martes, 5 de mayo de 2026

 

Mundial 2026: un cierto olor a podrido

El negocio fuera de la cancha

Lo que México pierde si le quitan partidos: dinero, empleo... y una red de economías locales que ya apostaron por el Mundial.

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El Mundial no solo se juega en la cancha.
Se juega en reservas de hotel, contratos firmados, inversiones ejecutadas... y expectativas que ya empezaron a gastarse antes de que ruede el balón.

Por eso, cuando se habla de mover partidos fuera de México, la discusión suele quedarse en la seguridad o en la imagen del país. Pero hay otra dimensión, menos visible y más concreta: el dinero.

Y ese dinero ya tiene dueño.

 1. LO QUE ESTÁ EN JUEGO

Las estimaciones más consistentes apuntan a que el Mundial de 2026 podría dejar en México entre 2,700 y 3,000 millones de dólares en derrama económica directa. Turismo, consumo, servicios, empleos temporales... y un empujón al crecimiento económico de hasta 0.1–0.14 puntos del PIB.

Se habla de:

  • hasta 100,000 empleos directos e indirectos vinculados al torneo
  • entre 500,000 y 1,000,000 de visitantes internacionales que pasarían por sedes mexicanas
  • miles de millones de pesos circulando en cuestión de semanas, sobre inversiones que ya hoy se contabilizan en presupuestos públicos y planes de negocio privados

Consultoras y despachos especializados lo han dicho con crudeza: "cancelar" o mover el Mundial en México sería económicamente inviable, porque implicaría tirar a la basura presupuestos de obra, contratos y reservas que ya se ejecutaron.

Pero el dato más importante no es cuánto se va a ganar... sino cuántas decisiones ya se tomaron esperando ese dinero.

Mover partidos no elimina toda la derrama —parte de la inversión ya está hecha—, pero sí recorta el flujo real de consumo que activa la economía local.

Y ahí es donde el impacto deja de ser abstracto.

2. LA ECONOMÍA QUE NO SALE EN LA TRANSMISIÓN

El Mundial no es solo estadios llenos.
Es una cadena.

En la Ciudad de México, no solo gana el Estadio Azteca. Ganan los hoteles de cadena en Reforma y Polanco, pero también los hostales del Centro y las rentas temporales en colonias intermedias; los restaurantes, los bares de barrio, el transporte, los guías turísticos, las agencias que organizan tours, los proveedores de sonido, montaje y limpieza. Toda una red de negocios que orbita alrededor de unos cuantos días de partido.

Desde el gobierno, Clara Brugada repite que la capital "llegará segura" al Mundial: presume reducciones acumuladas en delitos de alto impacto y un sistema de videovigilancia reforzado con decenas de miles de cámaras nuevas. El mensaje oficial es claro: la CDMX está lista para recibir a los visitantes sin sobresaltos. Pero mientras las autoridades hablan de seguridad, quienes viven del turismo y de los servicios cuentan otra historia: la de obras alrededor del estadio, reordenamientos viales y reubicaciones comerciales que ya absorbieron costos sin haber visto todavía un solo minuto de juego.

En Guadalajara, el efecto se extiende hacia corredores turísticos como Chapala y Tequila, donde se proyectan flujos extraordinarios de visitantes, tours a destilerías y ocupaciones hoteleras que duplican o triplican un fin de semana normal. Restaurantes, bares, transportistas y guías ya hicieron sus cuentas con base en esas proyecciones.

El gobernador Pablo Lemus, por su parte, viaja y concede entrevistas para garantizar que "las tres sedes de Jalisco están seguras" y que las preocupaciones por violencia son, en buena medida, "cuestiones de percepción". Presume inversiones millonarias en centros de inteligencia y operativos extendidos a Pueblos Mágicos como Tequila y Tapalpa, para que la experiencia del visitante sea impecable. La paradoja es que esa misma metrópoli carga con hallazgos de bolsas con restos humanos y fosas clandestinas a pocos kilómetros del Estadio Akron, documentados por colectivos de búsqueda y medios locales. El paisaje del Mundial convive con un subsuelo de violencia que no aparece en las postales.

En Monterrey, la lógica es similar: hoteles de negocio que apuestan por combinar turismo corporativo y futbolero; cadenas restauranteras, bares y centros comerciales alrededor del Estadio BBVA; empresas de logística y transporte que ya se preparan para picos de demanda; proveedores industriales que adecuaron estacionamientos, accesos y servicios en torno al recinto.

Mientras tanto, Samuel García instala una "mesa FIFA" de coordinación de seguridad, presume que Nuevo León vive "sus mejores cifras en 15 años" e inaugura un C5 desde el cual se monitoreará el torneo. El discurso es de control y modernidad. Al mismo tiempo, su propio gobierno admite que tendrá que concentrar fuerzas en corredores como la autopista Monterrey–Laredo, donde los robos y secuestros cometidos por falsos policías llevan años afectando a transportistas y viajeros.

Si un partido se mueve, no pierde solo la sede. Pierde toda esa red. Porque alguien ya invirtió, alguien ya contrató, alguien ya apostó.

Y en algunos casos, pierde dos veces: porque ya absorbió los costos... sin recibir los beneficios.

