OTRA PERSPECTIVA
El ajolote expulsado: cuando FIFA dicta qué símbolos
puede usar México en su propia casa
Por Jose Rafael Moya Saavedra
I. El absurdo como entrada
El 26 de mayo de 2026, la FIFA
ordenó retirar un ajolote gigante de la explanada del Estadio Azteca. No porque
representara un riesgo de seguridad, ni porque obstruyera el paso, sino porque
violaba "las reglas comerciales" del Mundial 2026. La criatura de
fibra de vidrio que el gobierno de Clara Brugada había colocado como símbolo de
identidad capitalina fue catalogada oficialmente como "mascota
pirata".
El Instituto Mexicano de la
Propiedad Industrial (IMPI) confirmó la orden: el ajolote debe desaparecer
antes del inicio del torneo y será sustituido por Zayu, el jaguar oficial que
FIFA registró como una de las tres mascotas autorizadas para la Copa del Mundo.
En su propia ciudad, México no puede decidir qué símbolos exhibir.
La ironía es brutal: mientras
Clara Brugada promovía la "ajolotización" de la capital —desde
camiones del transporte público hasta campañas institucionales— FIFA ejercía un
control absoluto sobre lo que puede o no aparecer en los "perímetros de
exclusividad" alrededor de los estadios sede. El anfibio endémico en peligro
de extinción que habita los canales de Xochimilco no tiene cabida en un evento
que se celebra en su propio hábitat.
II. El verdadero negocio: 357 marcas registradas
FIFA tiene registradas 357 marcas
para la Copa Mundial 2026. Cada logo, cada símbolo, cada palabra asociada al
torneo está protegida por candados legales que convierten ciudades enteras en
zonas de exclusividad comercial. Solo espacios avalados por FIFA pueden
transmitir partidos o usar marcas oficiales; el resto enfrenta sanciones por
"uso comercial no autorizado".
Esta maquinaria de control no se
limita a mascotas. El estadio que durante décadas se llamó Azteca y que ahora
luce el nombre "Banorte" tras un contrato millonario, debe eliminar
ese cartel gigante de su fachada durante el Mundial. Durante el torneo se
llamará "Estadio Ciudad de México", nombre aséptico que borra
identidad y patrocinios locales por igual.
El mensaje es claro: durante la
Copa del Mundo, las ciudades sede no se pertenecen a sí mismas. Son escaparates
temporales donde solo la estética, los símbolos y los negocios autorizados por
FIFA tienen derecho a existir.
III. Lo que sí permite FIFA: gentrificación y despojo
Mientras el ajolote queda fuera
por "pirata", FIFA no tiene problema con otros
fenómenos que el Mundial acelera:
Desalojos sistémicos: Desde diciembre de 2025,
manifestantes denuncian un aumento "acelerado" de desplazamientos
forzados en zonas céntricas de CDMX, atribuidos directamente a la preparación
para el Mundial. Organizaciones LGBT+ documentaron una "limpieza social"
en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
Especulación inmobiliaria brutal: Las rentas en
colonias cercanas al Estadio Azteca aumentaron hasta 155%. Vecinos de Santa
Úrsula Coapa, Coyoacán y Tlalpan reportan incrementos reales que los obligan a
abandonar sus hogares. El predial subió hasta 30% en 17 colonias periféricas al
estadio.
Turistificación por Airbnb: La proliferación de
alojamientos temporales presiona a inquilinos tradicionales a irse.
Investigadores de la UNAM alertan que la llegada masiva de nómadas digitales y
el auge de plataformas de hospedaje temporal elevan exponencialmente el riesgo
de gentrificación.
Crisis hídrica agravada: Mientras se embellece el
estadio y se construyen desarrollos inmobiliarios irregulares, vecinos reportan
que la infraestructura de agua se prioriza para hoteles mientras el desabasto
persiste en hogares. "Mientras se embellece el estadio, nosotros seguimos
lidiando con la escasez de agua y el aumento desproporcionado de las
rentas", denunció un representante vecinal.
IV. El discurso oficial vs. la realidad
Clara Brugada prometió un "remozamiento
global" de la CDMX que incluye intervenciones en Garibaldi,
Xochimilco, Zona Rosa y Centro Histórico, además de 150 esculturas de
"arte verde" en 90 puntos de la ciudad. El gobierno invierte en
ciclovías, renovación del Tren Ligero y calzadas flotantes peatonales.
Lo que el discurso oficial
presenta como "dinamismo económico" y modernización,
organizaciones sociales lo denuncian como despojo sistemático. Luis Alberto
Salinas, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, advierte sobre
especulación inmobiliaria, desplazamiento poblacional y problemas ambientales
directamente causados por el Mundial.
Colectivos defensores del derecho
a la vivienda llamaron explícitamente a boicotear el Mundial 2026, advirtiendo
que el evento acelera procesos de gentrificación y despojo en la capital.
"El mundial no puede convertirse en un pretexto para el despojo",
exigen residentes que ven cómo su ciudad se transforma para beneficio de
quienes vendrán por tres semanas y se irán.
V. La paradoja del símbolo
Hay una ironía profunda en que
FIFA expulse al ajolote —especie endémica en peligro crítico de extinción que
habita únicamente en los canales de Xochimilco— mientras el Mundial acelera
procesos que amenazan precisamente ese ecosistema. El anfibio real enfrenta
extinción por contaminación, urbanización descontrolada y crisis hídrica. El
ajolote de fibra de vidrio es expulsado por no pagar derechos comerciales a una
corporación suiza.
La mascota oficial "Zayu",
el jaguar que sustituirá al ajolote representa todo menos lo local: es un
diseño corporativo producido en serie para consumo global. No importa que el
jaguar no habite naturalmente en la cuenca de México. Lo que importa es que
FIFA lo autorice.
VI. Cierre: ¿De quién es la ciudad durante el Mundial?
Cuando una organización
internacional puede determinar qué símbolos culturales puede exhibir un país en
su propio territorio, cuando las rentas se disparan 155% desplazando a
residentes de generaciones, cuando el agua escasea para familias, pero fluye
para desarrollos hoteleros, cuando vecinos son desalojados para
"embellecer" rutas turísticas, la pregunta incómoda emerge: ¿de quién
es la Ciudad de México durante el Mundial 2026?
El ajolote expulsado no es una
anécdota pintoresca sobre burocracia deportiva. Es el símbolo perfecto de un
modelo donde lo local, lo endémico y lo comunitario ceden ante la lógica
corporativa global. FIFA registró 357 marcas para controlar cada aspecto comercial
del torneo, pero no registró ninguna responsabilidad por el desplazamiento, la
especulación y el despojo que su evento cataliza.
Mientras el anfibio de fibra de
vidrio es retirado por "pirata", miles de familias son
expulsadas de sus hogares por un proceso que nadie llama así, pero que huele
exactamente igual: a despojo legal disfrazado de progreso.
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