lunes, 3 de noviembre de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Estado Desaparecedor: Cuando la Ley se Convierte en Fosa

Ensayo sobre la omisión estructural y la memoria vigilante

José Rafael Moya Saavedra

Prólogo

El rostro que borra la ley

Del Estado garante al Estado que desaparece... legalmente

Todo Estado nace con una promesa: proteger a sus ciudadanos, garantizar sus derechos y hacer justicia en nombre del bien común.

Pero hay momentos —como el que vive México hoy— en los que esa promesa no solo se rompe: se revierte.

El Estado deja de ser protector para convertirse en verdugo. Y la ley, que debería ser escudo, se convierte en pala.

La realidad detrás del discurso

          México vive una de las crisis humanitarias más graves de su historia reciente.
Al 11 de marzo de 2025, la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) registró 123,808 personas desaparecidas y no localizadas.

En morgues y laboratorios forenses del país se acumulan más de 72,000 cuerpos sin identificar, según informes de IDHEAS y Fundar.
El 99% de los casos permanece impune.

Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025, 8,000 nuevas desapariciones fueron reportadas —un promedio de 56 por día—, la mayoría de jóvenes entre 10 y 29 años.

En marzo de 2025, el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU (CED) activó por primera vez en la historia el Artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.

El motivo: México. El Comité considera que existen indicios fundados de desapariciones sistemáticas y generalizadas y ha iniciado un procedimiento internacional que podría escalar a la Asamblea General de Naciones Unidas.

No se trata de un fenómeno aislado. Ni de una percepción mediática. Se trata de una práctica extendida —por acción o por omisión— dentro de la estructura estatal.

Del desamparo legal al desamparo sanitario

El rostro del Estado desaparecedor no se agota en las fosas.También se manifiesta en los hospitales vacíos, en las recetas sin surtir, en los quirófanos cerrados.

Entre 2021 y 2025, el sistema público de salud mexicano ha fallado en surtir hasta 70,000 recetas diarias, especialmente de medicamentos vitales como insulina, anticonvulsivos y quimioterapias pediátricas.

La tasa de sobrevida infantil con cáncer cayó del 80% al 52%.
El Estado no desaparece solo cuerpos: también borra el derecho a vivir.

La falta de medicamentos no es un accidente. Es el resultado de decisiones administrativas, licitaciones fallidas y negligencia presupuestal.

Mientras las familias recorren farmacias buscando una ampolleta, el Estado promete transparencia y entrega estadísticas parciales. El resultado es el mismo: la vida fuera del amparo de la ley.

Así, la omisión sanitaria y la desaparición forzada son rostros distintos del mismo crimen estructural: la negación deliberada del ciudadano por parte del poder público.

Ambas eliminan a la persona —por el silencio o por el abandono— y revelan que el Estado mexicano ha aprendido a desaparecer sin ensuciarse las manos.

La desaparición del poder local: alcaldes en la línea del fuego

La desaparición no solo se mide en víctimas civiles. También ha alcanzado al propio Estado a través de sus representantes.

Entre 2017 y 2025, al menos 106 presidentes municipales han sido asesinados en México, según recuentos hemerográficos y organismos de seguridad local.
Solo en 2025, una decena de alcaldes ha sido ejecutada, principalmente en Michoacán, Guerrero y Oaxaca, estados marcados por la disputa territorial entre crimen organizado y estructuras políticas debilitadas.

El 1 de noviembre de 2025, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, presidente municipal de Uruapan, Michoacán, fue asesinado durante un acto público del Día de Muertos.

El ataque dejó varios heridos, entre ellos un regidor. El crimen no solo evidencia la vulnerabilidad de los alcaldes mexicanos: revela que la autoridad local también desaparece, borrada del mapa institucional por acción criminal o por omisión del Estado que debía protegerla.

El poder municipal, que debería ser la primera línea del gobierno ante la ciudadanía, se ha convertido en zona de sacrificio. Entre el miedo, la extorsión y la indiferencia federal, muchos municipios viven bajo un doble secuestro: el del crimen organizado y el del abandono institucional. Así, la desaparición del Estado no solo se refleja en los desaparecidos, sino también en los gobiernos locales que gobiernan con la mitad del poder y el doble del miedo.

La desaparición como diseño institucional

El Estado desaparecedor no se presenta como dictador. Se presenta como Estado de derecho. Firma acuerdos, asiste a cumbres, legisla.

·       Pero cuando una madre denuncia la desaparición de su hija, le piden esperar 72 horas.

·        Cuando un enfermo necesita su tratamiento, le dicen que “no hay clave disponible”.

·       Cuando un alcalde solicita protección, no llega el refuerzo.

·       Y cuando los colectivos encuentran restos, no hay fiscal, ni protocolo, ni voluntad.

Así actúa el nuevo rostro del poder:

·       No tortura, archiva. No mata, omite. No protege, abandona. Y cuando responde, ya es demasiado tarde.

De la ley viva a la fosa legal

En este ensayo veremos cómo la desaparición ocurre tanto en el desierto como en el formulario, en la fosa clandestina y en el hospital sin insumos,en la trinchera municipal abandonada y en el oficio con sello oficial.

El cuerpo ya no está. El Estado ya no busca. Y la ley no protege: cubre.

·       Cada carpeta sin seguimiento, cada registro sin interoperabilidad,

·       cada alcalde asesinado sin justicia,

·       cada receta no surtida,

·       es parte de la arquitectura del olvido.

Por qué escribir este texto

Porque callar es aceptar. Y porque hay que escribir mientras se pueda, para que nadie diga después: “no sabíamos.” Este texto no es solo una denuncia. Es un acto de memoria y una advertencia:

Un Estado que desaparece a su gente —por acción o por omisión— no puede llamarse democracia. Y una ley que no protege es una fosa disfrazada de código.

Capítulo 1

Del Estado protector al Estado ausente

Cuando el derecho prometido se convierte en simulación institucional

Durante siglos, el Estado fue concebido como la figura que media entre el caos y el orden. Su razón de ser era proteger la vida, garantizar la justicia y mantener la paz social.

