viernes, 1 de agosto de 2025

 

OTRA PERSPECTIVA

Distopías Mexicanas IV: El País del Agua Ausente

Por José Rafael Moya Saavedra

 

“No hay recurso más político hoy que el agua.”

México ya no solo se divide en ideologías o clases sociales: también se parte en su relación con el agua. Mientras el norte se agrieta bajo el sol, el sur se ahoga entre lluvias desbordadas. Y en el centro —donde late la capital del país— se racionaliza el líquido vital con una resignación que debería escandalar.

Vivimos ya en una distopía climática. Pero la estamos administrando como si fuera una sequía más.

I. Norte seco, sur inundado: país partido por el clima

Sequía extrema en el norte

Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León enfrentan una desertificación galopante. Las presas operan por debajo del 20% de su capacidad; algunas, como la Adolfo Ruiz Cortines, apenas conservan un 1%. En Chihuahua, la presa Las Lajas se mantiene al 7%. El campo, las ciudades y las familias están al borde del colapso hídrico.

Inundaciones en el sur

Tabasco, Veracruz, Chiapas y la costa del Golfo experimentan lluvias torrenciales e irregulares. Las afectaciones no solo son materiales: cultivos arrasados, pueblos aislados, enfermedades derivadas de la humedad y desplazamientos silenciosos por agua.

II. La Ciudad de México se acerca al Día Cero

En 284 colonias de 10 alcaldías de la CDMX se vive con cortes tandeados, tambos en patios y pipas como nueva forma de abastecimiento.
El sistema Cutzamala opera a niveles mínimos históricos, y expertos advierten que el Día Cero —el momento en que no habrá agua suficiente para abastecer a la ciudad— podría llegar en 2028.

¿Y qué pasa mientras tanto?

La gente se adapta. Se resigna. Se organiza. Y el gobierno administra la escasez.

III. El campo que se seca… y se rinde

Las olas de calor, las lluvias impredecibles y la degradación de los suelos reducen la producción de maíz, frijol y trigo hasta en un 10% a nivel nacional. En regiones específicas, la pérdida alcanza el 80%.

Esto no solo amenaza la seguridad alimentaria: también erosiona el tejido rural, fuerza la migración, favorece al crimen organizado… y convierte al campesino en especie en extinción.

IV. El agua como poder: ¿despojo hídrico o política pública?

Más del 49% del territorio nacional sufre algún grado de sequía. Pero no todos sufren igual.

“¿Por qué en las casas de los ricos nunca falta el agua?” es un reclamo tan común como incómodo.

Mientras comunidades rurales y barrios populares reciben menos, empresas, agroindustrias y gobiernos intercambian concesiones como si fueran favores o moneda de negociación. El agua se convierte en instrumento de poder, no en derecho humano.

V. ¿Gobiernos sostenibles… o administradores del colapso?

El Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua, el Plan Hídrico Nacional 2024–2030 y la Estrategia Climática 2050 de la CDMX son avances en papel. Pero su implementación real aún depende de la voluntad política y de frenar los intereses de élites extractivas.

Voces críticas advierten que las acciones oficiales suelen ser tardías o simbólicas, incapaces de frenar el despojo hídrico, la inequidad territorial o la expansión de modelos agrícolas y urbanos insostenibles.

VI. Ecos literarios: la sequía como advertencia, la novela como espejo

La literatura mexicana del siglo XX no se limitó a retratar regímenes autoritarios. También anticipó, con notable intuición, la crisis hídrica y ecológica que hoy enfrentamos. En estas obras, el agua simboliza más que un recurso: representa la continuidad de la vida, la dignidad colectiva y el vínculo ético con la tierra.

Homero Aridjis La leyenda de los soles (1993):

“Los ríos bajaban como hilos enfermos y los lagos eran piel cuarteada de un país que ya no soñaba.”

Un México devastado por el colapso ambiental, donde la sequía es cataclismo mítico y social.

Carlos Fuentes Cristóbal Nonato (1987):

“¿Qué clase de nación es esta, tan sedienta de orden que aceptó la corrupción como sistema hidráulico?”

Un país al borde del abismo, donde la falta de agua y la degradación institucional son parte de la misma descomposición.

Francisco Martín Moreno México Sediento (2008):

“El oro azul se volvió más valioso que el petróleo, más codiciado que el poder, más sangriento que la droga.”

Una novela que anticipa las guerras por el agua en un México donde todo se decide a partir de su control.

Marcela del Río Proceso a Faubritten (1976):

“Ya no necesitaban soldados para dominar, bastaba con cortar el suministro.”

Distopía tecnocrática donde el agua y otros recursos son herramientas de obediencia social.

Gerardo Horacio Porcayo La primera calle de la soledad (1993):

La ciudad entera era un zumbido eléctrico… y bajo él, cuerpos resecos caminando sin saber si buscaban agua o dignidad.”

Primera novela cyberpunk mexicana, donde el colapso hídrico se entrelaza con la vigilancia digital y la desesperanza.

Estas obras nos muestran que la sequía no solo agrieta la tierra… agrieta también el alma nacional. Nos advierten que la escasez de agua no es solo un desastre ecológico, sino el signo de un proyecto civilizatorio en crisis.

VII. El agua no es solo recurso: es destino

Lo que está en juego no es únicamente el acceso al agua potable. Es la forma en que México existe como comunidad política y ética.

Un país sin agua no solo será más pobre.
Será menos habitable, menos justo, menos humano.

Epílogo: ¿Y si resistir también es narrar?

La distopía climática no tiene uniforme ni villano. Tiene cálculos de omisión, discursos bienintencionados pero débiles, y una costumbre nacional de adaptarse al desastre.

Por eso escribir —como lo hicieron Fuentes, Aridjis, Martín Moreno, Porcayo— es ya una forma de resistencia.

Porque si todo puede ser escaneado, monitoreado y privatizado…
la palabra aún puede escapar.
Y aún puede sembrar.

 

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