2,5. QUIÉN PAGA LA CUENTA SI SE VA UN PARTIDO

Cuando alguien propone "por seguridad" mover un partido a Houston, la frase suena técnica. Pero detrás hay una lista muy concreta de perdedores:

  • Gobiernos locales que destinaron miles de millones de pesos a obras de acceso, movilidad, imagen urbana y seguridad extra alrededor de los estadios.
  • Empresarios que remodelaron hoteles, ampliaron restaurantes, tomaron créditos para adecuar locales o invertir en nuevas sucursales.
  • Trabajadores contratados para la "temporada Mundial": meseros, choferes, guías, personal de limpieza, seguridad, organización de eventos.
  • Proveedores secundarios: imprentas, empresas de publicidad exterior, catering, empresas de sonido, de montaje, de renta de mobiliario, que ataron parte de su año a unas cuantas fechas del calendario.

Del otro lado de la frontera, ciudades como Houston y Dallas no se quedan cruzadas de brazos: autoridades texanas han tejido alianzas con Monterrey para "coordinar esfuerzos" rumbo al torneo, explorar paquetes turísticos compartidos y reforzar su propia infraestructura. Nadie lo dice así en público, pero la lógica es evidente: si un partido se mueve, no desaparece; se reubica en alguna ciudad que también está haciendo fila para quedarse con la derrama.

 

Mover un partido no es solo cambiar de estadio.

Es decidir quién se queda con el negocio y quién se traga los costos hundidos.

3. EL MUNDIAL COMO OPORTUNIDAD CRIMINAL

Hay otro ángulo que rara vez se aborda con claridad: el Mundial también amplía el mercado para el crimen.

No necesariamente en forma de violencia espectacular, sino en delitos más rentables y menos visibles:

  • venta de boletos falsos
  • fraudes en hospedaje y renta vacacional
  • extorsión a comercios y prestadores de servicios alrededor de sedes y fan zones
  • secuestros exprés y "virtuales"
  • trata de personas y explotación sexual
  • robos dirigidos a turistas y transporte turístico

Análisis recientes han enumerado hasta ocho "áreas de oportunidad" para el crimen organizado durante el Mundial, basados en entrevistas con especialistas en seguridad: no se trata de que el torneo invente delitos nuevos, sino de que concentra más víctimas potenciales y más efectivo en espacios y tiempos acotados.

Un investigador lo describía sin eufemismos: el Mundial es un "Black Friday" del delito de oportunidad. Más gente, más prisa, más dinero en efectivo y más margen para que los grupos que ya controlan la plaza cobren su peaje.

 

Es decir: el torneo no solo atrae visitantes... también multiplica oportunidades de negocio para estructuras criminales que ya operan en esos territorios.

El riesgo no es solo que pase algo grave.

Es que pase lo que ya pasa... pero a mayor escala.

4. ENTRE EL MIEDO Y LA REALIDAD

En ese contexto aparece una narrativa recurrente: la idea de que el Mundial podría convertirse en escenario de "revancha" del crimen organizado.

Pero conviene separar con cuidado.

Una cosa son los riesgos Probables —fraudes, extorsión, delitos de oportunidad—, ampliamente documentados en otros mundiales y en eventos masivos dentro de México.

Y otra, muy distinta, es la hipótesis de ataques espectaculares contra turistas extranjeros, pensados como mensajes políticos.

Hasta ahora, los análisis más serios muestran que los grupos criminales operan bajo lógica de negocio y control territorial, no de confrontación directa con actores internacionales que puedan detonar respuestas fuera de su alcance. Para los cárteles, un turista suele ser un cliente, una mercancía o una víctima rentable, no un objetivo estratégico; matar aficionados de forma masiva sería dispararse no en el pie, sino en la cabeza.

Eso no elimina el riesgo. Pero sí obliga a entenderlo con precisión.

Y obliga también a mirar más allá de los nombres rimbombantes: la discusión no puede quedarse solo en planes como Kukulkán o en conferencias donde se anuncian drones e inteligencia artificial. Para el comerciante, el taxista o la trabajadora migrante, la pregunta es otra: quién los protégé de los delitos que ya conocen cuando llegue una avalancha de gente que no conocen.

5. LO QUE REALMENTE SE JUEGA

Al final, la discusión sobre mover o no partidos del Mundial no es solo deportiva, ni siquiera exclusivamente política.

Es económica.

Cada partido que se mantiene en México sostiene una red de ingresos, empleos y decisiones que ya se tomaron.

Cada partido que se pierde abre un vacío que no siempre se puede recuperar: reservas canceladas, créditos que hay que pagar igual, trabajos temporales que se esfuman antes de empezar.

Y en medio, un ruido de fondo: mientras México hace cuentas y despliega su propio teatro de seguridad, Estados Unidos se prepara a su manera, con ejército, agencias federales y la presencia de policías migratorias como ICE y CBP en estadios y ciudades sede. El mismo Mundial se jugará en dos modelos de seguridad distintos: uno que quiere probar que aún controla su violencia territorial, y otro que normaliza la guerra permanente y la cacería migratoria como parte del espectáculo.

Porque el Mundial no solo deja dinero... también deja huecos cuando no ocurre como se esperaba.

CIERRE

El balón rueda noventa minutos. Pero el negocio empieza mucho antes... y puede venirse abajo mucho después.

Mover partidos no sería solo una decisión técnica. Sería alterar una economía que ya apostó por el espectáculo y redistribuir quién gana y quién pierde en la cadena.

Y en ese terreno, el Mundial también se gana —o se pierde— fuera de la cancha.

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