Desde Hobbes hasta Rousseau, el contrato social descansaba en un principio sencillo: “Tú me entregas parte de tu libertad, y yo te garantizo seguridad y derechos.”

En México, ese contrato está roto. No por catástrofe natural ni por guerra civil, sino por diseño: por omisión planificada, por impunidad legalizada y por un abandono que ya se volvió estructura.

De garante de derechos a cómplice por omisión

El Estado mexicano ha transitado de ser un garante fallido a convertirse en una estructura que tolera y reproduce la desaparición de sus propios ciudadanos.
La crisis actual no es una anomalía: es un patrón institucional.

Según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), hasta marzo de 2025 123,808 personas permanecen desaparecidas y no localizadas.

De ellas, más del 99% de los casos continúa sin sentencia. No hay responsables. No hay justicia. Solo ausencias acumuladas.

¿Cómo se pasa del error estructural a la estrategia de desaparición?

·      Cuando una madre reporta la desaparición de su hijo y ningún protocolo se activa.

·       Cuando un expediente reposa meses en una fiscalía sin diligencias.

·       Cuando una autoridad local pide ayuda y no recibe refuerzo.

·       Cuando un hospital público responde “no hay clave disponible”.

No estamos ante una falla del sistema: estamos ante un sistema de fallas normalizadas.

El Estado ha aprendido a desaparecer sin ensuciarse las manos:

·       Archiva, posterga, silencia.

·        Legisla con vacíos.

·        Opera con descoordinación crónica.

·        Responde tarde, mal y sin responsabilidad.

La dimensión nacional del abandono

Jalisco encabeza con más de 15,000 personas desaparecidas. Le siguen el Estado de México y Tamaulipas, ambos con más de 13,000.

El 75% de los municipios del país tiene al menos un caso documentado.
Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025 se reportaron 8,000 nuevas desapariciones, un promedio de 56.6 diarias. La mayoría de las víctimas tiene entre 10 y 29 años.

Esta no es una cifra fría: es un mapa del abandono institucional. Los jóvenes, las mujeres y los sectores más pobres son los primeros en caer fuera del radar del Estado.

El Estado que abandona hasta a sus autoridades

La ausencia no solo afecta a los ciudadanos. También alcanza a los propios representantes del poder público.

Entre 2017 y 2025, más de cien presidentes municipales han sido asesinados en México; diez de ellos solo en 2025.

El caso más reciente, el de Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, Michoacán, ocurrido el 1 de noviembre de 2025, ilustra la vulnerabilidad del poder local.

Los municipios se convirtieron en franjas de riesgo, donde el crimen organizado impone su ley y el gobierno federal responde con silencio o tardanza.

La autoridad municipal —que debería ser la primera línea de protección del ciudadano— es hoy la primera víctima del vacío de Estado. Cada alcalde asesinado o intimidado representa una institución que desaparece.

La impunidad de estos crímenes, sumada a la indiferencia burocrática, erosiona el rostro político del país.

El poder local se desvanece, y con él desaparece la posibilidad de proximidad, justicia y gobierno real.

La omisión sanitaria como nueva forma de desaparición

Mientras en unas regiones se excavan fosas, en otras se llenan las salas de espera. El desabasto médico, la falta de personal y los quirófanos cerrados son parte del mismo patrón de abandono.

Entre 2021 y 2025, hasta 70,000 recetas diarias quedaron sin surtir en el sistema público de salud.

El desabasto de quimioterapias y anticonvulsivos, la carencia de anestésicos, y el colapso hospitalario en estados del sur son formas de desaparición sin violencia física.

·       La víctima no es levantada en la calle: es omitida en la ventanilla.

·       Su expediente se archiva bajo el sello de “pendiente por abasto”.

·       El resultado es el mismo: la persona deja de existir para el sistema.

La omisión también mata. Y cada muerte por desabasto es una forma de desaparición administrativa. Sin fosas, sin balas, sin cuerpo visible.

Un Estado que se borra a sí mismo

Ya no hay rostro protector. No hay nombres. Las instituciones no comparecen.
El poder judicial se ha convertido en un muro de contención más que en una puerta de justicia.

·       Cuando las familias se organizan, son revictimizadas.

·       Cuando los periodistas investigan, son perseguidos.

·       Cuando los alcaldes piden ayuda, son ignorados.

·       Y cuando la sociedad exige respuestas, se le acusa de “politizar el dolor”.

         El Estado mexicano no está ausente por accidente. Está ausente porque le conviene. Le resulta más fácil gestionar la desaparición que asumir su responsabilidad.

Una promesa que solo existe en papel

México cuenta con leyes avanzadas: la Ley General en Materia de Desaparición,
la Ley General de Salud, la Ley de Fiscalías, y los protocolos homologados.

Pero en la práctica:

  • No hay voluntad política ni presupuesto suficiente.
  • La coordinación entre la CNB, la FGR y los servicios forenses es deficiente.
  • Las leyes se cumplen en apariencia, no en resultados.

El Estado desaparecedor se disfraza de legalidad. Su arma no es la represión abierta, sino la simulación burocrática. Su mayor victoria no es el control, sino la indiferencia.

Cierre del capítulo

El Estado mexicano ha aprendido a desaparecer de todas las formas posibles:
Desaparece personas, desaparece medicinas, desaparece autoridades locales, y desaparece su propio deber moral.

No lo hace siempre con violencia directa, sino con una eficiencia fría que borró la empatía del sistema.

        La ciudadanía no solo está sola. Está invisibilizada por quienes juraron protegerla.

        Y así, el Estado —que debía ser presencia— se ha vuelto una sombra con embrete,
un poder que archiva lo que no quiere ver y que ya no busca, porque ha dejado de recordar.

Capítulo 2

La desaparición como política

El poder que silencia a través del vacío

Cuando una práctica se repite durante años, en múltiples regiones, bajo distintos gobiernos, y deja a decenas de miles de víctimas sin justicia, ya no estamos frente a una crisis aislada.

Estamos frente a una política pública no reconocida, pero efectiva:
la política del olvido.

