OTRA PERSPECTIVA
La guardería de toga y birrete
Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra
Bienvenidos a la nueva Suprema
Corte de Justicia versión 2025, también conocida —con mucho cariño y harto
sarcasmo— como la “guardería de toga y birrete”. Un espacio donde los
símbolos de solemnidad se mandaron a dormir la siesta y donde el relevo
generacional llegó con lonchera, uniforme colorido y la promesa de que aquí
nadie se siente más que nadie… salvo el dedazo que los puso ahí.
Porque claro, la toga y el
birrete eran signos de elitismo insoportable. Pobres ministros, escondidos tras
capas de tela negra, incapaces de expresar su “identidad cultural”.
Hoy, en esta guardería, pueden ir de guayabera, de huipil, o de traje con
corbata chillona de Piolín, siempre y cuando representen al pueblo bueno. ¿Qué
importa la tradición de siglos? Lo importante es que se vean cercanos,
¿no?
El problema es que, entre tanta
cercanía, lo que se nos aleja es la seriedad. Una Corte sin toga ni birrete
puede terminar viéndose más como una kermés de jurisprudencia que como
el tribunal constitucional que debería defender a la República. Y mientras los
nuevos ministros practican sus primeros pasitos de independencia con ayuda de
la andadera, los casos más delicados del país se resuelven a ritmo de canción
de cuna.
La metáfora de la guardería pega
porque retrata justo eso: la infantilización del Poder Judicial.
Con perfiles sin trayectoria judicial de alto nivel, con un discurso que
confunde solemnidad con elitismo, y con una narrativa que equipara el derecho a
un taller de manualidades, la Corte parece más un aula improvisada que un poder
autónomo.
La toga y el birrete, con todos
sus defectos, recordaban que la justicia no es un juego de mesa ni un concurso
de popularidad. Quitárselos no nos hace más democráticos: nos hace más
frágiles, más vulnerables al poder político. Y ya lo dijo un viejo profesor de
derecho: “cuando la justicia pierde su forma, pierde también su fondo”.
Así que sí: celebremos la nueva
Corte, con su estética de escuelita progresista, sus ministros recién graduados
de la confianza presidencial y su “nueva cercanía con el pueblo”.
Eso sí, no olvidemos mandarles su refrigerio y su siesta a las 12, porque
gobernar desde la guardería también cansa.
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