miércoles, 12 de noviembre de 2025

 



Otra Perspectiva | México: Anatomía de un punto de inflexión (2)

Voces del agravio: el México que resiste

Por Jose Rafael Moya Saavedra

 

I. El eco del silencio

En México, el dolor tiene voz, pero casi nunca micrófono. Cada historia de agravio nace en el silencio: una madre que busca a su hijo entre montes resecos, un campesino que mira su parcela abandonada por la sequía y el olvido, un periodista que se despide de su familia antes de cubrir una nota sabiendo que quizá no regrese.

Son miles, pero parecen uno solo: el ciudadano que resiste. Y aunque las estadísticas gritan, la indiferencia institucional las ensordece.

El país ha aprendido a caminar sobre el agravio como quien avanza entre ruinas. Sin embargo, en esas ruinas aún brota algo: una dignidad terca, una fuerza que se rehúsa a morir. Porque en México, incluso el dolor se organiza.

II. El país que trabaja con miedo

Los informes oficiales insisten en que la violencia disminuye, pero la realidad contradice los boletines.

En 2025, la inseguridad ha dejado de ser un dato: es una experiencia cotidiana. Hay quien teme salir de noche, quien no vuelve por la misma ruta, quien ya no denuncia. La estadística no mide el temblor en la voz cuando un familiar no contesta el teléfono.

Los campesinos del Bajío lo saben: ya no temen a la sequía, sino al grupo armado que controla el agua.

Los maestros en Guerrero lo saben: no temen al rezago educativo, sino a los hombres que cobran “cuotas” por enseñar. Los periodistas lo saben: no temen al error, sino al silencio obligado.

Y pese a todo, siguen. Trabajan, enseñan, escriben, siembran. No por fe en el gobierno, sino por amor a la vida.

III. La fractura y el espejismo

México vive una contradicción que lo desgarra: una democracia formal con una realidad fragmentada.

·       Se eligen representantes, pero no se garantizan vidas.

·       Se promulgan leyes, pero no se ejecuta justicia.

·       Se proclama transparencia, pero se oculta la verdad.

Esa distancia entre el discurso y la vida cotidiana ha erosionado el pacto moral que sostenía a la nación. El ciudadano siente que cumple, pero que el Estado no responde.

Y así surge una nueva forma de pobreza: la de la confianza.

El espejismo democrático se mantiene, pero la legitimidad se evapora. Y sin legitimidad, la democracia se convierte en ritual vacío, en ceremonia sin alma.

IV. Periodistas, maestros, madres y campesinos: los nuevos guardianes

Ante la descomposición, la esperanza ha cambiado de oficio. Hoy los verdaderos guardianes de México no están en las oficinas ni en los curules.

Están en los campos, en los salones de clase, en las redacciones humildes, en las cocinas donde una madre reza por sus hijos desaparecidos.

El periodismo se ha convertido en acto de resistencia. Cada nota publicada es una forma de decir: “Aquí seguimos, no han ganado.”

Las madres buscadoras representan la fuerza espiritual del país: mujeres sin uniforme ni presupuesto que se han vuelto la conciencia viva de una nación dormida.

El magisterio rural, tan golpeado, sigue enseñando a leer y a esperar. Y los campesinos, que siembran con las manos y fe, sostienen la memoria de lo que alguna vez fue la promesa del campo mexicano.

V. El agravio como espejo

El agravio colectivo no es solo una suma de injusticias: es un espejo. Nos devuelve la imagen del país que hemos permitido. Y también la del país que podríamos reconstruir.

México no está condenado a la violencia, sino a su memoria. Cada herida documentada, cada protesta, cada historia que se cuenta, es una semilla de verdad. Y la verdad, cuando se planta con valentía, acaba germinando justicia.

Pero para eso hace falta algo más que coraje: hace falta comunidad. Porque el agravio divide, pero la empatía une.

Y el día en que el dolor de uno vuelva a dolerle a todos, México habrá comenzado a sanar.

VI. El país que se niega a rendirse

Hay un país invisible que sostiene a México: el que no aparece en los noticieros ni en los informes.

Es el país de la gente que trabaja sin garantías, que ora sin templos, que enseña sin salario justo y que siembra sin agua.

Es el país que no pide permiso para seguir viviendo.

En ese México profundo, todavía resuena una esperanza que no depende de decretos ni campañas: la esperanza que nace de creer que lo correcto sigue valiendo la pena.

Mientras el miedo se organiza, la esperanza también lo hace.

Y aunque la violencia parezca infinita, hay algo que no muere: la voluntad de un pueblo que aún quiere entenderse, curarse y volver a caminar juntos.

VII. Colofón: una luz que no se negocia

No hay transformación posible sin memoria. El país no puede avanzar si olvida a quienes lo sostienen.

Por eso, esta es la hora de escuchar sus voces, no para victimizar, sino para reconocer.

México resiste porque, a pesar de todo, sigue teniendo alma. Y cuando un país conserva su alma, ningún poder, por más fuerte que parezca, puede derrotarlo.

El futuro de México no está en las promesas, sino en la conciencia. Y esa conciencia —dolida, cansada, pero viva— es la verdadera raíz de su esperanza.

1.- Otra Perspectiva | México: Anatomía de un punto de inflexión


Del agravio al reencuentro social

https://otraperspectivarafamoya.blogspot.com/2025/11/otra-perspectiva-mexico-anatomia-de-un.html


 

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