operativo de choque.

E            l lenguaje del “rescate” suaviza esta lógica. Transforma una intervención coercitiva en un acto moralmente incuestionable. Desplaza la atención del método —uso de fuerza, ruptura de redes de cuidado, dispersión traumática— hacia la supuesta intención protectora.

La contradicción central

La Ciudad de México presume ser una capital de derechos animales, pero mantiene un aparato de captura, encierro y sacrificio cuya operación carece de transparencia plena. Reconoce a los animales como seres sintientes, pero los trata como excedentes cuando no se ajustan a los canales oficiales. Promueve la adopción, pero produce aseguramientos masivos que saturan su propia infraestructura.

El caso de los franciscanitos no contradice la política de bienestar animal de la ciudad: la revela. Muestra que, detrás del discurso progresista, persiste una lógica de control territorial donde la prioridad no es la vida concreta de los animales, sino la eliminación de aquello que desordena el espacio urbano.

Cierre: cuando estorbar es suficiente

Los perros del Refugio Franciscano no fueron retirados por ser peligrosos, sino por ser incómodos. Por ocupar un predio en disputa. Por existir fuera de los esquemas formales. Por recordarnos que el bienestar no puede decretarse desde arriba sin escuchar a quienes cuidan, sostienen y conviven con esas vidas.

Cuando el bienestar animal se convierte en una herramienta para limpiar problemas urbanos, deja de ser bienestar y se transforma en otra cosa: una tecnología de gobierno que administra desplaza y borra, siempre en nombre del bien.


Referencias

Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial. (2023). Informe anual de denuncias por maltrato animal en la Ciudad de México 2021–2023. PAOT.
https://www.paot.org.mx

Gobierno de la Ciudad de México. (2024). Plan integral de bienestar animal de la Ciudad de México. Gobierno de la Ciudad de México.
https://www.cdmx.gob.mx

Congreso de la Ciudad de México. (2023). Ley de protección y bienestar de los animales de la Ciudad de México (última reforma). Gaceta Oficial de la Ciudad de México.
https://www.congresocdmx.gob.mx

Secretaría de Seguridad Ciudadana. (2024). Brigada de vigilancia animal: atribuciones y acciones. Gobierno de la Ciudad de México.
https://www.ssc.cdmx.gob.mx

Bauman, Z. (2004). Wasted lives: Modernity and its outcasts. Polity Press.

Foucault, M. (2007). Security, territory, population: Lectures at the Collège de France, 1977–1978 (M. Senellart, Ed.). Palgrave Macmillan.

acquant, L. (2009). Punishing the poor: The neoliberal government of social insecurity. Duke University Press.

 

Nota editorial

Las referencias se incluyen como marco contextual para el análisis y no sustituyen la investigación periodística ni la observación directa de los casos descritos.

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