miércoles, 6 de agosto de 2025

 

Otra Perspectiva

 Distopías Mexicanas VIII: La Justicia como Simulacro

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

“En México, la justicia no siempre absuelve ni castiga: administra el poder.”

En el país de la impunidad estructural, el verdadero peligro ya no es que no haya justicia… sino que haya una justicia subordinada, mediatizada, automatizada.

Una justicia que parece… pero no es. Una justicia que simula, filtra y responde más al clima político que a la ley.

 

I. Síntomas de la distopía judicial mexicana

 Alineación del poder judicial al Ejecutivo:

Los jueces ya no operan como contrapeso institucional. En muchos casos, actúan en función del ánimo presidencial, de las reformas impulsadas desde el poder o del riesgo mediático.

 Juicios en televisión, no en tribunales:

El linchamiento ya no se hace en plazas públicas. Se hace en “mañaneras”, redes sociales y noticiarios que dictan sentencia antes del juicio, influyendo incluso en la narrativa judicial.

 Lawfare mexicano:

Se usan las instituciones judiciales —fiscalías, UIF, SAT— como armas de castigo político. En vez de blindar la legalidad, se manipula el aparato penal para debilitar adversarios o legitimar decisiones de Estado.

“La justicia no se busca… se fabrica.”
— Voz anónima en un tribunal

 

II. Cuando Kafka se vuelve cotidiano

Franz Kafka imaginó una pesadilla: un ciudadano acusado sin saber por qué, atrapado en un sistema opaco e inalcanzable.

Esa ficción, El Proceso, ya no es metáfora. Es diagnóstico.

En México, hoy:

  • Se dictan prisiones preventivas sin juicio.
  • Se filtran carpetas antes de la audiencia.
  • Se mediatizan detenciones con fines políticos.
  • Se promueven reformas para automatizar o centralizar aún más los procesos.

El poder no teme al delito. Teme a quien lo denuncia.”
—Carlos Montemayor, Guerra en el Paraíso

 

III. Voces literarias que han advertido esta distopía

Lorenzo Meyer – Distopía mexicana

Retrata el aparato judicial como extensión del poder político. La ley se vuelve “decorado institucional”, mientras la justicia real se negocia o se instrumentaliza.

Carlos Montemayor – Guerra en el Paraíso

Expone cómo el poder judicial persigue al disidente más que al criminal. Los tribunales validan la represión como si fuera legalidad.

Francisco Martín Moreno – Varias novelas

Ficción y denuncia se cruzan en sus tramas, donde los jueces actúan bajo consigna, los expedientes se redactan desde el poder, y la ley es una mascarada.

Jorge Volpi – Una novela criminal (2018)

Basada en hechos reales, muestra la manipulación del proceso judicial mexicano, la presión mediática, y la fragilidad de los derechos ante un sistema que prioriza narrativa antes que pruebas.

Narradores contemporáneos en revistas como Letras Libres

En cuentos y microficciones, diversos autores retratan juicios donde los algoritmos —y no jueces humanos— dictan sentencias. El miedo ya no es al juez, sino al sistema opaco e inmodificable que simula justicia sin piedad.

 

IV. Voces del derecho y la crónica: análisis desde el presente

Miguel Carbonell (jurista y analista)

“La impunidad no es falla del sistema… es su diseño.”

Carbonell denuncia detenciones espectaculares que violan la presunción de inocencia, presiones sobre jueces y corrupción estructural. La justicia se convierte en teatro político.

Georgette Ramírez Kuri y Aníbal García Fernández

Han desarrollado investigaciones sobre lawfare: la judicialización de la política como táctica de poder, donde tribunales y fiscales se convierten en soldados del discurso gubernamental.

Centro de Ética Judicial y CNDH

Documentan los “juicios paralelos” mediáticos: sentencias dictadas en televisión o redes, que contaminan la imparcialidad y debilitan la legitimidad judicial.

 

V. Automatización y justicia digital: otro rostro del control

La implementación de inteligencia artificial y algoritmos para asistir o reemplazar decisiones judiciales abre una nueva fase distópica:

  • Sentencias automáticas sin criterio humano.
  • Sistemas que replican sesgos y exclusiones.
  • Opacidad total sobre los procesos de decisión.

La justicia digital puede parecer eficiente, pero sin ética, se convierte en una maquinaria que castiga con precisión… pero sin conciencia.

“Si no sabemos cómo se decide, tampoco sabremos cuándo se comete una injusticia.”

 

VI. Lo que está en juego: confianza, dignidad y democracia

La distopía judicial no solo destruye el Estado de derecho.
Destruye también la idea de justicia como experiencia humana.

Cuando el juez obedece, el proceso intimida, y el castigo precede a la prueba…

ya no estamos ante una democracia defectuosa.

Estamos ante un simulacro institucional.

“Ningún poder es más temido por el pueblo que aquel que puede juzgarlo… sin justicia.”
—Lorenzo Meyer

 

Epílogo: La última sentencia es social

Una justicia que no protege, que castiga por encargo o que responde al Algoritmo, no necesita verdugo: ya tiene sistema.

En tiempos donde la verdad se dicta en mañaneras, y las condenas se construyen con tuits, pensar críticamente, exigir procesos y defender la legalidad se vuelve resistencia.

La distopía judicial no empieza cuando se encarcela sin razón.

Empieza cuando ya no nos parece extraño.

 

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