OTRA PERSPECTIVA
Presidenta, no se haga: el país habló el 15N y usted decidió
taparse los oídos
Por José Rafael Moya Saavedra
Presidenta, llegó la hora de
decirlo sin rodeos: usted no escuchó el 15N porque no quiso escuchar.
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No porque no pudiera.
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No porque el mensaje fuera confuso.
Sino porque reconocer esas
demandas implica aceptar aquello que su gobierno ha negado desde el primer día:
que la seguridad está rota, que la justicia es un simulacro, y que el país
ya no le cree a la narrativa oficial.
Y en lugar de enfrentar ese
espejo, eligió la salida más cómoda: descalificar a quien se organiza, culpar a
quien protesta y sospechar de quien se atreve a levantar la voz.
El 15N no gritó consignas: gritó verdades que su gobierno
evita desde hace años
Miles de jóvenes, familias,
víctimas, universitarios y ciudadanos comunes salieron a las calles para
decirle algo tan obvio como incómodo: México está cansado de que el poder
haga oídos sordos mientras la violencia se come al país.
Y usted respondió con lo mismo de siempre:
- minimizar,
- señalar
“manipulación”,
- inventar
conspiraciones,
- reducir
la indignación a un hashtag.
Presidenta, eso no es gobernar. Eso
es evadir.
12 demandas, cero respuestas: el silencio también es un
abuso de poder
El pliego petitorio del 15N no es
una ocurrencia. No es un capricho adolescente. Es la radiografía de un país al
borde del colapso institucional.
Justicia.
Transparencia.
Seguridad.
Desmilitarización.
Independencia judicial.
Representación real.
Revocación ciudadana del mandato.
Blindaje contra la compra del voto.
Fortalecimiento de policías locales.
Auditorías ciudadanas independientes.
Protección a la protesta pacífica.
Combate frontal a la corrupción.
Doce exigencias con nombre,
apellido y urgencia nacional.
Y su gobierno, presidenta, ¿qué ofreció?
Nada.
Ni una mesa.
Ni un diálogo.
Ni un mecanismo.
Ni una sola acción institucional que demuestre que el 15N fue tomado en serio.
¿De verdad piensa seguir gobernando así?
¿Ignorando al país cuando no le acomoda?
Usted habla de transformación, pero gobierna con la misma
soberbia que criticó
El 15N dejó claro que las
generaciones jóvenes no temen al poder, no le deben nada y no le deben
fidelidad a nadie. Ellos no son rehenes de partidos ni de nostalgias políticas.
No marchan por banderas, marchan
por supervivencia.
Y usted, presidenta,
en lugar de ver en ellos una oportunidad, los trató como sospechosos.
En lugar de escucharlos, los descalificó.
En lugar de responder, se refugió
en la narrativa cómoda de “manipulación”.
Ese discurso no solo es falso: es
peligroso. Porque cuando un gobierno empieza a desconfiar de su propia
ciudadanía, lo que está en crisis no es el movimiento: es el Estado.
Presidenta, deje de explicarle
al país lo que usted cree que pasó. Empiece por escuchar lo que realmente pasó.
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El 15N no fue un berrinche.
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No fue un tropiezo.
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No fue una provocación.
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Fue una advertencia.
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Un ultimátum cívico.
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Un hasta aquí.
Y usted decidió pasarlo por alto.
Pero la ciudadanía no se va a
callar. No se va a replegar. No va a pedir permiso. No se lo pidió el 15N, y no
se lo va a pedir después.
Por eso, presidenta, se lo pregunto sin diplomacia y sin
guantes:
¿Hasta cuándo va a fingir que no escucha?
¿Hasta que haya otra marcha?
¿Hasta que la indignación crezca?
¿Hasta que la realidad le estalle en la cara?
¿O hasta que sea demasiado tarde para recomponer el rumbo democrático?
Porque el país ya habló.
Y si el gobierno sigue sordo, entonces
la crisis no está en las calles: está en el poder.
Tal y así como esta descrito, este ha sido un Gobierno de vivir fingiendo. Fingir primero que nada, que el pueblo de verdad importa, que primero son los pobres y primero es la libertad de expresión, y primero la justicia, y que primero es la salud, después siguen fingiendo que no ouede haber pueblo pobre y Gobierno rico, fingen como nunca que se acabaron los privilegios, fingen que no roban, que no engañan, que no abusan, que no mienten.