En México, desaparecer se ha convertido en una estrategia de control, de administración del miedo y de protección institucional.

Y el Estado, lejos de detenerla, la permite, la tolera o la gestiona.

Cifras que rompen el silencio

Hasta marzo de 2025, existen 123,808 personas desaparecidas y no localizadas, según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB).

Desde 2006, más de 72,000 cuerpos permanecen sin identificar en instituciones forenses desbordadas.

Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025 se reportaron casi 8,000 nuevas desapariciones.

El 75% de los municipios del país tiene al menos una persona desaparecida.
El 99% de los casos permanece en impunidad.

Esto no es un accidente: es el reflejo de un sistema que ya no protege, sino que administra el abandono.

El patrón es claro: sistemático y generalizado

La ONU, a través del Comité contra la Desaparición Forzada (CED), ha advertido que las desapariciones en México son “sistemáticas y generalizadas”, con participación o aquiescencia de autoridades en distintos niveles.

Por eso, el 2025 quedará marcado como el año en que se activó el Artículo 34 de la Convención Internacional, un procedimiento reservado a los Estados donde existen indicios bien fundados de desaparición generalizada.

No es un error.
No es una coincidencia.
Es una decisión institucional sostenida en el tiempo.

Casos emblemáticos, heridas abiertas

  • Ayotzinapa (2014): 43 normalistas desaparecidos; participación documentada de autoridades municipales, estatales, federales y militares.
  • La Bartolina, Tamaulipas: más de una tonelada de restos humanos en una fosa clandestina.
  • San Fernando: migrantes masacrados y enterrados masivamente con complicidad de fuerzas de seguridad.
  • Jalisco: cuerpos almacenados en tráileres ante el colapso forense.

Cada caso no es una excepción: es un eslabón en la cadena de impunidad.

El encubrimiento como protocolo

·       Se abren carpetas sin seguimiento.

·       Se declaran incompetencias entre fiscalías.

·       Se archivan cuerpos sin identificación.

·       Se criminaliza a las víctimas.

Las instituciones no investigan, no sancionan, no reparan.

Y cuando lo hacen, es solo para protegerse entre ellas. La desaparición deja de ser un fracaso judicial y se convierte en una técnica administrativa de invisibilización.

La desaparición por omisión sanitaria

El exterminio que no necesita balas

No todas las desapariciones se producen con violencia directa. Algunas ocurren en hospitales, farmacias y ventanillas. El desabasto prolongado de medicamentos, la negación de cirugías o la clausura de quirófanos constituyen una forma moderna de desaparición: la desaparición por omisión sanitaria.

Entre 2021 y 2025, México ha registrado fallas diarias de hasta 70,000 recetas no surtidas en el sistema público.

La tasa de sobrevida infantil con cáncer cayó del 80% al 52%, según asociaciones médicas y organizaciones civiles.

El IMSS, ISSSTE y Birmex han reconocido interrupciones logísticas, retrasos en licitaciones y pérdida de trazabilidad en insumos críticos.

En hospitales públicos, pacientes de epilepsia, VIH, cáncer o diabetes han desaparecido del sistema, no porque los hayan secuestrado, sino porque fueron omitidos de la atención médica garantizada por ley.

·       No hubo secuestradores, hubo sellos de “agotado”.

·       No hubo fosa, hubo archivos clínicos vacíos.

·       No hubo balas, pero sí una cadena de negligencias que mata sin dejar huella.

Paralelismos del mismo crimen

Lo que se borra con cal en una fosa, también puede borrarse con un sello administrativo.

“No tenemos su medicamento” es, en su contexto, una frase tan letal como un disparo.

El Estado que calla ante el crimen organizado es el mismo que omite ante la enfermedad. Ambos silencios destruyen vidas, ambos protegen intereses y ambos perpetúan el abandono.

La omisión sistemática —cuando es conocida, repetida y no corregida—
también constituye una forma de violencia de Estado.

El lenguaje como arma

·       “Riesgo colateral.”

·       “Víctima sin signos de criminalidad.”

·       “Desabasto temporal.”

·       “Cirugía reprogramada.”

Cada eufemismo borra una vida y encubre una responsabilidad. El Estado no solo desaparece cuerpos: desaparece palabras. Y con ellas, la verdad.

El Estado que fabrica silencio

La desaparición como política no requiere dictaduras. Puede ejecutarse desde oficinas climatizadas y conferencias matutinas. Solo necesita tres ingredientes: omisión, control narrativo y burocracia impune.

Así opera el Estado desaparecedor:

  • Registra para aparentar transparencia.
  • Archiva para no actuar.
  • Niega para sobrevivir políticamente.

La ley, en su forma más perversa, se convierte en escudo de la impunidad.
Y la estadística, en su versión más cínica, sirve para administrar el olvido.

Cierre del capítulo

En México, la desaparición es política.
Es parte de una lógica de control, de disuasión, de abandono selectivo.
Un mecanismo silencioso que borra no solo a las personas, sino también al sentido mismo del Estado.

Mientras no se reformen las estructuras, mientras no se castigue a los responsables,
mientras el poder siga confundiendo “no ver” con “no existir”, la desaparición seguirá operando desde las sombras...

·       Con uniforme.

·       Con sello oficial.

·       Con membrete institucional.

Porque en este país, desaparecer no es una falla. Es una decisión.

Capítulo 3

La fosa legal

Donde la justicia no muere… se archiva

En México, las fosas clandestinas esconden cuerpos. Pero las fosas legales entierran verdades.

Mientras unas se excavan con palas y rastros de sangre, las otras se abren con firmas, carpetas, oficios y excusas.

El problema ya no es solo la violencia física que desaparece cuerpos, sino la violencia institucional que desaparece la justicia.

Del expediente a la fosa: cómo desaparece una persona por segunda vez

1.    La primera desaparición es física.

2.    La segunda, procesal.

3.    La tercera, administrativa.

4.    La cuarta, simbólica.
Todas ocurren dentro del Estado.

Y todas comparten un mismo patrón: son lentas, burocráticas… y deliberadas.

·       Una carpeta de investigación que nunca avanza.

·       Un dictamen médico sin firma.

