jueves, 7 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Distopías Mexicanas IX: El Futuro Robado

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

“Los jóvenes no han dejado de soñar. El problema es que cada vez sueñan con irse.”

En México, miles de jóvenes cruzan fronteras, abandonan sus tierras o se diluyen en economías precarias e informales. Algunos se aferran al estudio. Otros, al silencio. Otros, al crimen.
Lo que une a todos: la sensación de que el país no tiene lugar para ellos.
En esta distopía, el futuro ya no es esperanza.
Es migración. O renuncia. O riesgo.

 

Radiografía del desencanto

Emigración forzada

Más de 700,000 jóvenes mexicanos emigraron entre 2020 y 2025, según datos de CONAPO y la OIM. Las razones son reiterativas: inseguridad, desempleo, violencia y ausencia de expectativas. Más de 262,000 personas han migrado internamente en los últimos años sólo por violencia o amenaza directa, especialmente en estados del sureste y zonas rurales.

Falta de oportunidades reales

De los 31 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, más de la mitad está excluida de un empleo digno. El 44% trabaja en la informalidad y otro gran segmento labora en condiciones precarias o sin crecimiento. Programas de primer empleo como “Jóvenes Construyendo el Futuro” han tenido efectos limitados y a menudo transitorios.
Las universidades públicas producen egresados sin campo de acción, mientras el país mantiene un modelo económico que no articula empleabilidad con formación.

Narco-reclutamiento: El patrón alternativo

En comunidades abandonadas, el narco no es sólo una amenaza: es patrón, juez y proveedor. Ofrece salario, respeto y sentido de pertenencia. La falta de Estado deja vacíos que el crimen organizado llena con eficacia logística y narrativa. Redes sociales, videojuegos, intimidación y hasta “seducción social” se utilizan para atraer jóvenes.

“Si no te vas al norte, te vas con ellos. Porque aquí no hay de otra.” — Testimonio anónimo, Oaxaca

 

II.  Educar para el exilio

             La paradoja mexicana es brutal: el país invierte en educación, pero no genera condiciones para que esa formación se traduzca en arraigo. Así, la educación pública se convierte —en el mejor de los casos— en un pasaporte para irse.

Y en el peor, en una promesa que se rompe en el primer empleo, en la primera extorsión o en la primera migración emocional.

Ya no se pregunta “¿qué quieres ser de grande?”, sino “¿vas a poder quedarte aquí?”

 

III. Voces que narran la distopía generacional

          La literatura mexicana contemporánea ha dejado de soñar futuros utópicos. En cambio, ha retratado con crudeza un presente sin horizonte para las nuevas generaciones.

Valeria Luiselli – Los niños perdidos

Ensayo-crónica que da voz a los menores migrantes de México y Centroamérica. “¿Cómo se defiende un futuro cuando ni siquiera se sabe si uno llegará a él?”, escribe. Luiselli describe a una generación sin papeles, sin patria y sin voz: niñas y niños para quienes soñar es un acto subversivo.

Fernanda Melchor – Temporada de huracanes

Retrato brutal de adolescencias marcadas por la violencia y el abandono. No hay héroes. No hay ilusiones. Sólo sobrevivientes.
          Una novela donde la juventud se encuentra atrapada entre la rabia, el narco y el desencanto.

Antonio Ortuño – México S.A. y El rastro

Jóvenes obligados a migrar o a vivir en la economía clandestina. Protagonistas que trabajan en maquilas, huyen por la frontera o caen en redes criminales, atrapados entre la necesidad y la falta de alternativas.

Guadalupe Nettel – El matrimonio de los peces rojos

A través de relatos breves, retrata la sensación de un porvenir cancelado, la insatisfacción vital, y la migración emocional como una forma de huida silenciosa.

Cuauhtémoc Ruiz – La corta vida de los sueños largos

Un cuento que narra la angustia de los jóvenes rurales divididos entre quedarse, irse o rendirse. Describe la lenta disolución del tejido comunitario en la frontera norte del país.

Benito Taibo – Persona normal

Aunque más optimista, retrata con sensibilidad la ansiedad de crecer en un país donde los ideales juveniles se enfrentan a un contexto que los niega.

 

IV.  Ensayo, crónica y análisis: el mosaico de la desesperanza

         Autores como Tere Vale, Brenda Navarro y Jazmina Barrera han abordado la vida de los llamados ninis desmontando el estigma y visibilizando las condiciones estructurales que llevan a la desesperanza juvenil.

          Revistas como Letras Libres, Nexos o Gatopardo han publicado crónicas e investigaciones que revelan las múltiples capas de exclusión que viven los jóvenes mexicanos: desde el abandono escolar hasta el reclutamiento criminal o la migración emocional.

 

V.  El futuro como exilio interior

          No todos se van físicamente. Muchos emigran por dentro: se repliegan, se desconectan, se resignan. Desaparecen de la política, del empleo formal, del proyecto colectivo.
En silencio, renuncian al país.
México educa… pero también expulsa.

“No hay futuro para quien debe sobrevivir el presente a balazos.” — Crónica urbana, Saltillo

 

Epílogo: ¿Cómo sueñan el futuro los que ya no creen en él?

          Una sociedad que no ofrece futuro a sus jóvenes es una sociedad que envejece sin esperanza ni dignidad. La verdadera distopía no es la violencia por sí sola. Es la anulación de la esperanza, el mensaje tácito —pero repetido— de que “no hay lugar para ti aquí”.

          Los autores citados nos dan una pista: quienes ya no creen en el futuro sueñan en pequeño, sueñan con irse, o sueñan por dentro. Algunos reinventan el sentido en la comunidad, en el arte, en el trabajo informal, en la amistad…

           Soñar en México se ha convertido, en muchas narrativas, en un acto de resistencia        íntima y colectiva.

Resistir esta distopía comienza por escuchar, incluir y construir futuro aquí —no en slogans, sino en políticas reales, en arraigo, en justicia.

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