viernes, 26 de septiembre de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

La guardería de toga y birrete

Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra

Bienvenidos a la nueva Suprema Corte de Justicia versión 2025, también conocida —con mucho cariño y harto sarcasmo— como la “guardería de toga y birrete”. Un espacio donde los símbolos de solemnidad se mandaron a dormir la siesta y donde el relevo generacional llegó con lonchera, uniforme colorido y la promesa de que aquí nadie se siente más que nadie… salvo el dedazo que los puso ahí.

Porque claro, la toga y el birrete eran signos de elitismo insoportable. Pobres ministros, escondidos tras capas de tela negra, incapaces de expresar su “identidad cultural”. Hoy, en esta guardería, pueden ir de guayabera, de huipil, o de traje con corbata chillona de Piolín, siempre y cuando representen al pueblo bueno. ¿Qué importa la tradición de siglos? Lo importante es que se vean cercanos, ¿no?

El problema es que, entre tanta cercanía, lo que se nos aleja es la seriedad. Una Corte sin toga ni birrete puede terminar viéndose más como una kermés de jurisprudencia que como el tribunal constitucional que debería defender a la República. Y mientras los nuevos ministros practican sus primeros pasitos de independencia con ayuda de la andadera, los casos más delicados del país se resuelven a ritmo de canción de cuna.

La metáfora de la guardería pega porque retrata justo eso: la infantilización del Poder Judicial. Con perfiles sin trayectoria judicial de alto nivel, con un discurso que confunde solemnidad con elitismo, y con una narrativa que equipara el derecho a un taller de manualidades, la Corte parece más un aula improvisada que un poder autónomo.

La toga y el birrete, con todos sus defectos, recordaban que la justicia no es un juego de mesa ni un concurso de popularidad. Quitárselos no nos hace más democráticos: nos hace más frágiles, más vulnerables al poder político. Y ya lo dijo un viejo profesor de derecho: “cuando la justicia pierde su forma, pierde también su fondo”.

Así que sí: celebremos la nueva Corte, con su estética de escuelita progresista, sus ministros recién graduados de la confianza presidencial y su “nueva cercanía con el pueblo”. Eso sí, no olvidemos mandarles su refrigerio y su siesta a las 12, porque gobernar desde la guardería también cansa.

 

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