·       Un protocolo de búsqueda que no se activa.

·       Un oficio que se “extravía”.

·       Una denuncia que se “vuelve estadística”.

Cada omisión tiene un número, un folio, una fecha. Cada silencio tiene membrete. Así se construye una fosa legal: no bajo tierra, sino en los archivos del poder.

La dimensión forense del colapso

Desde 2006, México ha acumulado más de 72,000 cuerpos sin identificar.
El Banco Nacional de Datos Forenses y el Registro Nacional de Personas Fallecidas No Identificadas siguen incompletos y sin interoperabilidad.

Las fiscalías estatales operan con sistemas fragmentados, y los colectivos encuentran cuerpos más rápido que las instituciones.

La fosa legal no está en el campo: está en el escritorio. Y su tierra son los papeles: informes mal llenados, oficios pendientes, sellos vencidos.

Cada cuerpo sin nombre es una biografía suspendida. Cada archivo sin respuesta, una tumba sin cruz.

El expediente como lápida

En México, un expediente puede convertirse en una forma de sepultura.

  • Carpeta abierta sin diligencias.
  • Dictamen incompleto.
  • Oficio “en revisión”.
  • Protocolo sin ejecutar.
  • Informe forense sin cotejo.

La ley promete justicia, pero la práctica solo ofrece formularios. Y el funcionario que debería investigar se convierte en sepulturero de la verdad.

La impunidad tiene firma y sello. La justicia, solo copia simple.

La fosa médica: la muerte por trámite

La misma lógica opera en el sistema de salud. Allí, las fosas no se excavan: se registran en listas de espera.

Cada cirugía cancelada, cada receta no surtida, cada hospital sin insumos es una tumba administrativa.

Entre 2021 y 2025, hasta 70,000 recetas diarias quedaron sin surtir;
miles de pacientes murieron esperando tratamientos oncológicos o de epilepsia.

El expediente clínico —como el judicial— se convierte en lápida.
Y los hospitales, en silenciosas fosas legales de la salud pública.

·       Nadie dispara, pero alguien no firma.

·       Nadie entierra, pero alguien no entrega.

·       Nadie ordena, pero todos callan.

El resultado es el mismo: la muerte por omisión, la impunidad por protocolo.

La norma que simula y encubre

México presume un marco jurídico robusto:

  • Ley General en Materia de Desaparición Forzada (2017)
  • Ley de la fiscalía general de la República
  • Protocolos Homologados de Búsqueda
  • Ley General de Salud
  • Normas de Transparencia y Rendición de Cuentas

Pero en la práctica:

  • Las leyes no se aplican.
  • Los registros no se cruzan.
  • Los procesos no son públicos.
  • Los presupuestos no se ejecutan o se subejercen.

La ley que no se cumple se convierte en simulacro. Y el simulacro, en mecanismo de impunidad.

El Estado desaparecedor usa la legalidad como disfraz de legitimidad.
La ley deja de ser un camino a la justicia para convertirse en una trampa circular,
donde la víctima entra buscando verdad y sale con un oficio de archivo.

Propuestas para revertir la fosa legal

1. Eliminación del requisito de 72 horas para iniciar búsquedas de personas desaparecidas.
2. Protocolos de activación inmediata en salud y justicia (sin excusas administrativas).
3. Consolidación de una Base Nacional Forense interoperable, con datos abiertos y verificados.
4. Participación ciudadana y de familiares en la supervisión de carpetas y registros.
5. Publicación mensual obligatoria de cifras desagregadas por estado, fiscalía y tipo de caso.
6. Creación de un Registro Nacional de Víctimas por Omisión Sanitaria, con mecanismos de reparación del daño.
7. Auditorías cívicas a fiscalías y hospitales, para identificar cuellos de botella y responsabilidades directas.

Estas no son sugerencias: son condiciones mínimas de dignidad.

La fosa política: cuando el Estado se sepulta a sí mismo

La impunidad no solo sepulta expedientes. También entierra instituciones.

Cada alcalde asesinado sin justicia, cada periodista silenciado, cada médico que renuncia por miedo, cada funcionario honesto que se queda solo, forma parte de una fosa política más amplia: la del Estado que cava su propio descrédito.

La autoridad que no protege ni a sus servidores, termina siendo un cadáver moral con investidura legal.

Cierre del capítulo

La fosa legal no necesita sangre. Le bastan sellos, plazos vencidos y excusas en papel membretado. Allí la justicia no muere: se archiva. Y el olvido se vuelve oficio.

Mientras el Estado siga escondiendo sus crímenes detrás del lenguaje jurídico y la burocracia, seguiremos caminando sobre un país lleno de tumbas invisibles: tumbas con número de oficio, con número de caso, con número de expediente.

Y aunque nadie lo diga en voz alta, todos sabemos que esa tierra también está  removida.

Capítulo 4

Víctimas sin nombre, Estado sin rostro

Cuando el lenguaje mata y el expediente borra

En México, no todas las desapariciones ocurren en una noche. Muchas comienzan en el lenguaje. Otras, en el archivo. Algunas, en la ventanilla del hospital.

Desaparecer no siempre significa quitarle el cuerpo a alguien. A veces, basta con quitarle el nombre, la historia, el expediente, el derecho a ser buscado o atendido.
Y eso lo hace el Estado todos los días… con palabras.

La despersonalización institucional

·       “NN.”

·       “No identificado.”

·       “Persona ausente.”

·       “Sin signos visibles de violencia.”

·       “Desabasto temporal.”

·       “Cirugía diferida.”

             Cada frase tiene un peso que excede su apariencia técnica. No son expresiones neutras. Son mecanismos de desresponsabilización.

El Estado, cuando nombra así, borra. Cada palabra despoja a la víctima de su condición de sujeto y la reduce a una variable, un número, una incidencia estadística.

Según el último informe de la Comisión Nacional de Búsqueda (2025), más del 40% de los cuerpos recuperados siguen sin ser identificados. Cada uno de ellos representa una biografía suspendida. Y cada vez que el Estado oculta un nombre, se consuma una segunda desaparición.