ResponderBorrarEl narcogobierno superó las expectativas, sí, pero de todos aquellos que sabíamos que López Obrador sería un peligro para México.
Nuestro país está muriendo en manos del crimen organizado, la industria está enferma, el cáncer de la corrupción sigue alejando a los inversionistas extranjeros, el sistema de salud, sin duda alguna superó no sólo a Dinamarca, sino a cualquier lugar del.mundo que sea reconocido por tener un pésimo servicio y atención a la salud. Nuestros niños padecen la enfermedad de la falsedad de información en sus libros de texto de educación básica y hablan de mejoras al sistema educativo con lecciones de adoctrinamiento socialista. Los niños que desafortunadamente no asisten con regularidad a la escuela porque se hallan enfermos de.leucemias y cáncer, ya no tienen siquiera esperanza de concluir la educación básica porque no cuentan.con recursos para medicamentos, quimioterapia y radioterapia que el.mejor sistema de salud del mundo desprovee. Niños más grandes, a partir de los 20 años, son arrancados de sus hogares para trabajar para el organismo más poderoso de América, iniciando su vida delincuencial en el halcones y después los capacitan mejor que en el colegio militar, a cambio de una pantalla gigante y la.promesa de.no matar a su familia
Y a pesar de la falta de tratamientos, de jornadas preventivas para cáncer en hombres y mujeres, de la falta de trabajo limpio y honrado porqie ahora quien lo hace debe pagar "derecho de piso", a pesar que empresas como Nissan ya han declinado seguir en México por todas estas mentiras que el pueblo ni tan bueno ni tan sabio cree... El desgobierno dice quienes marchamos, somos bots, que quienes fuimos a desahogar el grito de dolor que produce la indiferencia del poder supremo, fuimos contratados ya demás muy bien pagados por opositores que queremos "desestabilizar" a la sociedad cuando vivimos entre nubes de algodón y además de color rosa, porqie el azul es oposición. Claudia Sheinbaum no acepta que fuimos familias enteras a mostrar indignación, que nuestra marcha fue real, y también ordenada y pacífica. No acepta que planeó una logística de amedrentamiento y desestabilización a lo largo del recorrido. Claudia Sheinbaum eligió ir a refugiarse a la zona Macuspana a "inaugurar" otro negocio ilícito como la Chhacerloocolatería del Obradorato, por que no tuvo los ovarios de dar la cara y prefirió desestimar a distancia como solo los cobardes pueden
Agradezco profundamente tu lectura y la fuerza con la que expresas tu indignación. Lo que planteas no es menor ni exagerado: es el reflejo del hartazgo acumulado por millones de personas que han visto cómo los discursos del poder se alejan cada vez más de la realidad cotidiana.
ResponderBorrarMi ensayo busca justamente mostrar eso que señalas con tanta claridad: la narrativa oficial se ha sostenido más en el fingimiento que en los hechos, y ese divorcio entre el país que se dice desde arriba y el país que se vive desde abajo es una de las tensiones más peligrosas para cualquier democracia.
El crimen organizado ocupado espacios que le corresponden al Estado; la corrupción que no desapareció, sólo cambió de manos; el sistema de salud devastado mientras se promete “Dinamarca”; los derechos de piso que sustituyen al Estado de derecho; y la descalificación automática de toda crítica tachándola de bots o conspiración… todo eso forma parte de un clima que, lejos de ser ideológico, es profundamente humano. Porque al final, lo que está en juego son vidas, familias, niños, gente que trabaja y que quiere vivir en paz.
Tu comentario aporta algo esencial: la necesidad de escuchar el dolor social sin filtros, sin propaganda y sin etiquetas. Las marchas no fueron una simulación, fueron un grito. Desestimarlo es, precisamente, repetir la historia de gobiernos que se creen invencibles hasta que se encuentran con una realidad que no pudieron controlar.
No comparto la descalificación personal, pero sí la diagnosis estructural: estamos frente a un gobierno que privilegió el relato sobre la responsabilidad, la propaganda sobre la gestión, y la lealtad ciega sobre la verdad.
Y lo más grave es que ese fingimiento —como bien dices— tiene costos humanos.
Gracias por escribirlo con esa claridad, incluso desde la indignación. La conversación pública necesita voces que hablen desde la experiencia y no desde el guion político.