domingo, 16 de noviembre de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

NO SOLO FUE LA CDMX: EL 15N LE ROMPIÓ EL CERCO AL PODER

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El gobierno quiso vender la idea de que el 15N fue un “eventito” en Reforma. Una molestia menor. Un grupo reducido. Una exageración juvenil amplificada por redes.

Pero la realidad fue otra. El 15N no se concentró en una sola avenida ni en un solo Zócalo.

El 15N se volvió nacional.

              Mientras la narrativa oficial hacía malabares para minimizar la protesta, un país completo estaba en la calle: Monterrey, Mérida, León, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Xalapa y más de 70 ciudades adicionales.

Si eso no es un mensaje, ¿qué lo es?

El gobierno quiso reducirlo al CDMX. El país respondió marchando en mapa completo.

Un movimiento que rompió el monopolio de la plaza

El poder vive obsesionado con el Zócalo. Cree que todo pasa ahí. Cree que mientras controle esa plaza, controla la protesta.

              Pero esta vez la protesta explotó fuera del Zócalo. Y eso la vuelve más peligrosa para quien gobierna. Porque un Zócalo se bloquea. Un país no.

La cifra que no quieren escuchar: 78 ciudades

Las autoridades repitieron la cifra de “700 asistentes” en CDMX como si eso pudiera borrar lo evidente: la protesta ya no necesita permisito del poder para existir.

La marcha no se dispersó. Se multiplicó.

Cuando 78 ciudades salen al mismo tiempo, cuando jóvenes, médicos, estudiantes, colectivos de víctimas y familias enteras marchan sin partidos, cuando el movimiento se organiza sin estructuras tradicionales…

…entonces estás frente a algo que ningún vocero quiere admitir: el hartazgo ya rebasó el control político.

El discurso oficial: minimizar, sospechar, deslegitimar

La reacción del poder fue predecible:

  • Hablar de “desinformación”.
  • Acusar “intereses externos”.
  • Minimizar la legitimidad del movimiento.
  • Repetir que “todo estuvo en orden” mientras 20 civiles y más de 100 policías salían heridos.
  • Negar el tamaño moral del mensaje.

Se gobernó el 15N desde una lógica vieja: si lo minimizas, desaparece.

Pero no desapareció.

Al contrario: la minimización encendió más indignación.

Algo que el poder no calculó: el 15N fue apartidista

Aquí está el punto más filoso del análisis:

·       El 15N no lo organizó la oposición.

·       No lo convocó un partido.

·       No hubo micrófonos partidistas.

·       No hubo líderes tradicionales.

Eso es exactamente lo que el gobierno no entiende: cómo se le enfrenta un país que ya no necesita líderes para indignarse.

       Generación Z México, Bata Blanca, el Movimiento del Sombrero, colectivos de desaparecidos, estudiantes, profesores, organizaciones civiles… La protesta funciona porque es horizontal. Y lo horizontal no se controla.

La verdad que deja el 15N

El poder puede descalificar, minimizar y acusar. Pero hay tres verdades que ya no puede esconder:

1. El país está cansado. Muy cansado.

No es enojo: es desgaste acumulado.

2. La narrativa del miedo ya no funciona.

“Obedece y no pasa nada” dejó de ser creíble en un país donde lo peor pasa incluso cuando obedeces.

3. La protesta dejó de ser centralizada.

Eso rompe el esquema de control que el gobierno conoce.

Lo más peligroso para el gobierno no fue la marcha… sino lo que reveló

·       Reveló que la gente ya no está esperando permiso.

·       Que el país ya no se conforma con explicaciones burocráticas.

·       Que la juventud dejó de pedir permiso para vivir sin miedo.

·       Que el discurso oficial perdió el monopolio del sentido.

Reveló que el 15N no fue una marcha. Fue un diagnóstico.

Y el diagnóstico es claro: México está harto.     

Y cuando un país entero se levanta el mismo día, el poder debería escuchar. No descalificar.

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