El Estado sin rostro

En la práctica, la justicia y la salud pública se parecen: ambas se esconden detrás de escritorios impersonales.

·       No hay responsables visibles.

·       Los expedientes rebotan entre fiscalías.

·       Los protocolos no se activan.

·       Las recetas se marcan “no surtidas”.

·       Las familias reciben excusas, no respuestas.

Y los funcionarios, amparados en el anonimato institucional, evaden la mirada.

El Estado —que debería tener rostro, palabra y voz— se ha disuelto en un sistema de responsabilidades difusas y silencios compartidos. Ya no es un gobierno ausente: es una maquinaria sin rostro, sin voz y sin vergüenza.

Rostros colgados en la plaza

Cada semana, en distintas plazas del país, madres y familiares cuelgan lonas con los rostros de sus desaparecidos.

·       Son imágenes con sonrisas, fechas, colores, historias.

·       Ninguno de ellos aparece en los boletines oficiales.

·       Ninguno tiene sentencia.

·       Ninguno ha sido reparado.

Pero allí, en esas lonas colgadas bajo el sol, vuelven a tener rostro.
Porque el amor no archiva. El Estado sí.

Y mientras la institución entierra expedientes, las madres levantan altares, siembran girasoles, pintan murales.


Transforman el dolor en presencia.

Cada fotografía colgada en una plaza es una denuncia pública contra la desmemoria oficial.

La memoria como resistencia

Frente al silencio institucional, la sociedad crea memoria. Esa es su forma de justicia.

  • Murales con nombres.
  • Bordados que narran ausencias.
  • Mapas de búsqueda elaborados por colectivos.
  • Aplicaciones móviles creadas para localizar personas.
  • Altaritos en esquinas donde cayó un periodista.

La memoria se ha vuelto un ejercicio civil de reconstrucción del país. Mientras las instituciones archivan, la sociedad recuerda. Mientras el gobierno niega, las familias documentan. Mientras los informes oficiales maquillan cifras, las buscadoras registran lo que la ley calla.

Porque el recuerdo también es una forma de resistencia. Y la ternura, en medio del horror, es un acto político.

Voces expertas y civiles

Organismos internacionales y colectivos coinciden:la revictimización y la despersonalización del discurso oficial son formas de violencia institucional.

Un informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2024) advierte que “la negación o el uso de eufemismos por parte de autoridades en contextos de violencia generalizada, constituye una forma de encubrimiento moral y político.”

Los colectivos lo han sabido desde hace años. Una madre en Jalisco lo resumió con una frase que lo dice todo:

“Mientras el Estado dice NN, yo sigo diciendo su nombre.”

Y esa diferencia define el abismo entre la burocracia y la humanidad.

Los que buscan y los que callan

En México, más de 21 mujeres buscadoras han sido asesinadas en los últimos años. Muchas de ellas sin protección, sin escoltas, sin respaldo judicial. Aun así, siguen cavando. No por obsesión, sino por amor.

Porque en este país, la búsqueda de un hijo se ha vuelto un acto de fe más que de justicia.

Mientras tanto, los periodistas que documentan estos hechos enfrentan amenazas, censura o autocensura. La impunidad los rodea, pero no los detiene.
La prensa libre se ha convertido en el archivo moral del país, el que rescata los nombres que el Estado intenta olvidar.

La palabra como restitución

Nombrar es volver a dar existencia. Por eso, escribir, denunciar o documentar son actos de resistencia. Cada reportaje, cada columna, cada testimonio tiene el poder de desenterrar verdades.

El periodismo, cuando se hace con ética y humanidad, restituye lo que la burocracia destruye: el rostro, la historia y la memoria.

Allí donde el expediente borra, la palabra rescata. Allí donde el número sustituye al nombre, la crónica devuelve la dignidad.

Cierre del capítulo

Cuando una persona desaparece, el Estado tiene dos caminos: buscarla o borrarla.

Y en México, elige con demasiada frecuencia el segundo. Pero no todo rostro se pierde. Hay madres que los pintan, periodistas que los nombran, estudiantes que los leen, comunidades que los rezan.

En cada gesto, la memoria vence al archivo.La dignidad sobrevive al folio. Y el rostro, aunque lo intente el poder, no desaparece.

Capítulo 5

La ciudadanía resistente y el grito que queda

Cuando el Estado desaparece… el pueblo recuerda

En un país donde el Estado desaparece a sus ciudadanos con balas, sellos o silencio, todavía hay quienes se niegan a callar.

Cada vez que una madre levanta una pala, que una enfermera improvisa un tratamiento, que un periodista escribe con miedo pero sin censura, que un alcalde decide no pactar con el crimen, el país vuelve a respirar.

La resistencia civil en México no es heroísmo romántico: es el último reflejo de supervivencia democrática.

Resistir no es sobrevivir… es luchar

Resistir no significa aceptar el dolor. Significa convertirlo en propósito. Cada colectivo de búsqueda, cada red de voluntarios médicos, cada medio independiente que investiga lo innombrable, representa una forma de reconstrucción nacional desde abajo.

Porque cuando el Estado deja de proteger, el pueblo empieza a cuidar.

·       Las madres buscadoras no necesitan discursos.

·       Necesitan palas, acompañamiento, respeto y seguridad.

·       Los médicos que denuncian el desabasto no piden privilegios: piden medicinas para sus pacientes y dignidad para su trabajo.

·       Y los periodistas que narran lo que el poder quiere enterrar son, en realidad, guardianes de la memoria colectiva.

Viñeta testimonial

Una madre con una cruz pintada en el rostro

No pertenece a ningún partido ni a un sindicato. No tiene abogado ni escoltas. Pero ha caminado con picos y varillas por cerros enteros. Ha exhumado huesos. Ha confrontado a militares. Ha puesto el nombre de su hijo en catorce mantas.

Cada paso suyo contradice la inercia del Estado. Su fe no está en los tribunales, sino en la tierra que remueve. Y aunque el gobierno le niegue protección, ella sigue buscando, porque buscar es su manera de vivir.

