OTRA PERSPECTIVA
Adán y el Paraíso Roto: La Barredora pasó… y él
no la vio”
Opinion de Jose Rafael Moya Saavedra
En un rincón húmedo y caluroso
del Edén llamado Tabasco, vivía un hombre justo, puro y de buen corazón: Adán
Augusto López. Gobernaba con mano firme… o al menos eso decía la publicidad.
Pero Adán tenía un don especial: ver sin mirar, oír sin escuchar y firmar
sin leer.
Mientras el Tren Maya rugía
y los terrenos cambiaban de manos más rápido que una baraja de lotería, Adán
miraba al horizonte y decía: “Todo marcha bien, la transformación avanza”.
A su lado, Hernán Bermúdez —el
comandante H, alias “El Ángel del Orden”— tejía redes de combustible
robado, protegía a “La Barredora” y hasta rentaba tierras a nombre de la
Federación. Pero Adán… no sabía nada.
🔸 Que
su secretario de Seguridad era ficha roja de Interpol: “me enteré por los
medios”
🔸 Que el huachicol
viajaba en caravanas hacia el Tren Maya: “yo no supervisaba el
combustible”
🔸 Que sus amigos
firmaban contratos por miles de millones: “yo no me meto en lo
administrativo”
🔸 Que lo mencionaban en
grabaciones de criminales: “hay muchos Adanes, ¿no?”
Los correos de la Sedena
ardían como fósforos en manos de Guacamaya, pero Adán seguía tranquilo. Porque
en el paraíso político de Morena, la serpiente no es quien tienta… sino quien filtra
correos.
Y así, mientras Javier May
denuncia, la Guardia Nacional se sacude, y la Fiscalía federal se acomoda el
saco, Adán se mantiene en lo suyo: sonriendo en mítines, alzando la mano en el
Senado, y repitiendo con inocencia bíblica:
“¿Yo? ¡Si yo solo nombré a Bermúdez porque tenía buena letra!”
Cierre
Si la justicia mexicana fuera
seria, preguntaría por qué tantas cosas ocurrieron bajo su nariz.
Pero como no lo es… Adán seguirá paseando por el edén político.
Con suerte, la próxima vez que
lo nombren en un informe de inteligencia, alguien se lo explicará con
dibujitos.

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