viernes, 3 de abril de 2026

 

OTRA PERSPECTIVA

Combatíamos la pobreza, no a los pobres

Por José Rafael Moya Saavedra

"Combatíamos la pobreza, no a los pobres". La frase parece un juego de palabras, pero en realidad condensa una disputa de fondo sobre qué entendemos por pobreza y, sobre todo, sobre cómo miramos a quienes la padecen. Durante décadas, buena parte de las políticas públicas se diseñaron como si la pobreza fuera un rasgo de ciertas personas y no una condición producida por decisiones económicas, arreglos institucionales y jerarquías sociales.

Se construyó así una mirada clínica sobre "los pobres": se les clasifica, se les mide, se les focaliza, se les interviene, con la misma frialdad con que se corrige una variable en una hoja de cálculo. En ese tránsito silencioso, el combate a la pobreza terminó muchas veces convertido en otra cosa: un combate contra los pobres, contra sus supuestos vicios, carencias y "malas decisiones".

Con el tiempo, empecé a leer el lenguaje de los derechos humanos y algo hizo clic. Si aceptamos que la pobreza no es solo falta de dinero, sino una violación cotidiana de derechos —a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo digno, a la participación—, entonces ya no alcanza con "ayudar" cuando hay presupuesto o voluntad política.

Vista así, la pobreza deja de ser un accidente individual y aparece como resultado de desigualdades estructurales que se reproducen en el tiempo. El problema ya no es la gente pobre, sino las reglas del juego que la empujan y la mantienen en esa posición.

Desde esa perspectiva, la frase deja de ser un eslogan amable y se vuelve un test ético y político. La pregunta ya no es solo cuánto dinero se transfiere, sino qué tan lejos se llega en desmontar las barreras que sostienen la pobreza.

De combatir a “los pobres” a combatir la pobreza

Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que muchas políticas que aprendí a admirar en los libros tenían una cara mucho menos amable en la calle. En los diagnósticos se hablaba de "pobreza multidimensional", de "exclusión", de "falta de oportunidades"; pero al momento de bajar la política al territorio, la conversación cambiaba de tono.

De pronto, las personas tenían que demostrar que eran suficientemente pobres, suficientemente vulnerables, suficientemente obedientes para recibir lo que, en teoría, era un derecho. Había que traer papeles, constancias, firmas; había que exhibir la carencia casi como si fuera un delito.

En lugar de combatir la pobreza como sistema, se desplegaban dispositivos para administrar, clasificar y corregir a los pobres.

A fuerza de repetir esos rituales, se instala una lógica perversa: pareciera que el problema no es el salario que no alcanza, la vivienda que se cae o el hospital sin medicinas, sino la familia que "no sabe ahorrar" o el joven que "no se esfuerza". Cambiamos preguntas estructurales por juicios morales.

La pobreza deja de ser una responsabilidad colectiva… y se convierte en una culpa individual.

Ese enfoque tiene consecuencias concretas. Cuando el centro está en “corregir” a las personas, proliferan mecanismos de control: transferencias condicionadas, filtros burocráticos, visitas domiciliarias, vigilancia cotidiana. El mensaje implícito es claro: te damos algo, pero a cambio te observamos.

México: un laboratorio de políticas… y de ambigüedades

La primera vez que vi de cerca un operativo de programas sociales fue en una cancha techada. Hacía calor, alguien gritaba nombres desde una lista interminable y las personas avanzaban con carpetas llenas de documentos. Mientras escuchaba promesas de que “ahora sí” se combatiría la pobreza de raíz, pensaba en la historia de la política social en México.

Cuando intento aterrizar todo esto en cifras, lo primero que encuentro es que la pobreza en México no es un fenómeno marginal: es estructural. De acuerdo con el INEGI (2024), el 29.6% de la población vive en pobreza y el 5.3% en pobreza extrema.

Pero lo que más me inquieta no es solo el tamaño del problema, sino su distribución. La pobreza tiene geografía, historia y, en muchos casos, destino heredado.

La tabla siguiente no busca saturar de datos, sino mostrar con claridad esa desigualdad territorial que ya dice mucho sobre las estructuras que sostienen la pobreza en el país.