Datos que gritan

  • Más de 21 mujeres buscadoras han sido asesinadas en los últimos años.
  • En el país existen más de 1,400 colectivos de familiares de desaparecidos.
  • Miles de médicos y enfermeras trabajan sin insumos suficientes, con desabasto de hasta 70,000 recetas diarias.
  • Más de 100 alcaldes han sido asesinados entre 2017 y 2025, diez de ellos en este año.
  • La impunidad supera el 99% en casos de desaparición, asesinato o negligencia institucional.

Cada cifra es una herida. Cada herida, una denuncia viva.

Propuestas concretas desde la ciudadanía

  1. Participación obligatoria de familiares y colectivos en la creación, aplicación y evaluación de políticas públicas sobre desaparición y búsqueda.
  2. Protección efectiva para buscadoras, periodistas y defensores, con seguimiento real y recursos, no solo comunicados.
  3. Mecanismos de diálogo permanentes entre Estado y sociedad civil, con transparencia y rendición de cuentas.
  4. Presupuestos blindados para salud, justicia y derechos humanos, con auditoría social independiente.
  5. Reconocimiento legal y moral de las víctimas y de sus buscadoras como agentes de Estado moral, no como simples peticionarias.
  6. Escuelas de memoria y resiliencia, donde se enseñe a nuevas generaciones a nombrar, recordar y exigir verdad.

Buenas prácticas que abren camino

  • En el Estado de México, el Plan Integral en Materia de Desaparición se elaboró con la participación directa de familias y colectivos, convirtiéndose en un modelo replicable.
  • Algunas fiscalías locales comienzan a incorporar grupos interdisciplinarios con víctimas y académicos para revisar casos.
  • En el ámbito internacional, los Principios Rectores del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada (CED) exigen políticas participativas y transparentes, y México fue llamado a responder ante ellos.
  • En materia sanitaria, organizaciones médicas y civiles impulsan redes de abasto paralelo y bancos de medicamentos solidarios, demostrando que la sociedad puede organizar la vida incluso donde el Estado administra la muerte.

Estos ejemplos no son anécdotas. Son rutas posibles de reconstrucción nacional.

El grito que queda

·       La ciudadanía mexicana no ha sido vencida.

·       Ha sido herida, sí, pero no doblegada.

·       Por cada cuerpo que el Estado entierra en silencio, hay una madre que planta un nombre en la memoria.

·       Por cada expediente archivado, un periodista que publica.

·       Por cada hospital sin medicinas, una enfermera que improvisa.

·       Por cada autoridad asesinada, una comunidad que decide seguir gobernándose en paz.

Porque este país no lo han salvado sus gobernantes. Lo han salvado sus víctimas. Y sus buscadoras. Sus médicos honestos. Sus reporteros tercos. Sus ciudadanos que no olvidan.

Cierre del capítulo

México es un país donde el Estado desaparece, pero también donde la sociedad reaparece. Donde la memoria insiste. Donde la solidaridad se vuelve ley moral. Y donde la esperanza, pese a todo, sigue respirando.

La historia dirá que hubo un tiempo en que la ley se convirtió en fosa, pero también dirá que hubo quienes, con las manos y la palabra, abrieron la tierra para sacar la verdad.

Estado Desaparecedor, Sociedad Vigilante

Del exterminio suave al silencio con sello oficial

Esta no es una historia que empieza en las fosas. Empieza en los hospitales sin medicinas, en los archivos que no hablan, en los municipios donde los alcaldes son asesinados y el Estado responde con condolencias.

Empieza en las oficinas donde se archiva la justicia y en los despachos donde la omisión se firma como trámite.

En Matar sin Tocarlos, se denunció cómo la omisión estructural —especialmente en el sistema de salud— se convierte en una forma moderna de exterminio: matar dejando morir.

En El Mercado de lo Irrenunciable, se mostró cómo la vida humana se convierte en mercancía: cuerpos, órganos, decisiones de nacer o morir, todo puesto en venta en el rincón más oscuro del sistema.

Y ahora, en Estado Desaparecedor, el círculo se cierra: ya no basta con matar o comerciar con la vida.

Aquí, el Estado desaparece. Y después finge que no sabe.

No es omisión. Es política.

El Estado mexicano no ha sido rebasado. Ha sido colonizado desde dentro, capturado por redes de corrupción, impunidad y miedo.

Las desapariciones —forzadas, administrativas o sanitarias— no son fallas: son decisiones.

Con más de 123,000 personas desaparecidas, 72,000 cuerpos sin identificar, y 99% de impunidad, ya no se puede hablar de errores. Es una política de silencio y de simulación, que opera a través del archivo, la negación y la espera.

La ley se ha vuelto fosa. Las carpetas se archivan, los cuerpos se acumulan, los alcaldes caen, los hospitales se vacían. La justicia ya no se busca: se pospone.
La impunidad no es consecuencia: es estructura.

El juicio moral

El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU lo ha dicho con claridad:

“Existen fundamentos suficientes para sostener que la desaparición forzada se lleva a cabo de manera general o sistemática en el territorio mexicano.”

Esa frase no solo coloca a México ante el banquillo internacional. Nos coloca ante el espejo moral de nuestra historia.

El juicio no ha comenzado en La Haya, pero sí en la conciencia colectiva del país.

Ya no basta con decir “no sabíamos”. Ya lo sabemos. Ya lo sabe el mundo.

Y ahora la pregunta es inevitable: ¿seguirá el Estado archivando el dolor con sello oficial, o empezará, por fin, a buscar a su gente?

Sociedad vigilante

Frente al Estado desaparecedor, ha surgido una sociedad vigilante. Una ciudadanía que no espera justicia: la construye. Que no confía en las instituciones: las confronta. Que no olvida: nombra.

Esa sociedad está formada por madres que excavan con las manos, por periodistas que escriben contra el miedo, por médicos que sostienen la vida con lo que tienen, por alcaldes que resisten la extorsión, y por jóvenes que, aun sin garantías, siguen creyendo en la palabra justicia.

Es en ellos donde vive el verdadero Estado: en el que todavía busca, cura, enseña, protege y recuerda.

