Otra Perspectiva
Distopías
Mexicanas VIII: La Justicia como Simulacro
Opinion de José Rafael Moya Saavedra
“En México, la justicia no siempre absuelve ni
castiga: administra el poder.”
En el país de la impunidad
estructural, el verdadero peligro ya no es que no haya justicia… sino que haya una
justicia subordinada, mediatizada, automatizada.
Una justicia que parece… pero no es. Una justicia que simula,
filtra y responde más al clima político que a la ley.
I. Síntomas de la distopía judicial mexicana
Alineación del
poder judicial al Ejecutivo:
Los jueces ya no operan como
contrapeso institucional. En muchos casos, actúan en función del ánimo
presidencial, de las reformas impulsadas desde el poder o del riesgo mediático.
Juicios en
televisión, no en tribunales:
El linchamiento ya no se hace
en plazas públicas. Se hace en “mañaneras”, redes sociales y noticiarios que
dictan sentencia antes del juicio, influyendo incluso en la narrativa judicial.
Lawfare mexicano:
Se usan las instituciones
judiciales —fiscalías, UIF, SAT— como armas de castigo político. En vez
de blindar la legalidad, se manipula el aparato penal para debilitar
adversarios o legitimar decisiones de Estado.
“La
justicia no se busca… se fabrica.”
—
Voz anónima en un tribunal
II. Cuando Kafka se vuelve cotidiano
Franz Kafka imaginó una
pesadilla: un ciudadano acusado sin saber por qué, atrapado en un sistema opaco
e inalcanzable.
Esa ficción, El Proceso, ya no es metáfora.
Es diagnóstico.
En México, hoy:
- Se
dictan prisiones preventivas sin juicio.
- Se
filtran carpetas antes de la audiencia.
- Se
mediatizan detenciones con fines políticos.
- Se
promueven reformas para automatizar o centralizar aún más los
procesos.
“El
poder no teme al delito. Teme a quien lo denuncia.”
—Carlos Montemayor, Guerra en el Paraíso
III. Voces literarias que han advertido esta
distopía
Lorenzo Meyer – Distopía mexicana
Retrata el aparato judicial
como extensión del poder político. La ley se vuelve “decorado institucional”,
mientras la justicia real se negocia o se instrumentaliza.
Carlos Montemayor – Guerra en el Paraíso
Expone cómo el poder judicial
persigue al disidente más que al criminal. Los tribunales validan la represión
como si fuera legalidad.
Francisco Martín Moreno – Varias novelas
Ficción y denuncia se cruzan
en sus tramas, donde los jueces actúan bajo consigna, los expedientes se
redactan desde el poder, y la ley es una mascarada.
Jorge Volpi – Una novela criminal (2018)
Basada en hechos reales,
muestra la manipulación del proceso judicial mexicano, la presión mediática, y
la fragilidad de los derechos ante un sistema que prioriza narrativa antes que
pruebas.
Narradores contemporáneos en revistas como Letras
Libres
En cuentos y microficciones,
diversos autores retratan juicios donde los algoritmos —y no jueces humanos—
dictan sentencias. El miedo ya no es al juez, sino al sistema opaco e
inmodificable que simula justicia sin piedad.
IV. Voces del derecho y la crónica: análisis
desde el presente
Miguel Carbonell (jurista y analista)
“La impunidad no es falla del sistema… es su
diseño.”
Carbonell denuncia detenciones
espectaculares que violan la presunción de inocencia, presiones sobre jueces y
corrupción estructural. La justicia se convierte en teatro político.
Georgette Ramírez Kuri y Aníbal García
Fernández
Han desarrollado
investigaciones sobre lawfare: la judicialización de la política como
táctica de poder, donde tribunales y fiscales se convierten en soldados del
discurso gubernamental.
Centro de Ética Judicial y CNDH
Documentan los “juicios
paralelos” mediáticos: sentencias dictadas en televisión o redes, que
contaminan la imparcialidad y debilitan la legitimidad judicial.
V. Automatización y justicia digital: otro
rostro del control
La implementación de
inteligencia artificial y algoritmos para asistir o reemplazar decisiones
judiciales abre una nueva fase distópica:
- Sentencias
automáticas sin criterio humano.
- Sistemas
que replican sesgos y exclusiones.
- Opacidad
total sobre los procesos de decisión.
La justicia digital puede
parecer eficiente, pero sin ética, se convierte en una maquinaria que
castiga con precisión… pero sin conciencia.
“Si no
sabemos cómo se decide, tampoco sabremos cuándo se comete una injusticia.”
VI. Lo que está en juego: confianza, dignidad y
democracia
La distopía judicial no
solo destruye el Estado de derecho.
Destruye también la idea de justicia como experiencia humana.
Cuando el juez obedece, el
proceso intimida, y el castigo precede a la prueba…
ya no estamos ante una
democracia defectuosa.
Estamos ante un simulacro
institucional.
“Ningún poder es más temido por el pueblo que
aquel que puede juzgarlo… sin justicia.”
—Lorenzo
Meyer
Epílogo: La última sentencia es social
Una justicia que no protege,
que castiga por encargo o que responde al Algoritmo, no necesita verdugo: ya
tiene sistema.
En tiempos donde la verdad se
dicta en mañaneras, y las condenas se construyen con tuits, pensar
críticamente, exigir procesos y defender la legalidad se vuelve resistencia.
La distopía judicial no empieza cuando se encarcela sin
razón.
Empieza cuando ya no nos parece extraño.
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