OTRA PERSPECTIVA
Paralelismos entre el discurso de Ana Corina Sosa y lo
que ocurre en México
Por Jose Rafael Moya Saavedra
Hoy no fue un analista, ni un
editorial, ni un informe técnico el que me hizo mirar a México con otros ojos.
Hoy fue Ana Corina Sosa,
venezolana, hija de María Corina Machado, quien, desde el estrado del Nobel
de la Paz, puso en palabras algo que muchos mexicanos intuimos, pero no siempre
nos atrevemos a decir: lo que pasó en Venezuela no es una rareza histórica; es
una advertencia.
Su relato sobre Venezuela es, en
varios puntos, un espejo anticipado de lo que podría ocurrir —o comienza a
ocurrir— en México si no reaccionamos a tiempo.
1. Democracias que se confiaron de más
Ana Corina describe cómo
Venezuela pasó de ser una de las democracias más estables de la región a una
dictadura. No fue de golpe: fue por confianza excesiva en el carisma, y
descuido en la defensa de las instituciones.
En México, también hemos tenido
una transición ejemplar y décadas de construcción institucional. Y, sin
embargo, hoy vemos:
- desprecio
público hacia organismos autónomos,
- capturada
la Corte,
- intentos
de control sobre el árbitro electoral,
- y
una narrativa que descalifica a cualquiera que no coincide con el poder.
El eco venezolano es evidente: si
una democracia no se defiende todos los días, se agota.
2. El uso político de la pobreza
Ana Corina recordó cómo el
régimen venezolano convirtió la renta petrolera en instrumento de control: la
ayuda se daba como premio a la obediencia.
En México, sin llegar a ese extremo, se normaliza:
- el
uso político de programas sociales,
- la
opacidad en sus padrones,
- la
amenaza velada de “te quitamos el apoyo” si piensas distinto.
Venezuela nos muestra el final de
ese camino: la necesidad convertida en cadena.
3. La destrucción paulatina de contrapesos
En el discurso se narra la
captura del poder judicial, la manipulación del poder electoral y la
persecución a la prensa.
En México vemos:
- descalificaciones
sistemáticas a jueces y magistrados,
- ataques
al INE y a otras autoridades electorales,
- estigmatización
constante de periodistas críticos.
La pregunta que la voz de Ana
Corina deja flotando es incómoda pero necesaria: ¿queremos esperar a que
los contrapesos sean simbólicos, o vamos a defenderlos mientras aún existen?
4. La división del país entre “pueblo” y “enemigos”
Venezuela fue desgarrada con la
lógica del enemigo interno: pobres contra ricos, pueblo contra oposición,
leales contra traidores.
En México, el lenguaje oficial lleva años hablando de:
- “pueblo
bueno” vs. “fifís”,
- “adversarios”
y “traidores”,
- medios
“vendidos” y organizaciones “simuladoras”.
Lo que Ana Corina describe desde
Venezuela es precisamente lo que la historia enseña:
cuando el poder divide, la nación se rompe por dentro.
5. El éxodo como síntoma extremo
Ella habló de millones de
venezolanos que tuvieron que irse. No como proyecto de vida, sino como huida.
México tampoco es ajeno:
- migración
por pobreza,
- migración
por violencia,
- desplazamiento
interno silencioso.
Lo que para Venezuela es tragedia
consumada, para México es una luz ámbar encendida.
6. La reconstrucción a partir de un acto cívico sencillo
Ana Corina contó cómo una
primaria ciudadana, aparentemente pequeña, reconstruyó la confianza de los
venezolanos en sí mismos.
México aún tiene:
- elecciones
competitivas,
- sociedad
civil viva,
- organizaciones,
parroquias, comunidades, universidades.
La lección es clara: si los
ciudadanos se organizan y participan con seriedad, la historia no está escrita.
Lo que Ana Corina le dice, sin nombrarlo, a México
Sin mencionar a México, Ana Corina Sosa nos habló
directamente:
- Nos
recordó que la democracia no se hereda: se cuida.
- Nos
mostró que el culto a la persona por encima de la ley siempre termina en
abuso.
- Nos
advirtió que la pobreza manejada desde el clientelismo abre la puerta a la
sumisión.
- Nos
enseñó que el exilio y la ruptura familiar son el último grito de una
nación herida.
Y, sobre todo, nos dijo algo que vale para Venezuela y para
México: “Si queremos tener democracia, debemos estar dispuestos a luchar
por la libertad.”
La niña venezolana —porque sigue
siendo joven, aunque hable con la madurez de quien ha visto demasiado— nos ha
dado a los mexicanos un espejo.
De nosotros depende usarlo como
advertencia a tiempo, y no como lamento tardío.
TELEMUNDO
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