OTRA PERSPECTIVA
El periodista y la gaviota: aprender a posarse sobre las
reglas
Por José Rafael Moya Saavedra
En reconocimiento a la Escuela de Periodismo Carlos
Septién García, donde las alas se educan para volar con conciencia.
Hay una fotografía que, sin
palabras, parece contener una lección de periodismo. Una gaviota está posada
sobre un cartel que prohíbe a las aves hacerlo. El símbolo es simple, pero su
lectura profunda: la libertad no se ejerce rompiendo las reglas, sino
sabiendo cómo posarse sobre ellas sin dejar de volar.
El periodista vive, como esa
gaviota, entre prohibiciones. A su alrededor hay señales que advierten: “no
preguntes tanto, no publiques eso, no incomodes, no te metas ahí.”
Y sin embargo, el verdadero
periodista sabe que el sentido del oficio no está en obedecer esas señales,
sino en observarlas desde arriba, en interpretarlas, en discernir cuándo
la prudencia protege y cuándo la cobardía disfraza su rostro de prudencia.
El equilibrio entre el deber y la conciencia
En la Escuela de Periodismo
Carlos Septién García aprendimos que el periodismo no es una profesión
de temerarios, sino de conscientes.
La ética no se enseña en los
libros: se vive en cada decisión, en cada palabra elegida, en cada silencio que
pesa.
Ser periodista no significa
romper límites por impulso, sino trascenderlos con criterio y
responsabilidad.
La gaviota no desafía la norma
por rebeldía; simplemente ocupa el espacio que la norma no imaginó.
Eso hacemos los periodistas
cuando miramos desde donde nadie mira, cuando encontramos un ángulo distinto,
cuando contamos lo que el poder quisiera mantener fuera de cuadro.
El vuelo que nace de la duda
Todo periodista serio aprende a
convivir con la duda. Dudar es un acto de lucidez, no de debilidad. Es la forma
en que la conciencia nos obliga a verificar, a contrastar, a repensar.
En un mundo donde la información
circula a la velocidad del clic, dudar se ha vuelto un acto revolucionario.
La Septién nos
enseñó que el rigor no está en la cantidad de datos, sino en la calidad del
discernimiento. Que el periodista auténtico es aquel que no se conforma con
tener la razón, sino que busca hacer el bien a través de la verdad.
El riesgo de informar y el arte de interpretar
La inteligencia artificial puede
escribir notas, pero no puede decidir qué merece ser contado ni desde qué
mirada.
Esa sigue siendo tarea del
periodista: interpretar, contextualizar, dotar de sentido.
Entre el algoritmo que calcula y el periodista que comprende hay una frontera
ética que define el futuro del oficio. Esa frontera se llama juicio.
Y allí, sobre esa línea, debe
posarse el periodista del siglo XXI: no para desafiar la norma, sino para
elevar la conciencia.
Colofón. Educar el vuelo
La imagen de la gaviota sobre el
cartel es también un retrato de la Escuela de Periodismo Carlos Septién
García: una institución que, desde hace décadas, enseña a volar sin
romper las alas, a mirar sin miedo y a escribir con alma.
Porque ser periodista no consiste
en violar las reglas, sino en aprender a pensar por encima de ellas. Y
eso —como la gaviota sobre el límite— no es desobediencia: es inteligencia
ética.
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