La
cruz y la consigna y centro desplazado: Clodovis Boff frente al CELAM
Serie: Entre la Cruz y la Consigna
–Capitulo III
Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.net
Una crítica desde dentro
La carta abierta que el fraile
Clodovis Boff dirigió al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM)
no es una diatriba más. Es la voz de un teólogo que participó en la gestación
de la Teología de la Liberación, pero que con el tiempo ha dado un giro hacia
lo que él llama un “cristocentrismo fuerte y sistemático”. Lo que
duele no es la crítica al tono social de los obispos, sino el diagnóstico: la
Iglesia latinoamericana ha perdido su centro y ha desplazado a Cristo de su
primacía absoluta.
Boff acusa al CELAM de repetir
una “cantaleta social” sin alma espiritual. Denuncia que el
mensaje final de la 40ª Asamblea General del organismo carece de hondura
mística, de palabras vivas sobre Dios, Cristo, la gracia o la escatología.
Según él, se habla más como sociólogos que como testigos de la resurrección. “Los
hijos piden pan, y ustedes les dan una piedra”, lanza, parafraseando el
Evangelio.
El CELAM, entre los clamores de la tierra y la
fidelidad al Evangelio
Del otro lado, el CELAM no se
esconde: en su declaración final afirma con firmeza su compromiso con los
pueblos, con la justicia, con la denuncia profética ante la pobreza, la
corrupción, la migración forzada y el deterioro ambiental. Habla de una Iglesia
sinodal, misericordiosa, “casa y escuela de comunión”.
Esta visión responde a un
legado eclesial que se consolidó en Medellín (1968), Puebla (1979),
Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007), y que ha buscado
aterrizar el Evangelio en la realidad de los pobres y excluidos. Para el
CELAM, no se trata de elegir entre cruz o consigna, sino de cargar la cruz
junto a los crucificados de hoy.
El dilema de fondo: ¿Evangelizar o transformar?
La tensión no es nueva. Desde
los orígenes del cristianismo, la Iglesia ha navegado entre la misión
espiritual y la acción histórica. Pero lo que Boff denuncia es un desequilibrio
actual: una Iglesia que ha dejado de anunciar con pasión a Cristo para
convertirse en una ONG con tintes piadosos. No niega la necesidad de
justicia social, pero insiste en que debe nacer de una fe viva, no sustituirla.
¿Tiene razón? ¿Puede una Iglesia que no adora
ni evangeliza con fuerza sostener por mucho tiempo su acción transformadora?
¿Puede haber auténtica liberación sin redención?
Reflexión
final: El primer amor
Hay una pregunta que nos incomoda, pero no se puede evitar:
¿Dónde está Cristo cuando hablamos de la Iglesia?
Porque sin Él, todo se vuelve eslogan.
Sin Él, la consigna se vuelve ruido.
Sin Él, la cruz se vuelve solo símbolo de sufrimiento, y no de esperanza.
El mundo necesita profetas de justicia, sí. Pero también
necesita testigos del Resucitado.
Necesita pan… y necesita sentido.
Necesita lucha… pero también consuelo.
Volver al primer amor —como escribió el Apocalipsis— no es
regresar al pasado, sino recuperar la fuente.
No se trata de restar lo social, sino de recentrar lo espiritual.
No es eliminar las causas justas, sino anclarlas en la gracia.
Hoy más que nunca, soñamos con una Iglesia que no elija
entre la cruz o la consigna…
sino que camine con ambas, pero mirando al Crucificado.
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