lunes, 4 de agosto de 2025

 

Otra Perspectiva

Distopías Mexicanas VI: El Aula como Simulacro

Opinion de José Rafael Moya Saavedra

No se enseña a pensar, se enseña a repetir.
No se forma ciudadanía, se administra obediencia.”

En el México contemporáneo, el aula ya no es únicamente un espacio de aprendizaje. Para muchos estudiantes y docentes, se ha convertido en un simulacro pedagógico, donde la palabra educación significa sumisión, y el pensamiento crítico es sustituido por el cumplimiento de una narrativa oficial.

Vivimos una distopía silenciosa: la distopía educativa, donde la escuela no forma, sino forma parte del problema.

I. Síntomas del colapso: lo que ya está pasando

1.- Planes de estudio centralizados:

Desde las reformas más recientes, la SEP federal concentra el diseño curricular, reduciendo la autonomía de docentes y escuelas. Esta uniformización desconoce la diversidad regional y cultural del país.

2.- Libros de texto con sesgo ideológico:

Varias generaciones de libros han sido objeto de polémica por omitir hechos, distorsionar la historia y exaltar figuras políticas en turno, reforzando una narrativa única.

3.- Abandono del pensamiento crítico:

Según organismos como Mexicanos Primero y el INEE, la formación docente privilegia la repetición de contenidos sobre metodologías activas, el diálogo o el pensamiento autónomo.

4.- Reforma silenciosa:

Cambios normativos han degradado el papel del maestro, transformándolo en operador de un currículo impuesto, y debilitando su papel como formador intelectual y ético.

“La educación en este país no busca liberar, sino domesticar.”
—José Revueltas


II. Datos que lo confirman

  • La UNESCO (2023) señaló que solo 1 de cada 5 estudiantes en México alcanza niveles adecuados de comprensión lectora y razonamiento lógico al terminar secundaria.
  • La ENOE (2024) indicó que el 57% de los docentes se consideran transmisores de contenidos oficiales, mientras solo 26% se asumen como formadores de pensamiento crítico.
  • Según el Plan Estratégico de la SEP 2024–2030, los principales indicadores de evaluación priorizan cobertura, control y repetición, antes que reflexión y autonomía.


III. Orwell en el pizarrón: tropicalización de 1984

En 1984, George Orwell advertía que quien controla el pasado, controla el futuro.
En México, ese control pasa hoy por el libro de texto y el currículo:

·       Reescritura de la historia nacional para exaltar al régimen actual

·        Eliminación de contenidos “incómodos” o críticos

·        Reducción de materias como filosofía, civismo y ética

·        Inclusión de eslóganes y visión única del poder como doctrina pedagógica

“El Gran Hermano no vigila desde la pantalla: vigila desde el libro de texto.”
—Epicuro Rojas

 

IV. Voces que han nombrado esta distopía: literatura, crónica y ensayo como resistencia

José Revueltas – El Apando y ensayos políticos

Denuncia la escuela como extensión del sistema carcelario: domesticadora, disciplinaria, autoritaria.

“La escuela es una celda con pupitres.”

Carlos Monsiváis – Días de guardar

Critica que la escuela mexicana no educa sino que “redacta la conciencia nacional” para ajustarla al discurso del poder.

Eduardo Antonio Parra – La vida no vale nada

Muestra a jóvenes que enfrentan una educación sin alma, que les entrena para agachar la cabeza, no para imaginar un futuro.

Juan Villoro – Crónicas educativas

Describe el aula como un “teatro de gestos sin contenido”, donde se actúa el aprendizaje, pero no se vive.

Elena Garro – La culpa es de los tlaxcaltecas

Explora cómo el falseamiento del pasado desde la infancia produce identidades sumisas y culpables. El currículo como arma simbólica.

Javier Sicilia y Epicuro Rojas

Hablan de la lógica orwelliana en la educación mexicana, donde el Estado reescribe la historia y vigila el pensamiento a través del currículo.

 

V. Especialistas y analistas: la denuncia desde la academia

Soledad Loaeza – El Colegio de México

Analiza cómo los planes de estudio son herramientas de legitimación política. Advierte que:

El sistema educativo produce una historia única y conveniente, silenciando los matices, las resistencias y los conflictos.”

La escuela, dice, más que educar, redacta el relato nacional que conviene al Estado.

Pedro Flores Crespo – Crítico de política educativa

Ha investigado cómo el maestro ha sido despojado de su rol intelectual:

“El maestro ha pasado de ser un pensador con autoridad a un ejecutor sin autonomía.”

Las reformas educativas lo han reducido a repetidor de contenidos, inhibiendo innovación, libertad de cátedra y compromiso crítico.


VI. ¿Educar para obedecer o para emancipar?

El problema no es que el sistema educativo falle, sino que funciona conforme a su diseño real: preparar obedientes, no pensadores.

La distopía educativa no es solo la pobreza, ni siquiera la falta de infraestructura.
Es la supresión de la duda, la exclusión de la ética y la eliminación de la libertad de preguntar.

Epílogo: Recuperar el aula, recuperar el país

        Si queremos ciudadanos críticos, necesitamos aulas que piensen. Si queremos libertad, necesitamos maestros con voz. Y si queremos una democracia viva, debemos defender la escuela del adoctrinamiento y la simulación.

        Porque una educación sin conciencia solo garantiza que la próxima distopía no se escriba… se obedezca.

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