OTRA
PERSPECTIVA
La crisis
también se gestiona: ISO 31000, empresas y el rostro mexicano del riesgo
Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión Integral de Riesgos)
En
México, la palabra “riesgo” suele reservarse para tragedias consumadas.
No se nombra hasta que el agua arrasa casas, los sismos sacuden estructuras o
la violencia toca a la puerta. Pero el riesgo, bien entendido, no es el
desastre: es todo aquello que, si no se anticipa, puede costar vidas,
empleos, reputación, estabilidad, futuro.
Por
eso, hoy más que nunca, la Gestión Integral de Riesgos (GIR) no debe ser
exclusiva del gobierno ni de los cuerpos de protección civil. Debe entrar en
la agenda empresarial, educativa, comunitaria y política. Y para lograrlo,
necesitamos herramientas que permitan pasar del diagnóstico al método, del
compromiso al protocolo. Una de ellas, vigente y poderosa, es la norma
internacional ISO 31000:2018.
¿Qué es la
ISO 31000 y por qué importa ahora?
La
ISO 31000 es una norma que establece principios, directrices y procesos para
gestionar riesgos de manera estructurada. Nació en un mundo empresarial global,
pero encuentra en México un terreno fértil y urgente, porque aquí el
riesgo no es teórico: es estructural, cotidiano y transversal.
Frente
a un país con incertidumbre política, inseguridad creciente, fragilidad
económica, impactos del cambio climático y rezagos en salud o infraestructura,
la ISO 31000 ofrece un marco para actuar antes, no después.
Pero
no basta con aplicar la norma como un “checklist” corporativo. Se
necesita conectarla con el alma de la Gestión Integral de Riesgos: su dimensión
ética, social, territorial y participativa.
COPARMEX,
CONCANACO y el riesgo de no mirar el riesgo
¿Qué pasaría
si las cámaras empresariales mexicanas —como COPARMEX o CONCANACO
SERVYTUR— convirtieran la gestión de riesgos en una bandera, no solo de
cumplimiento legal, sino de responsabilidad ética?
- Podrían exigir planes de
continuidad operativa en todos los giros.
- Promoverían evaluaciones de
vulnerabilidad urbana y comercial.
- Ofrecerían capacitación en GIR
para pequeñas y medianas empresas que hoy operan en zonas de riesgo.
- Exigirían a gobiernos locales transparencia
en el mapeo de amenazas.
- Se convertirían en aliadas de la
protección civil, no solo en la respuesta, sino en la prevención.
El
sector privado tiene el músculo. Solo falta que asuma también el rostro
humano del riesgo.
Riesgo con
rostro, gestión con propósito
La
ISO 31000 nos recuerda que gestionar riesgos no es evitar todo peligro, sino
decidir conscientemente qué riesgos asumir, reducir o eliminar.
La
GIR, por su parte, nos obliga a recordar que detrás de cada riesgo hay un
contexto social: personas que viven en las laderas, estudiantes en escuelas
sin protección, comunidades sin seguro, negocios sin respaldo.
Hoy,
más que nunca, el llamado es claro: tecnificar sin deshumanizar, planear sin
burocratizar, normar sin olvidar.
Epílogo
·
No
basta con tener protocolos si no están vivos.
·
No
basta con capacitar si no se sensibiliza.
·
No
basta con anticipar si no se actúa.
En este México frágil, polarizado y aún
herido, gestionar riesgos no es un lujo ni una moda: es una responsabilidad
moral.
Y si la empresa mexicana quiere ser
parte del futuro, tendrá que asumir —también—el reto de construir resiliencia.
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