OTRA PERSPECTIVA
Serie: Animales–Territorio–Mercado 4
¿Quién gana cuando se rescata?
Los beneficiarios finales
Por Jose Rafael Moya Saavedra
En los operativos de rescate
—animal o humano— hay una pregunta que rara vez se formula en voz alta: ¿quién
gana cuando todo termina? No quién actúa, no quién ejecuta, no quién
aparece en el boletín. Quién se beneficia, cuando el conflicto ya fue
neutralizado y el territorio quedó libre.
La respuesta casi nunca está en
el lugar del operativo. Aparece después. A distancia. En silencio.
El rescate como etapa, no como fin
El rescate no es el final del
proceso, sino una fase intermedia. Una transición entre un espacio
conflictivo y un territorio disponible. Primero se retiran los cuerpos
vulnerables; luego se estabiliza jurídicamente el predio; finalmente, el suelo
entra en otra lógica.
En el caso de los franciscanitos,
los animales fueron trasladados, dispersados y colocados bajo custodia
institucional. El predio, en cambio, quedó desocupado de vida, pero no
de valor. Su destino ya no se discute en términos de cuidado animal, sino de
escrituras, fideicomisos y proyectos.
El rescate cumple así una función
clave: despejar el terreno sin asumir el costo político de un desalojo
inmobiliario directo.
Beneficiarios que no salen en la foto
Los beneficiarios finales no
participan en el operativo ni aparecen en las conferencias. No cargan jaulas ni
colocan sellos. Esperan. Y cuando el espacio está listo, avanzan.
Fundaciones que concentran
propiedad, fideicomisos que administran activos, despachos que litigan con
paciencia, desarrolladores que proyectan a largo plazo. Ninguno necesita
intervenir en el momento del conflicto. El sistema trabaja para ellos.
En los desalojos de Roma Norte y
el Centro Histórico, el patrón es idéntico: familias expulsadas, edificios “liberados”,
procesos legales lentos para los expulsados y rápidos para la reconversión. En
Iztapalapa, la casa de un adulto mayor queda bajo custodia estatal mientras el
tiempo corre a favor del valor del inmueble, no de la vida suspendida de su
propietario.
El Estado como facilitador involuntario
El Estado no siempre actúa como
beneficiario directo, pero sí como facilitador estructural. No compra,
no vende, no desarrolla. Asegura, custodia, congela. Administra el conflicto
hasta que deja de ser visible.
La legalidad funciona aquí como
amortiguador. Protege el activo mientras dilata la restitución. Garantiza
orden, no justicia plena. El territorio queda a salvo; la vida, en pausa.
La ganancia que no se declara
La ganancia no siempre se mide en
efectivo inmediato. Se mide en tiempo ganado, en suelo reordenado, en
conflictos desactivados. Se mide en la posibilidad de convertir un espacio
incómodo en un proyecto rentable.
Cuando nadie parece ganar, alguien ya ganó.
Cuando el rescate se celebra, el negocio apenas empieza.
Cierre: la pregunta que incomoda
Por eso, frente a cada operativo
presentado como ejemplar, la pregunta no debería ser solo si se actuó conforme
a la ley o con buena intención. La pregunta real es otra:
¿Quién gana cuando se rescata?
Porque en la ciudad que se
gobierna limpiando, el rescate rara vez es el final de la historia. Es, casi
siempre, el principio de otra.
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