Otra Perspectiva
Distopías Mexicanas VI: El Aula como Simulacro
Opinion de José Rafael Moya Saavedra
“No
se enseña a pensar, se enseña a repetir.
No se forma ciudadanía, se administra obediencia.”
En el México contemporáneo, el
aula ya no es únicamente un espacio de aprendizaje. Para muchos estudiantes y
docentes, se ha convertido en un simulacro pedagógico, donde la palabra
educación significa sumisión, y el pensamiento crítico es sustituido por el
cumplimiento de una narrativa oficial.
Vivimos una distopía silenciosa: la distopía educativa,
donde la escuela no forma, sino forma parte del problema.
I. Síntomas del colapso: lo que ya está pasando
1.- Planes de estudio centralizados:
Desde las reformas más
recientes, la SEP federal concentra el diseño curricular, reduciendo la
autonomía de docentes y escuelas. Esta uniformización desconoce la diversidad
regional y cultural del país.
2.- Libros
de texto con sesgo ideológico:
Varias generaciones de libros
han sido objeto de polémica por omitir hechos, distorsionar la historia y
exaltar figuras políticas en turno, reforzando una narrativa única.
3.- Abandono
del pensamiento crítico:
Según organismos como
Mexicanos Primero y el INEE, la formación docente privilegia la repetición de
contenidos sobre metodologías activas, el diálogo o el pensamiento autónomo.
4.- Reforma
silenciosa:
Cambios normativos han
degradado el papel del maestro, transformándolo en operador de un currículo
impuesto, y debilitando su papel como formador intelectual y ético.
“La educación en este país no busca liberar,
sino domesticar.”
—José Revueltas
II. Datos que lo confirman
- La
UNESCO (2023) señaló que solo 1 de cada 5 estudiantes en México
alcanza niveles adecuados de comprensión lectora y razonamiento lógico al
terminar secundaria.
- La
ENOE (2024) indicó que el 57% de los docentes se consideran
transmisores de contenidos oficiales, mientras solo 26% se asumen como
formadores de pensamiento crítico.
- Según el Plan Estratégico de la SEP 2024–2030, los principales indicadores de evaluación priorizan cobertura, control y repetición, antes que reflexión y autonomía.
III. Orwell en el pizarrón: tropicalización de 1984
En 1984, George Orwell
advertía que quien controla el pasado, controla el futuro.
En México, ese control pasa hoy por el libro de texto y el currículo:
· Reescritura
de la historia nacional para exaltar al régimen actual
· Eliminación de contenidos “incómodos” o
críticos
· Reducción de materias como filosofía, civismo
y ética
· Inclusión de eslóganes y visión única del
poder como doctrina pedagógica
“El Gran Hermano no vigila desde la pantalla:
vigila desde el libro de texto.”
—Epicuro Rojas
IV. Voces que han nombrado esta distopía:
literatura, crónica y ensayo como resistencia
José Revueltas – El Apando y ensayos
políticos
Denuncia la escuela como
extensión del sistema carcelario: domesticadora, disciplinaria, autoritaria.
“La escuela es una celda con pupitres.”
Carlos Monsiváis – Días de guardar
Critica que la escuela
mexicana no educa sino que “redacta la conciencia nacional” para
ajustarla al discurso del poder.
Eduardo Antonio Parra – La vida no vale nada
Muestra a jóvenes que
enfrentan una educación sin alma, que les entrena para agachar la cabeza, no
para imaginar un futuro.
Juan Villoro – Crónicas educativas
Describe el aula como un “teatro
de gestos sin contenido”, donde se actúa el aprendizaje, pero no se vive.
Elena Garro – La culpa es de los
tlaxcaltecas
Explora cómo el falseamiento
del pasado desde la infancia produce identidades sumisas y culpables. El
currículo como arma simbólica.
Javier Sicilia y Epicuro Rojas
Hablan de la lógica
orwelliana en la educación mexicana, donde el Estado reescribe la historia
y vigila el pensamiento a través del currículo.
V. Especialistas y analistas: la denuncia desde
la academia
Soledad Loaeza – El Colegio de México
Analiza cómo los planes de
estudio son herramientas de legitimación política. Advierte que:
“El sistema educativo produce una historia
única y conveniente, silenciando los matices, las resistencias y los
conflictos.”
La escuela, dice, más que educar, redacta el relato
nacional que conviene al Estado.
Pedro Flores Crespo – Crítico de política
educativa
Ha investigado cómo el maestro
ha sido despojado de su rol intelectual:
“El maestro ha pasado de ser un pensador con
autoridad a un ejecutor sin autonomía.”
Las reformas educativas lo han
reducido a repetidor de contenidos, inhibiendo innovación, libertad de cátedra
y compromiso crítico.
VI. ¿Educar para obedecer o para emancipar?
El problema no es que el
sistema educativo falle, sino que funciona conforme a su diseño real:
preparar obedientes, no pensadores.
La distopía educativa no es
solo la pobreza, ni siquiera la falta de infraestructura.
Es la supresión de la duda, la exclusión de la ética y la eliminación de la
libertad de preguntar.
Epílogo: Recuperar el aula, recuperar el país
Si queremos ciudadanos críticos, necesitamos aulas que
piensen. Si queremos libertad, necesitamos maestros con voz. Y si
queremos una democracia viva, debemos defender la escuela del
adoctrinamiento y la simulación.
Porque una educación sin conciencia solo garantiza que la
próxima distopía no se escriba… se obedezca.
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