sábado, 1 de noviembre de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

El periodista y la gaviota: aprender a posarse sobre las reglas

Por José Rafael Moya Saavedra

En reconocimiento a la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, donde las alas se educan para volar con conciencia.

Hay una fotografía que, sin palabras, parece contener una lección de periodismo. Una gaviota está posada sobre un cartel que prohíbe a las aves hacerlo. El símbolo es simple, pero su lectura profunda: la libertad no se ejerce rompiendo las reglas, sino sabiendo cómo posarse sobre ellas sin dejar de volar.

El periodista vive, como esa gaviota, entre prohibiciones. A su alrededor hay señales que advierten: “no preguntes tanto, no publiques eso, no incomodes, no te metas ahí.”

Y sin embargo, el verdadero periodista sabe que el sentido del oficio no está en obedecer esas señales, sino en observarlas desde arriba, en interpretarlas, en discernir cuándo la prudencia protege y cuándo la cobardía disfraza su rostro de prudencia.

El equilibrio entre el deber y la conciencia

En la Escuela de Periodismo Carlos Septién García aprendimos que el periodismo no es una profesión de temerarios, sino de conscientes.

La ética no se enseña en los libros: se vive en cada decisión, en cada palabra elegida, en cada silencio que pesa.

Ser periodista no significa romper límites por impulso, sino trascenderlos con criterio y responsabilidad.

La gaviota no desafía la norma por rebeldía; simplemente ocupa el espacio que la norma no imaginó.

Eso hacemos los periodistas cuando miramos desde donde nadie mira, cuando encontramos un ángulo distinto, cuando contamos lo que el poder quisiera mantener fuera de cuadro.

El vuelo que nace de la duda

Todo periodista serio aprende a convivir con la duda. Dudar es un acto de lucidez, no de debilidad. Es la forma en que la conciencia nos obliga a verificar, a contrastar, a repensar.

En un mundo donde la información circula a la velocidad del clic, dudar se ha vuelto un acto revolucionario.

La Septién nos enseñó que el rigor no está en la cantidad de datos, sino en la calidad del discernimiento. Que el periodista auténtico es aquel que no se conforma con tener la razón, sino que busca hacer el bien a través de la verdad.

El riesgo de informar y el arte de interpretar

La inteligencia artificial puede escribir notas, pero no puede decidir qué merece ser contado ni desde qué mirada.

Esa sigue siendo tarea del periodista: interpretar, contextualizar, dotar de sentido.
Entre el algoritmo que calcula y el periodista que comprende hay una frontera ética que define el futuro del oficio. Esa frontera se llama juicio.

Y allí, sobre esa línea, debe posarse el periodista del siglo XXI: no para desafiar la norma, sino para elevar la conciencia.

Colofón. Educar el vuelo

La imagen de la gaviota sobre el cartel es también un retrato de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García: una institución que, desde hace décadas, enseña a volar sin romper las alas, a mirar sin miedo y a escribir con alma.

Porque ser periodista no consiste en violar las reglas, sino en aprender a pensar por encima de ellas. Y eso —como la gaviota sobre el límite— no es desobediencia: es inteligencia ética.

 

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