Lo que debe hacerse — y puede hacerse

  • Eliminar la espera: búsqueda inmediata y protocolos únicos en todo el país.
  • Garantizar presupuesto protegido para justicia, salud y derechos humanos, sin recortes discrecionales.
  • Crear una base nacional forense interoperable y pública, bajo supervisión civil.
  • Reconocer la omisión estructural como delito de Estado, con sanciones penales.
  • Proteger a quienes buscan, informan y curan, con programas permanentes y vigilancia internacional.
  • Educar en la memoria: que la verdad no dependa del poder, sino del pueblo.

Estas medidas no son utopías. Son el punto mínimo para reconstruir el contrato social roto.

Epílogo / Llamado final

El juicio ha comenzado. No en los tribunales todavía, sino en la mirada de quienes ya no creen en la mentira oficial.

México tiene cinco meses para responder al Comité de la ONU. Nosotros, como sociedad, tenemos una sola urgencia: no callar.

Porque mientras haya una madre que siga cavando con las manos, mientras un periodista escriba el nombre que la autoridad borró, mientras un médico improvise una cura que el sistema negó, no habrá fosa que oculte la verdad.

Apéndice Técnico

Datos, cifras y propuestas para una sociedad vigilante

 1. Panorama 2025: la magnitud del Estado desaparecedor

Desapariciones forzadas y no localizadas

  • Personas desaparecidas y no localizadas: entre 123,808 y 127,018 (CNB, marzo 2025).
  • Cuerpos sin identificar en servicios forenses: más de 72,000.
  • Municipios con al menos un caso documentado: 75% del territorio nacional.
  • Impunidad: 99% sin sentencia judicial.
  • Activación inédita del Artículo 34 de la Convención Internacional contra las Desapariciones Forzadas (ONU, marzo 2025), colocando a México bajo escrutinio internacional.

Violencia política y asesinatos de autoridades locales

  • Presidentes municipales asesinados entre 2017 y 2025: 45, con énfasis en Michoacán, Guerrero y Oaxaca.
  • En 2025, 10 alcaldes ejecutados, incluidos Carlos Manzo (Uruapan) y Lilia Gemma García (San Mateo Piñas).
  • Patrón común: represalia por resistir extorsión, denunciar crimen o ejercer autoridad autónoma.
  • Impunidad prácticamente total; ningún autor intelectual sentenciado.

Colapso sanitario y omisión estructural

  • Desabasto de medicamentos (IMSS, ISSSTE, SSA): 28,000 a 70,000 recetas no surtidas por día.
  • Cirugías pospuestas o canceladas: aumento de 36% entre 2021–2025.
  • Sobrevida infantil en oncología: descenso del 80% (2018) al 52% (2025).
  • Denuncias formales por negligencia o falta de insumos: más de 4,200 casos registrados ante CNDH.
  • Hospitales con quirófanos cerrados por fallas estructurales o falta de personal: 167 en el país.

Ataques a la prensa y defensores

  • Periodistas asesinados entre 2018 y 2025: más de 80.
  • 2025: 7 asesinatos registrados hasta octubre; ninguno con sentencia firme.
  • Desplazamientos forzados de reporteros: 200 casos en seis años.
  • Ataques digitales, espionaje y censura institucional en aumento.

2. Diagnóstico estructural

El Estado desaparecedor no se define por un golpe de Estado o un decreto autoritario, sino por la acumulación de omisiones deliberadas, la descoordinación institucional y la impunidad programada.

El poder se ejerce por saturación y abandono:

  • Archiva lo que no puede resolver.
  • Omite lo que no quiere reconocer.
  • Simula lo que no tiene voluntad de corregir.

En el sistema de justicia, la desaparición ocurre por falta de investigación.
En el sistema sanitario, por falta de atención.
Y en la vida pública, por falta de protección.

3. Propuestas estratégicas

Horizonte

Medidas clave

Responsables

Objetivo

YA

Activación inmediata de protocolos de búsqueda sin esperar 72 horas.
Garantizar medicinas oncológicas, antiepilépticas y de emergencia mediante compra internacional directa.

CNB, FGR, SSA, Secretaría de Hacienda

Frenar la pérdida de vidas por omisión directa.

AHORITA (0–6 meses)

Auditoría nacional a fiscalías, hospitales y laboratorios con participación ciudadana.
Publicación mensual de cifras verificadas de desapariciones, homicidios y desabasto.

ASF, INAI, sociedad civil organizada

Transparentar y depurar el sistema institucional.

LUEGO (6–18 meses)

Creación de Base Nacional Forense Interoperable con datos genéticos abiertos a familiares y observadores internacionales.
Establecimiento del Registro Nacional de Víctimas por Omisión Sanitaria.

SEGOB, CNB, SSA, ONU-DDHH

Recuperar la trazabilidad de víctimas y fortalecer el control social.

DESPUÉS (18–36 meses)

Reforma constitucional que tipifique la omisión estructural como crimen de Estado.
Creación de un Sistema Nacional de Memoria, Verdad y Justicia Restaurativa.
Fortalecimiento de la protección a periodistas y alcaldes mediante mecanismos internacionales vinculantes.

Congreso de la Unión, Poder Judicial, sociedad civil internacional

Transformar estructuralmente el marco de responsabilidad pública.

4. Indicadores de seguimiento

  • Búsqueda y justicia: número de carpetas activas con avance verificable; porcentaje de sentencias firmes.
  • Salud y vida: reducción del desabasto (<10% nacional), tasa de sobrevida infantil, mortalidad evitable.
  • Transparencia: actualización mensual pública de registros forenses y sanitarios.
  • Protección a la prensa y defensores: número de agresiones atendidas, casos judicializados.
  • Memoria y participación: número de proyectos de memoria ciudadana apoyados institucionalmente.

5. Síntesis operativa

El Estado desaparecedor se desmonta no con discursos, sino con auditorías, cifras y memoria pública.

La sociedad vigilante debe ser observadora, denunciante y coautora de la reconstrucción. La justicia no se delega: se ejerce colectivamente.