Pobreza multidimensional en México (2024)

Indicadores nacionales

Indicador

Valor

Población en situación de pobreza

29.6% (≈ 38.5 millones)

Población en pobreza extrema

5.3% (≈ 7 millones)

Población no pobre y no vulnerable

42.30%

Estados con mayor pobreza

Entidad

% de población en pobreza

Chiapas

66.00%

Guerrero

58.10%

Oaxaca

51.60%

Veracruz

44.50%

Puebla

43.40%

Estados con menor pobreza

Entidad

% de población en pobreza

Baja California

9.90%

Baja California Sur

~13% (pobreza laboral)

Nuevo León

<20%

Coahuila

~12.4%

Colima

~15.0%

INEGI, Medición de la pobreza multidimensional 2024.

México ha sido, durante décadas, un laboratorio de políticas sociales. Pasamos de la asistencia discrecional a programas emblemáticos y luego a transferencias condicionadas que, en el papel, representaban modernización. En la práctica, muchas comunidades aprendieron que la permanencia en los programas dependía no solo de cumplir condiciones, sino de la marea política.

Lo que más me inquieta no es el cambio de siglas, sino la relación que se ha construido entre el Estado y quienes viven en pobreza. Los programas se diseñan desde arriba; en el territorio, la pregunta sigue siendo la misma: “¿a mí me toca?”

Más que derechos, predomina el lenguaje del favor.

Las raíces que no queremos tocar

Cuando miro las cifras, hay algo evidente: la mayoría de las personas pobres trabaja. No estamos frente a una población ociosa, sino frente a millones cuyos ingresos no alcanzan.

Si el mercado laboral sigue basado en salarios insuficientes e informalidad, la pobreza se reproduce por debajo de la mesa.

El segundo tema incómodo son los impuestos. Mientras el sistema fiscal siga cargando más sobre quienes menos tienen, cualquier discurso sobre combate a la pobreza queda incompleto.

El tercero es el territorio. La pobreza en México tiene código postal. Sin embargo, seguimos diseñando políticas para “hogares pobres” aislados, en lugar de transformar territorios abandonados.

Y hay un cuarto elemento que atraviesa todo: la violencia. Una violencia que convierte la pobreza en una jaula. ¿De qué sirve un apoyo si alguien lo arrebata al salir del cajero?

El problema de fondo: el poder

Cuando junto estos elementos —trabajo, impuestos, territorio, violencia— entiendo por qué tantas políticas se quedan a medio camino. Es más sencillo administrar la pobreza que transformarla.

Combatir la pobreza no es solo un asunto técnico: es una disputa de poder.

Implica redistribuir recursos, modificar reglas, tocar intereses. Implica que quienes concentran riqueza cedan parte de ella. Implica que el Estado deje de usar la pobreza como herramienta de control.

Colofón

Al final, vuelvo a la frase que lo inició todo. No la leo como descripción del presente, sino como promesa incumplida.

Si este ensayo sirve de algo, me gustaría que fuera para eso: para hacernos preguntas más incómodas la próxima vez que escuchemos “combate a la pobreza”.

Distinguir entre lo que alivia y lo que transforma. Entre lo que administra a los pobres… y lo que se atreve a disputar la pobreza.

Tal vez entonces, algún día, podamos decirlo sin matices: que de verdad combatíamos la pobreza… y no a quienes viven en ella.

Referencias

  • Acción Ciudadana Frente a la Pobreza. (2024). Ir a la raíz de la pobreza: Cinco propuestas para erradicar la pobreza en México. Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
  • Banco Mundial. (2025)México puede erradicar la pobreza con políticas adecuadas y crecimiento inclusivo.
  • Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (2017). Pobreza y derechos humanos en las Américas.
  • Comisión Nacional de los Derechos Humanos. (2017). Derechos humanos y pobreza: Políticas públicas frente a la pobreza con la perspectiva de derechos del artículo 1º constitucional.
  • Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (2013)Principios rectores sobre la extrema pobreza y los derechos humanos. Naciones Unidas.
  • Oxfam México. (2022). México justo: Políticas públicas contra la desigualdad. Oxfam México.
  • Pérez, A., y coautores. (2020). Política social y combate a la pobreza en México: Análisis de la cartilla social. Gestión y Política Pública, 29(2), 355–386.
  • Acción Ciudadana Frente a la Pobreza & CNDH. (2017). Derechos humanos y pobreza: Estudio exploratorio con enfoque de derechos humanos sobre políticas públicas frente a la pobreza en México.
  • Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2024). Medición de la pobreza multidimensional en México 2024. INEGI.

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