miércoles, 6 de mayo de 2026

 

OTRA PERSPECTIVA 

Mundial 2026: un cierto olor a podrido

El otro lado de la seguridad

Mientras México negocia con su violencia, Estados Unidos blinda el Mundial con vigilancia, control migratorio y poder militar.

Por Jose Rafael Moya Saavedra

 

En el primer texto, el Mundial apareció como una operación de seguridad.

En el segundo, como un negocio en disputa.

Este tercero muestra algo más incómodo: la seguridad también es una forma de poder.

Porque si México despliega el Plan Kukulkán para demostrar que todavía puede controlar su territorio, Estados Unidos organiza el mismo torneo desde otro lugar: no desde la necesidad de probar capacidad, sino desde la capacidad de imponer reglas.

Y esa diferencia importa.

Se suele decir que Estados Unidos es el lado "seguro" del Mundial.

Pero la pregunta correcta no es si es seguro.

Es: ¿para quién?

1. EL MITO DE LO SEGURO

Estados Unidos llega al Mundial con una ventaja evidente: capacidad estatal.

Más recursos, más tecnología, más coordinación entre agencias federales, más presupuesto y más margen de maniobra para desplegar operativos de gran escala. A diferencia de México, que necesita convencer a la FIFA de que puede blindar tres sedes bajo sospecha, Estados Unidos organiza el torneo desde una posición de fuerza institucional y simbólica.

El discurso oficial es claro: el país puede garantizar la seguridad del Mundial.
Y, en términos técnicos, probablemente tenga razón.

Solo que esa seguridad no es neutra.

Se construye sobre vigilancia intensiva, despliegue policial masivo, inversión en sistemas antidrones, monitoreo digital, ciberseguridad y coordinación directa del Departamento de Seguridad Nacional. A eso se suma un dato clave: solo en tecnología de defensa aérea y control de drones, Washington ha comprometido más de 115 millones de dólares rumbo al torneo. El Mundial será tratado, en la práctica, como un asunto de seguridad nacional.

Pero la potencia del aparato no cancela sus grietas. Responsables de seguridad y transporte han advertido retrasos presupuestales, dificultades para entrenar suficiente personal aeroportuario y complicaciones derivadas del cierre parcial de agencias federales. Es decir: la maquinaria existe, pero no opera en un vacío perfecto.

Por eso el mito de lo seguro conviene matizarlo. Estados Unidos no es un territorio libre de amenazas.

Es un país con enorme capacidad para responder a ellas... incluso cuando esa respuesta implique vigilar más, militarizar más y concentrar más poder.

2. SEGURIDAD COMO VIGILANCIA

El Mundial en Estados Unidos no se prepara solo con policías.

Se prepara con:

  • sistemas antidrones
  • Monitoreo Digital
  • Inteligencia artificial
  • ciberseguridad
  • Vigilancia Aérea
  • coordinación del Departamento de Seguridad Nacional, el FBI y agencias locales

Es un modelo donde la amenaza no es solo territorial, como en México, sino también global: terrorismo, ciberataques, sabotaje digital, actores hostiles extranjeros, disturbios internos y amenazas híbridas.

La respuesta es proporcional a esa visión del mundo: más tecnología, más control, más vigilancia.

Ahí está una diferencia crucial con México. Del lado mexicano, la gran novedad consiste en presentar tecnologías como IA, monitoreo en la dark web y sistemas antidrones como parte de un esfuerzo extraordinario —el famoso Plan Kukulkán— para demostrar capacidad ante la FIFA. Del lado estadounidense, esas herramientas no son una novedad: forman parte del ecosistema habitual de seguridad de un Estado que lleva años integrando guerra exterior, inteligencia interior y vigilancia digital bajo la misma lógica operativa.

En México, el aparato se monta para el Mundial. En Estados Unidos, el Mundial se monta sobre un aparato que ya existe.

Y esa diferencia cambia por completo el significado de la palabra seguridad.

Porque en este modelo, la seguridad deja de ser solo protección... y se convierte en supervisión permanente.

 

 3. ICE, CBP Y EL MUNDIAL QUE NO TODOS VIVEN IGUAL

Hay un elemento que cambia completamente la conversación: la participación de agencias migratorias como ICE y CBP.

En eventos recientes vinculados a FIFA, estas agencias ya han estado presentes en estadios y ciudades sede, recordando a los asistentes la necesidad de acreditar su situación migratoria. La experiencia del Mundial de Clubes 2025 fue especialmente reveladora: para el aparato federal, la presencia de ICE y CBP se presentó como parte del protocolo de seguridad; para organizaciones civiles y comunidades migrantes, fue una advertencia.

El mensaje era simple y brutal: no todos están igual de bienvenidos.

Human Rights Watch documentó un caso que lo resume con crudeza: un solicitante de asilo fue detenido y expulsado después de acudir con sus hijos a un evento ligado a FIFA. Más ampliamente, la organización reportó decenas de miles de detenciones realizadas por ICE en ciudades que serán sede del Mundial 2026. Visto así, el torneo no solo se cruza con la política migratoria: se monta dentro de ella.