10. Referencias y Fuentes

Fuentes institucionales y oficiales

  • Comisión Nacional de Búsqueda (CNB). (2025). Informe actualizado de personas desaparecidas y no localizadas en México. Secretaría de Gobernación.
  • Secretaría de Gobernación (SEGOB). (2025). Base de datos pública del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2024). Estadísticas de criminalidad, justicia y seguridad pública. INEGI.
  • Fiscalía General de la República (FGR). (2024). Informe Anual sobre la Aplicación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas.
  • Secretaría de Salud (SSA). (2024). Informe sobre el abasto de medicamentos y el funcionamiento de hospitales del sector público en México 2021–2024.
  • Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). (2025). Reporte de gestión hospitalaria y suministro de medicamentos, 2024–2025.
  • Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). (2024). Informe Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos de las Personas Desaparecidas y sus Familiares.
  • Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC). (2025). Atlas de Riesgo y Violencia 2024–2025.
  • Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde). (2023). Evaluación del funcionamiento de las fiscalías en México.
  • Congreso de la Unión. (2017). Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas. Diario Oficial de la Federación.
  • Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). (2025). Informe sobre gasto público en salud, seguridad y derechos humanos.

Fuentes internacionales

  • Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU. (2025). Comunicación pública sobre la activación del Artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas: Caso México. Naciones Unidas.
  • Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). (2024). Informe sobre desapariciones forzadas en México y mecanismos de impunidad institucional.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). Estado global del acceso a medicamentos esenciales: México 2020–2024.
  • Corte Penal Internacional (CPI). (2023). Informe Anual del Fiscal: Aplicación del Estatuto de Roma y criterios de lesa humanidad en contextos de omisión estructural.
  • Human Rights Watch (HRW). (2025). México: Impunidad, militarización y desapariciones forzadas.
  • Amnistía Internacional. (2024). “México: Las familias que buscan solas”. Informe sobre la ausencia de políticas efectivas de búsqueda y reparación.
  • Naciones Unidas. (2023). Principios rectores del Comité sobre la Desaparición Forzada de Personas y su aplicación en América Latina.

Organizaciones civiles y observatorios nacionales

  • Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh). (2024). La impunidad como política pública: Casos paradigmáticos de desaparición forzada en México.
  • Fundar, Centro de Análisis e Investigación. (2024). El gasto en salud y la invisibilidad presupuestal del derecho a la vida.
  • IDHEAS, Litigio Estratégico en Derechos Humanos. (2025). Monitoreo nacional de desapariciones y cumplimiento de la Ley General.
  • Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes (REDODEM). (2024). Migración y desaparición en tránsito: Mapa de riesgos 2019–2024.
  • TDT Rojo. (2024). Informe sobre la situación de derechos humanos en México: desaparición forzada y militarización.
  • Nariz Roja A.C. (2025). Cifras sobre el desabasto de medicamentos oncológicos en México 2018–2025.
  • Médicos por la Verdad México. (2024). Fallas críticas en la cadena de suministro de fármacos esenciales.
  • Buscadoras de Sonora, Hasta Encontrarte Guanajuato, Colectivo Solecito de Veracruz. (2023–2025). Reportes y comunicados sobre hallazgos, seguridad y acompañamiento estatal.

Fuentes académicas y doctrinales

  • Aguilar Villanueva, L. (2020). La política pública como simulación. UNAM – Instituto de Investigaciones Sociales.
  • Calveiro, P. (2022). Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina. Siglo XXI Editores.
  • Castañeda, J. G. (2023). La muerte administrativa: omisión estatal y ética pública en América Latina. Fondo de Cultura Económica.
  • Paredes, C. (2024). La institucionalización del olvido: políticas de impunidad en México. Universidad Iberoamericana.
  • Schedler, A. (2022). La erosión de la democracia mexicana. Colegio de México.
  • Tello Díaz, C. (2023). El Estado ausente: crimen, poder y resistencia civil. Debate.
  • Valenzuela, A. (2024). La criminalidad de la omisión: análisis jurídico comparado del exterminio estructural. Universidad de Chile.
  • Wallerstein, I. (trad. 2021). Sistemas-Mundo y Estados fracasados. Siglo XXI Editores.

Fuentes hemerográficas y testimoniales (2020–2025)

  • Animal Político (2023–2025). Series de investigación sobre desapariciones, corrupción en salud y violencia institucional.
  • Proceso (2024). “La fosa de los archivos: cómo se desaparece desde el escritorio.”
  • El Universal (2024–2025). “Medicinas ausentes, muertes evitables.”
  • Reforma (2025). “ONU pone a México bajo revisión por desapariciones sistemáticas.”
  • Pie de Página (2023–2025). Cobertura de colectivos de búsqueda y defensa de derechos humanos.
  • Desinformémonos (2024). “Buscadoras que desafían al Estado desaparecedor.”
  • Noticias ONU México (2025). Comunicado oficial sobre la activación del Artículo 34.
  • Testimonios directos recabados por el autor entre 2023 y 2025, en contextos de búsqueda ciudadana, hospitales públicos y comunidades afectadas por violencia estructural.

 

11. Agradecimientos

Este texto no nació de la teoría, sino del encuentro con quienes siguen buscando, curando y resistiendo. A ellos pertenece.

A las madres y padres buscadores, que caminan con la dignidad por delante y el miedo atrás.

A las enfermeras y médicos que mantienen la vida con lo poco que les deja la burocracia.

A los periodistas que no se rinden frente a la censura ni la amenaza.

A los académicos y abogados que iluminan con conceptos lo que otros quisieran mantener en la sombra.

A los alcaldes honestos, que aún en regiones de fuego no vendieron su voz ni su conciencia.

A los colectivos civiles, que transforman el dolor en organización y la impotencia en memoria.

A quienes compartieron su testimonio —algunos con nombre, otros desde el anonimato— y confiaron en que la palabra podía rescatarlos del olvido.

          A quienes siguen creyendo que escribir es un acto de resistencia y que recordar es una forma de justicia.

Y a quienes leen, para que sepan, se indignen y actúen.

Porque la historia no se salva sola: se escribe con manos limpias y memoria despierta.

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