OTRA PERSPECTIVA
NO SOLO FUE LA CDMX: EL 15N LE ROMPIÓ EL CERCO AL PODER
Por Jose Rafael Moya Saavedra
El gobierno quiso vender la idea
de que el 15N fue un “eventito” en Reforma. Una molestia menor. Un
grupo reducido. Una exageración juvenil amplificada por redes.
Pero la realidad fue otra. El 15N
no se concentró en una sola avenida ni en un solo Zócalo.
El 15N se volvió nacional.
Mientras la narrativa oficial hacía
malabares para minimizar la protesta, un país completo estaba en la calle:
Monterrey, Mérida, León, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Xalapa y más de 70 ciudades
adicionales.
Si eso no es un mensaje,
¿qué lo es?
El gobierno quiso reducirlo al
CDMX. El país respondió marchando en mapa completo.
Un movimiento que rompió el monopolio de la plaza
El poder vive obsesionado con el Zócalo. Cree que todo pasa
ahí. Cree que mientras controle esa plaza, controla la protesta.
Pero esta
vez la protesta explotó fuera del Zócalo. Y eso la vuelve más
peligrosa para quien gobierna. Porque un Zócalo se bloquea. Un país no.
La cifra que no quieren escuchar: 78 ciudades
Las autoridades repitieron la
cifra de “700 asistentes” en CDMX como si eso pudiera borrar lo evidente: la
protesta ya no necesita permisito del poder para existir.
La marcha no se dispersó. Se
multiplicó.
Cuando 78 ciudades salen al mismo
tiempo, cuando jóvenes, médicos, estudiantes, colectivos de víctimas y familias
enteras marchan sin partidos, cuando el movimiento se organiza sin estructuras
tradicionales…
…entonces estás frente a algo que
ningún vocero quiere admitir: el hartazgo ya rebasó el control político.
El discurso oficial: minimizar, sospechar, deslegitimar
La reacción del poder fue predecible:
- Hablar
de “desinformación”.
- Acusar
“intereses externos”.
- Minimizar
la legitimidad del movimiento.
- Repetir
que “todo estuvo en orden” mientras 20 civiles y más de 100
policías salían heridos.
- Negar
el tamaño moral del mensaje.
Se gobernó el 15N desde una
lógica vieja: si lo minimizas, desaparece.
Pero no desapareció.
Al contrario: la minimización
encendió más indignación.
Algo que el poder no calculó: el 15N fue apartidista
Aquí está el punto más filoso del análisis:
·
El 15N no lo organizó la oposición.
·
No lo convocó un partido.
·
No hubo micrófonos partidistas.
·
No hubo líderes tradicionales.
Eso es exactamente lo que el
gobierno no entiende: cómo se le enfrenta un país que ya no necesita líderes
para indignarse.
Generación Z México, Bata Blanca, el Movimiento del
Sombrero, colectivos de desaparecidos, estudiantes, profesores, organizaciones
civiles… La protesta funciona porque es horizontal. Y lo horizontal no
se controla.
La verdad que deja el 15N
El poder puede descalificar,
minimizar y acusar. Pero hay tres verdades que ya no puede esconder:
1. El país está cansado. Muy cansado.
No es enojo: es desgaste acumulado.
2. La narrativa del miedo ya no funciona.
“Obedece y no pasa nada” dejó de ser creíble en un país
donde lo peor pasa incluso cuando obedeces.
3. La protesta dejó de ser centralizada.
Eso rompe el esquema de control que el gobierno conoce.
Lo más peligroso para el gobierno no fue la marcha… sino
lo que reveló
·
Reveló que la gente ya no está esperando
permiso.
·
Que el país ya no se conforma con explicaciones
burocráticas.
·
Que la juventud dejó de pedir permiso para vivir
sin miedo.
·
Que el discurso oficial perdió el monopolio del
sentido.
Reveló que el 15N no fue una marcha. Fue un
diagnóstico.
Y el diagnóstico es claro: México está harto.
Y cuando un país entero se
levanta el mismo día, el poder debería escuchar. No descalificar.
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