OTRA PERSPECTIVA
Distopías Mexicanas IX: El Futuro Robado
Opinion de José Rafael Moya Saavedra
“Los
jóvenes no han dejado de soñar. El problema es que cada vez sueñan con irse.”
En México, miles de jóvenes
cruzan fronteras, abandonan sus tierras o se diluyen en economías precarias e
informales. Algunos se aferran al estudio. Otros, al silencio. Otros, al
crimen.
Lo que une a todos: la sensación de que el país no tiene lugar para ellos.
En esta distopía, el futuro ya no es esperanza.
Es migración. O renuncia. O riesgo.
Radiografía del desencanto
Emigración forzada
Más de 700,000 jóvenes
mexicanos emigraron entre 2020 y 2025, según datos de CONAPO y la OIM. Las
razones son reiterativas: inseguridad, desempleo, violencia y ausencia de
expectativas. Más de 262,000 personas han migrado internamente en los últimos
años sólo por violencia o amenaza directa, especialmente en estados del sureste
y zonas rurales.
Falta de oportunidades reales
De los 31 millones de jóvenes
entre 15 y 29 años, más de la mitad está excluida de un empleo digno. El 44%
trabaja en la informalidad y otro gran segmento labora en condiciones precarias
o sin crecimiento. Programas de primer empleo como “Jóvenes Construyendo el
Futuro” han tenido efectos limitados y a menudo transitorios.
Las universidades públicas producen egresados sin campo de acción, mientras el
país mantiene un modelo económico que no articula empleabilidad con formación.
Narco-reclutamiento: El patrón alternativo
En comunidades abandonadas, el
narco no es sólo una amenaza: es patrón, juez y proveedor. Ofrece salario,
respeto y sentido de pertenencia. La falta de Estado deja vacíos que el crimen
organizado llena con eficacia logística y narrativa. Redes sociales, videojuegos,
intimidación y hasta “seducción social” se utilizan para atraer jóvenes.
“Si no te vas al norte, te vas con ellos.
Porque aquí no hay de otra.” — Testimonio anónimo, Oaxaca
II. Educar para el exilio
La paradoja mexicana es brutal: el país invierte en educación, pero no genera condiciones para que esa formación se traduzca en arraigo. Así, la educación pública se convierte —en el mejor de los casos— en un pasaporte para irse.
Y en el peor, en una promesa que se rompe en el primer empleo, en la primera
extorsión o en la primera migración emocional.
Ya no se pregunta “¿qué quieres ser de grande?”,
sino “¿vas a poder quedarte aquí?”
III. Voces que narran la distopía generacional
La
literatura mexicana contemporánea ha dejado de soñar futuros utópicos. En
cambio, ha retratado con crudeza un presente sin horizonte para las nuevas
generaciones.
Valeria Luiselli – Los niños perdidos
Ensayo-crónica que da voz a
los menores migrantes de México y Centroamérica. “¿Cómo se defiende un
futuro cuando ni siquiera se sabe si uno llegará a él?”, escribe. Luiselli
describe a una generación sin papeles, sin patria y sin voz: niñas y niños para
quienes soñar es un acto subversivo.
Fernanda Melchor – Temporada de huracanes
Retrato brutal de
adolescencias marcadas por la violencia y el abandono. No hay héroes. No hay
ilusiones. Sólo sobrevivientes.
Una novela donde la juventud se
encuentra atrapada entre la rabia, el narco y el desencanto.
Antonio Ortuño – México S.A. y El
rastro
Jóvenes obligados a migrar o a
vivir en la economía clandestina. Protagonistas que trabajan en maquilas, huyen
por la frontera o caen en redes criminales, atrapados entre la necesidad y la
falta de alternativas.
Guadalupe Nettel – El matrimonio de los
peces rojos
A través de relatos breves,
retrata la sensación de un porvenir cancelado, la insatisfacción vital, y la
migración emocional como una forma de huida silenciosa.
Cuauhtémoc Ruiz – La corta vida de los
sueños largos
Un cuento que narra la
angustia de los jóvenes rurales divididos entre quedarse, irse o rendirse.
Describe la lenta disolución del tejido comunitario en la frontera norte del
país.
Benito Taibo – Persona normal
Aunque más optimista, retrata
con sensibilidad la ansiedad de crecer en un país donde los ideales juveniles
se enfrentan a un contexto que los niega.
IV. Ensayo, crónica y análisis: el mosaico de la
desesperanza
Autores como Tere Vale, Brenda Navarro y Jazmina Barrera han abordado la vida de los llamados ninis desmontando el estigma y visibilizando las condiciones estructurales que llevan a la desesperanza juvenil.
Revistas
como Letras Libres, Nexos o Gatopardo han publicado
crónicas e investigaciones que revelan las múltiples capas de exclusión que
viven los jóvenes mexicanos: desde el abandono escolar hasta el reclutamiento
criminal o la migración emocional.
V. El
futuro como exilio interior
No todos se
van físicamente. Muchos emigran por dentro: se repliegan, se desconectan, se
resignan. Desaparecen de la política, del empleo formal, del proyecto
colectivo.
En silencio, renuncian al país.
México educa… pero también expulsa.
“No hay futuro para quien debe sobrevivir el
presente a balazos.” — Crónica urbana, Saltillo
Epílogo: ¿Cómo sueñan el futuro los que ya no
creen en él?
Una sociedad
que no ofrece futuro a sus jóvenes es una sociedad que envejece sin esperanza
ni dignidad. La verdadera distopía no es la violencia por sí sola. Es la
anulación de la esperanza, el mensaje tácito —pero repetido— de que “no
hay lugar para ti aquí”.
Los autores citados nos dan una pista: quienes ya no creen en el futuro sueñan en pequeño, sueñan con irse, o sueñan por dentro. Algunos reinventan el sentido en la comunidad, en el arte, en el trabajo informal, en la amistad…
Soñar en México se ha
convertido, en muchas narrativas, en un acto de resistencia íntima y colectiva.
Resistir esta distopía comienza por escuchar,
incluir y construir futuro aquí —no en slogans, sino en políticas reales, en
arraigo, en justicia.
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