Para algunos aficionados, la presencia de estas agencias puede parecer un detalle más del operativo. Para otros —personas sin documentos, migrantes con procesos abiertos, familias mixtas, comunidades latinas racializadas— el estadio deja de ser un espacio de fiesta global y se convierte en un lugar donde pueden ser observados, identificados, rastreados y eventualmente removidos.

Eso cambia por completo la pregunta sobre la seguridad.

No se trata solo de quién está protegido frente a un atentado o un disturbio. Se trata también de quién entra al dispositivo como posible amenaza.

Y ahí el Mundial estadounidense revela una verdad incómoda: la seguridad no se distribuye de forma igualitaria. Se ofrece como protección para algunos y se experimenta como control para otros.

En ese sentido, el torneo puede convertirse en una vitrina de hospitalidad para el turista internacional con papeles en regla, al mismo tiempo que funciona como una zona de riesgo para millones de personas que viven en esas ciudades bajo la sombra de ICE.

4. GUERRA AFUERA, CONTROL ADENTRO

Estados Unidos llega al Mundial en un contexto de alta tensión internacional.

Conflictos abiertos, operaciones exteriores, narrativa renovada de guerra contra amenazas globales y alertas constantes por terrorismo, sabotaje digital y seguridad de infraestructura crítica. En otras palabras: no es que el Mundial active una lógica de guerra; es que el Mundial aterriza en un país que ya vive en clave de guerra permanente.

Eso se traduce en un enfoque claro:

  • alertas de seguridad elevadas
  • refuerzo de defensa aérea
  • Protocolos Federales Extraordinarios
  • posibilidad de intervención directa en ciudades sede
  • coordinación entre seguridad interior y aparatos construidos para amenazas exteriores

El modelo es distinto al mexicano.

México enfrenta una violencia territorial, fragmentada, con actores locales y regionales que disputan plazas, rutas y mercados criminales. Estados Unidos enfrenta —o dice enfrentar— amenazas globales, y responde con concentración de poder, vigilancia digital y despliegue federal.

En ambos casos, la seguridad es central. Pero no significa lo mismo.

En México, la seguridad del Mundial se vende como prueba de que el Estado todavía puede controlar lo suficiente como para no perder sedes.
En Estados Unidos, la seguridad se da por sentada como facultad soberana: una capacidad para ordenar el territorio, la movilidad y los cuerpos que lo transitan.

Por eso, mientras México hace diplomacia de seguridad, Estados Unidos ejerce seguridad como hegemonía.

 5. DOS MODELOS, UN MISMO TORNEO

El Mundial 2026 no se jugará en un solo país.
Se jugará en dos modelos de seguridad.

En México:

  • Violencia visible
  • necesidad de demostrar control
  • seguridad como negociación internacional
  • blindaje extraordinario para unas semanas específicas

En Estados Unidos:

  • Control estructural
  • capacidad de vigilancia extendida
  • seguridad como ejercicio cotidiano de poder
  • integración entre seguridad del evento, política migratoria y lógica de guerra permanente

La diferencia no es solo técnica.
Es política.

México intenta demostrar que todavía es capaz de producir seguridad "de vitrina" durante unas cuantas semanas, aunque esa burbuja conviva con fosas, hallazgos de restos humanos, secuestros y extorsión alrededor de las ciudades sede. Estados Unidos no necesita demostrar que puede montar la vitrina: su vitrina es el propio aparato con el que administra fronteras, amenazas globales, aeropuertos, datos y flujos humanos.

Dicho de otro modo: México negocia con su fragilidad. Estados Unidos organiza desde su capacidad de imponer.

Pero eso no vuelve más justa su seguridad. Solo la vuelve más eficaz para decidir quién pertenece, quién circula y quién queda bajo sospecha.

6. LA PREGUNTA DE FONDO

Al final, la discusión no es cuál país es más seguro.

Es qué entendemos por seguridad.

¿Ausencia de violencia visible?
¿Capacidad de control estatal?
¿Protección para todos... ¿o solo para algunos?
¿Un estadio blindado cuenta como espacio seguro si parte de su público entra con miedo a ser vigilado por agencias migratorias?

Porque un recinto puede estar perfectamente protegido frente a drones, ciberataques o disturbios... y aun así no ser un espacio igual para todos los que lo pisan.

Ahí está la gran paradoja del Mundial 2026.

En México, el riesgo consiste en que la violencia se administre para que no se vea.
En Estados Unidos, el riesgo consiste en que el orden se imponga de tal forma que ya no se discuta a quién excluye.

Por eso la pregunta decisiva no es si el torneo será seguro. La pregunta es para quién será vivible.

CIERRE

El Mundial promete ser una fiesta global.
Pero no todos la viven igual.

En un lado, la violencia se administra para que no se vea.
En el otro, el orden se impone para que no se cuestione.

Y entre ambos modelos, el torneo avanza.

Porque en el fútbol, como en la política, la seguridad no solo protege.

También clasifica.
También vigila.
También decide quién pertenece... y quién no.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

  OTRA PERSPECTIVA  Mundial 2026: un cierto olor a podrido El otro lado de la seguridad Mientras México negocia con su violencia, Estados Un...